Las “huesoesculturas” de Bruno López llegarán al museo de Winifreda

El Centro Cultural y Cooperativo de Winifreda fue escenario de la presentación del libro “Un artesano en el camino: biografía de Bruno López”, escrito por Silvia Martín. Esta obra recupera la historia del recordado almacenero de El Guanaco y creador de las singulares “huesoesculturas”.

La actividad reunió a familiares de Bruno López, entre ellos su nieta Noemí Esther Ballester, conocida como Susi, y sus bisnietas María Angélica y María Elena Ballester, quienes aportaron documentación, fotografías y testimonios familiares para que Martín pudiera reconstruir la vida del artista inmigrante. También asistieron autoridades municipales entre ellas la intendenta Adriana García y vecinos, entre ellos primos lejanos de Bruno López.

En ese marco, la familia Ballester-López anunció su intención de donar al Museo de la Comunidad parte de las huesoesculturas que aún conserva, con el objetivo de que las obras de Bruno López permanezcan en esta localidad y sean conocidas por las nuevas generaciones.

Legados. 

La directora municipal de Cultura, Kelli García, destacó la importancia del encuentro para la comunidad. «Es un momento muy lindo, de mucha satisfacción», expresó al inicio. Seguidamente, remarcó que la familia Ballester-López está «dándonos la posibilidad de comenzar a tener el legado físico» de Bruno, al que se suma el «legado intelectual» reflejado en el libro de Silvia Martín.

Recuperar memoria.

Por su parte, el escritor y docente Omar Lobos destacó que el legado de Bruno López «se mezcla con nuestro proyecto del Sendero de Luan, este paseo histórico-cultural en torno a la laguna Luan Lauquén y, por supuesto, a los distintos Guanacos: el Nuevo y el Viejo, que son parte de ese entorno que le da vida a esa zona rural».

Para Lobos, la jornada tuvo un doble significado. Por un lado, permitió «recuperar la memoria» de una figura que había quedado «en cierto anonimato». Por otro, destacó la aparición del libro de Martín. «Cuando me envió el PDF y yo me lo leí de un tirón, me pareció un trabajo extraordinario», sostuvo.

Lobos valoró que la autora no se limitara a reconstruir la vida de López, sino que «lo insertara en un contexto histórico» marcado por «la inmigración, el poblamiento de La Pampa y las transformaciones culturales del territorio».

«Es un libro más para Winifreda, otro relato sobre nuestra historia, sobre nuestro patrimonio común», afirmó.

Familiares de Bruno López. 

El libro. 

«Hoy se cumple un gran sueño de la familia Ballester López», manifestó Martín, quien explicó que Susi Ballester tenía la intención de escribir sobre su abuelo, pero finalmente le propuso que ella realizara la investigación. A partir de entonces comenzó un trabajo que se apoyó en los testimonios de la familia y en una importante cantidad de documentación.

Silvia Martín explicó que no tuvo «el privilegio de conocer personalmente al inmigrante Bruno López, al almacenero de El Guanaco, al huesoescultor. Me hubiera gustado muchísimo hablar con cualquiera de los tres». Solo pudo acercarse a su historia a través de la lectura de las primeras revistas del museo local.

También, destacó la disposición de la familia Ballester-López, que le abrió las puertas de su casa para acceder a la documentación reunida por Susi, con recortes periodísticos y la transcripción de un manuscrito que Bruno López realizó durante un viaje en alta mar. «Esa generosidad de Susi es para destacar», subrayó la literata.

La escritora indicó que organizó el libro en tres partes. La primera, «Mucho antes de las huesoesculturas», reconstruye los primeros años de López, su nacimiento en Salvatierra, en la provincia de Álava, su llegada a la Argentina como inmigrante en 1921 y el viaje de regreso al País Vasco para visitar a su madre. En esa sección también incorporó el diario que Bruno escribió durante el viaje en barco de regreso a la Argentina.

La segunda parte se denomina «Un artesano en el camino» y está centrada en su vida en El Guanaco y en el antiguo almacén ubicado junto a la Ruta Nacional 35.

La tercera, «Adiós al Guanaco», relata los últimos años de Bruno López, cuando dejó El Guanaco y se trasladó a Winifreda, donde poco tiempo después falleció.

Noemí Ballester aporta sus recuerdos. 

Socializadores. 

Martín también destacó la importancia que tuvieron los boliches de campo en la conformación de la sociedad y la cultura pampeanas. Citó al profesor Walter Cazenave, quien señaló que estos establecimientos «estaban estratégicamente ubicados, alejados de los pueblos, y cumplían la función de abastecer de productos básicos tanto a los pobladores rurales como a los viajeros».

Además, Cazenave los definió como «agentes socializadores por excelencia», una característica que, según Martín, también tuvo el Gran Almacén El Guanaco de Bruno López. «Allí se reunieron chacareros con un enviado del Consejo Nacional de Educación para establecer las bases de la creación de una escuela, que posteriormente sería la Escuela Nº 138, actualmente en funcionamiento», recordó.

El dolor y las huesoesculturas. 

Durante su exposición, Martín volvió sobre el momento en que López comenzó a desarrollar su particular producción artística. «En 1941 Bruno López perdió a Manuela, su compañera de vida, y comenzó a recoger huesos de animales que encontraba en el campo para transformarlos en esculturas. Yo creo que cargaba con otras pérdidas y despedidas: haber dejado su patria y, posiblemente, a su madre, a quien nunca volvió a ver. Los creadores, los artistas plásticos tienen esta posibilidad que da el arte de darles un verdadero mecanismo de serenidad y de apaciguamiento», reflexionó.   

Detalló que entre sus obras hubo peces, aviones, grandes lagartos, rostros y figuras humanas. Algunas representaban personajes históricos y políticos como José de San Martín, Juan Domingo Perón y Eva Perón, mientras que otras reproducían escenas y personas de su entorno cotidiano.

Martín realizó una interpretación personal sobre la obra de López. «Cuando ensambló cada pieza, las limpió, las talló, las coloreó, creo que las dignificó y casi simbólicamente podría decir que dándole vida a esa materia muerta, desechada, tirada, él le estaba dando sentido, entre comillas, a sus propios restos, a su propia soledad. Esa es mi impresión».

Las espléndidas huesoesculturas. 

Benarós y Prelorán.

La presentación también permitió recordar la repercusión que tuvieron las obras de López fuera de La Pampa.

Martín mencionó al escritor, artista plástico, abogado y profesor de arte de la Universidad Nacional de La Plata, León Benarós, quien pasó por El Guanaco, conoció las huesoesculturas y quedó «sorprendido». Llevó algunas piezas a exposiciones y galerías de arte de Buenos Aires. Según los documentos reunidos por la familia, Benarós llegó a comparar el trabajo de López «con el de Picasso».

También, recordó al documentalista Jorge Prelorán, quien conoció la producción de López a través de Benarós y posteriormente llegó hasta la casa de la familia para documentar las esculturas. Prelorán realizó una serie de diapositivas que actualmente se intentan localizar.

Durante la ceremonia, sobre una mesa se exhibieron varias piezas realizadas por Bruno López, entre ellas un lagarto gigante de más de 70 años, que se encuentra en excelente estado de conservación.

Forman parte del legado artístico que la familia todavía conserva y que, según se anunció, podría incorporarse al patrimonio del Museo de la Comunidad.

Foto: Bruno López, el inmigrante y huesoescultor que recuperó Silvia Martín. 

Del campo al arte: el artesano de El Guanaco y sus “huesoesculturas”

Facebook