La Basílica Nuestra Señora de Luján es uno de los principales símbolos religiosos de la Argentina y una de las construcciones más emblemáticas del patrimonio histórico nacional.
Cada año recibe a millones de peregrinos y turistas que la visitan para admirar su imponente arquitectura, pero principalmente para venerar a la Virgen, agradecerle o encomendarle sus intenciones.
Sin embargo, pocos conocen los espacios que se esconden detrás de sus muros y en lo alto de sus torres, lugares que permanecieron vedados al público durante décadas y que, desde hace tres años, forman parte de un circuito turístico guiado.
El cronista de InfoWini participó de uno de esos recorridos, de casi dos horas de duración, una experiencia que permite descubrir una faceta poco conocida del principal santuario mariano del país.
El guía de turismo José condujo al grupo por pasarelas, galerías, escaleras y miradores, mientras relataba la historia, las curiosidades arquitectónicas y los secretos que guarda este templo, elevado a la categoría de Basílica por el Vaticano.

De noche se aprecia su estilo neogótico.
«Milagro de la Carreta».
La visita comienza con un relato histórico que ayuda a entender por qué Luján es considerada la Capital Nacional de la Fe. Según el guía, la historia se remonta a 1630, cuando la región formaba parte del antiguo Camino Real, la ruta que comunicaba el puerto de Buenos Aires con el Alto Perú. En ese contexto, una carreta transportaba dos imágenes religiosas provenientes de Brasil, una de ellas con destino a Santiago del Estero.
Según la tradición, al llegar a un paraje, la carreta quedó inexplicablemente inmovilizada. Los hombres descargaron una de las cajas y el vehículo pudo continuar su marcha. Sin embargo, al cargar nuevamente el cofre que contenía la imagen de la Inmaculada Concepción, la carreta volvía a detenerse. El hecho fue interpretado como un designio divino: la Virgen quería permanecer en ese lugar.
La imagen quedó allí, donde con el tiempo se levantó una pequeña ermita para su veneración. Años después, Ana de Matos, propietaria de una estancia en la zona, decidió trasladarla a sus tierras y construir un oratorio para resguardarla. El guía explicó que ese episodio permite comprender por qué la actual Basílica de Luján fue edificada a unos 20 kilómetros del lugar donde, según la tradición, ocurrió el denominado «Milagro de la Carreta».
A partir de aquel acontecimiento nació una devoción que atravesó casi cuatro siglos y dio origen a tres templos sucesivos, hasta llegar a la actual Basílica, convertida hoy en uno de los principales centros de peregrinación de América Latina.

Campanas traídas desde Milán.
Estilo neogótico.
Mientras el grupo avanzaba por galerías y pasarelas interiores, José fue desgranando detalles de la construcción. Contó que el edificio comenzó a levantarse a fines del siglo XIX gracias al impulso del padre Jorge María Salvaire, considerado el gran promotor del santuario. Inspirada en las grandes catedrales europeas, la obra adoptó el estilo neogótico, con dos torres que alcanzan los 106 metros de altura y dominan el paisaje de la ciudad. Aunque su aspecto remite a los templos medievales, explicó que la estructura combina ladrillo, hormigón armado y un revestimiento de piedra traída desde Entre Ríos.
A medida que se asciende aparecen los enormes vitrales franceses, las estructuras ocultas que sostienen el edificio y un entramado de escaleras y pasillos que revelan la complejidad de una construcción diseñada para desafiar el paso del tiempo.
Desde esos sectores elevados, el cronista de InfoWini pudo apreciar una perspectiva completamente diferente de la Basílica, imposible de observar desde la nave principal.

Reloj de ingeniería francesa.
Campanario.
Uno de los puntos más atractivos del recorrido es el campanario. Allí, el guía brindó detalles sobre el funcionamiento de las campanas originales, fundidas en Milán y colocadas durante la década de 1920. Las de mayor tamaño superan las tres toneladas y continúan funcionando mediante el sistema mecánico original, complementado con motores eléctricos incorporados con el paso de los años. También mostró la histórica maquinaria del reloj que, desde hace un siglo, marca las horas y acciona las campanas que todavía hoy resuenan sobre la ciudad.
Después de subir 300 escalones, se llega al tramo final del ascenso, que culmina en el Mirador 360, ubicado a unos 65 metros de altura. Desde ese balcón privilegiado, el cronista pudo contemplar una vista panorámica de Luján, del río homónimo, la Plaza Belgrano y los edificios históricos que rodean al santuario.

La plaza desde una altura de 65 metros.
Cabildo.
Mientras los visitantes disfrutaban del paisaje, otro de los guías, Sebastián, rememoró la importancia política que tuvo la ciudad desde la época colonial y recordó que frente a la Basílica se encuentra el antiguo Cabildo, escenario de acontecimientos fundamentales como el respaldo temprano a la Revolución de Mayo y la partida de las tropas criollas durante las Invasiones Inglesas. Incluso indicó que las cintas celestes y blancas entregadas a aquellos soldados en 1806 son consideradas por muchos historiadores uno de los antecedentes simbólicos de los colores que años más tarde adoptaría la bandera nacional.
«Una señal».
Uno de los relatos más impactantes del recorrido fue el de la caída de una de las cruces que coronaban las torres de la Basílica. Frente a una de las piezas originales, Sebastián recordó que el 13 de junio de 2000 una estructura de hierro de unos 1.400 kilos, ubicada a más de 100 metros de altura, se quebró y cayó sobre el atrio del templo. La cruz quedó incrustada en la esquina de una escalera del patio lateral izquierdo, con su punta enterrada casi medio metro.
«Podría haber sido una tragedia», señaló. La cruz cayó alrededor de las 23, cuando la Basílica ya estaba cerrada. De haber ocurrido apenas un par de horas antes, o durante un domingo de peregrinación, las consecuencias habrían sido muy diferentes.
Para muchos fieles se trató de un milagro; para otros, de «una señal». Sebastián lo resumió con una frase que repite durante las visitas guiadas: «Fue una manera de hacer ruido sin hacer daño, un mensaje que decía: háganme mantenimiento porque la casa se viene abajo».
Aquella caída marcó un antes y un después. En 2003 comenzó un ambicioso plan de restauración que se extendió durante dos décadas e incluyó la limpieza integral de la piedra, la reparación de las estructuras, el tratamiento de la humedad y la reconstrucción de sectores deteriorados. «Hoy, con el diario del lunes, podemos decir que fue una suerte que ocurriera, porque probablemente sin ese hecho la restauración se habría demorado mucho más», comentó el guía.
El cronista de InfoWini pudo observar de cerca la cruz original, conservada con las marcas del impacto y exhibida como parte del circuito turístico. El guía explicó que el problema no estaba en la cruz sino en su antiguo sistema de anclaje: el hierro estaba en contacto directo con la piedra calcárea, lo que permitió el ingreso de humedad y aceleró la corrosión.
Durante la restauración se colocaron dos réplicas exactas, con un moderno sistema de aislamiento que evita el contacto entre ambos materiales y garantiza una mayor durabilidad.

Cruz removida por precaución.
El Edén.
La última parada del recorrido fue el claustro, un espacio que durante siglos fue el corazón de la vida comunitaria de los monasterios. Allí, entre galerías de arcos y un jardín cuidadosamente conservado que simboliza el Edén, se exhibe la segunda cruz original de la Basílica. Fue retirada por precaución tras la caída de la primera, ya que presentaba el mismo deterioro en su estructura. «Era solo cuestión de tiempo», dijo el guía, mientras el grupo contemplaba una pieza que durante más de setenta años permaneció en lo más alto del santuario.
Con la foto grupal frente a una de las cruces originales y las últimas explicaciones de Sebastián concluyó una experiencia que permitió descubrir una Basílica diferente: no solo el mayor santuario mariano del país, sino también una obra monumental donde conviven la fe, la historia, la ingeniería y el arte.
Un recorrido que revela espacios hasta hace poco inaccesibles y que el cronista de InfoWini comparte con sus lectores para invitarlos a conocer una faceta poco difundida de uno de los sitios más icónicos de la Argentina.

La Virgen de Luján, patrona de la Argentina, custodiada por Gendarmería Nacional.
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