Karen Cribari vive en la zona rural de Winifreda junto a su pareja y sus hijos. En marzo de este año tomó una decisión que no estaba en sus planes: trasladó a su hijo de 5 años de la Escuela Rural 100 de Colonia El Destino al jardín de infantes de Winifreda.
La mujer aseguró que el niño comenzó el ciclo lectivo «entusiasmado», pero a los pocos días empezó a manifestar que no quería asistir. Una semana después, regresó llorando de la escuela y, según relató su madre, comenzó a contarle que lo «trataban mal» y «le gritaban».
Cribari también afirmó que, cuando solicitó el pase de su hijo, la docente de grado la bloqueó en WhatsApp y la retiró del grupo de comunicación de las familias, mientras que de la directora recibió como respuesta que «no había pasado nada» y que debía darle tiempo al niño para adaptarse.
Su testimonio sale a la luz luego de que familias de estudiantes de la Escuela 100 cuestionaran el archivo de una investigación administrativa iniciada a partir de una presentación realizada ante la Fiscalía de Investigaciones Administrativas (FIA) de La Pampa, por situaciones que consideraban preocupantes en relación con el trato dado a los alumnos por parte del personal docente y no docente del establecimiento.
«Se bajó llorando».
Consultada por InfoWini sobre qué situaciones vivió su hijo que la llevaron a tomar la decisión de trasladarlo al Jardín de Infantes de Winifreda, Cribari relató:
«En diciembre nos vinimos a vivir a un campo, que queda a ocho kilómetros de la Escuela de El Destino. Al principio estaba todo bien. El nene estaba contento, entusiasmado para ir. A los dos días, la maestra me mandó un mensaje escrito diciéndome que el nene se había hecho pis, faltando diez minutos para que llegara la combi a traerlo. Yo lo llevaba a las 9 y la combi municipal me lo traía a las 12.30».
«Era la segunda vez que me escribía así, diciéndome que el nene se había hecho pis, que no había querido que ella lo cambiara y que lo tratara en casa. Era un mensaje escrito, pero se notaba que estaba de mala manera. Días después me mandó otro mensaje que también tenía ese tono».
«Hasta que un día el nene bajó de la combi llorando, pero llorando como si lo hubieran molido a palos. Me decía que no quería ir más. Ahí empezó a contarme que lo trataban mal, que les gritaban, que a los nenes grandes les daban turrón y a ellos no, que les daban pan duro y que si no tomaban la leche los retaban».
Su hijo asistía al jardín de infantes de la Escuela 100, donde, según explicó su madre, los alumnos de distintas edades compartían el espacio debido a que no se había conformado una sala exclusiva para cada año.
«Eran tres nenitos de jardín: una nena de cuatro, mi nene de cinco y otro de cuatro años cuyos padres, según tengo entendido, también estarían por pedir el pase al pueblo», señaló.
«No le voy a cagar la infancia».
Ante los cambios que observaba en su hijo, Cribari solicitó el pase al jardín de Winifreda. La decisión implicó para la familia un importante esfuerzo económico y logístico.
«A la semana de que arrancaron las clases lo cambié para el pueblo. De hecho, me tengo que hacer casi 60 kilómetros todos los días, ida y vuelta, y estoy gastando una fortuna en nafta teniendo la escuela ahí nomás», expresó.
«La combi del municipio no pasa por el campo. Estoy haciendo gestiones con la municipalidad para que lo levanten y lo traigan al pueblo. Es un tema. Y desde el jardín donde está ahora también están insistiendo ante la municipalidad para que se hagan cargo del traslado o, al menos, me paguen un porcentaje de la nafta, porque es mucho lo que gasto», manifestó.
Cribari recordó que, al momento de solicitar el pase, habló con la directora de la Escuela 100, quien, según su versión, le manifestó que «no había pasado nada» y le pidió que le diera tiempo al niño para adaptarse.
La madre, sin embargo, ya había tomado la decisión. «Yo le dije: ´A Milan no lo voy a traer a un lugar donde él no se sienta cómodo porque no le voy a cagar la infancia´», relató. Según Cribari, la directora le respondió que tenía «las puertas abiertas» para cuando quisiera volver.
La mujer también aseguró que la docente «nunca» se acercó a conversar con ella cuando pidió el pase y que posteriormente «me bloqueó en WhatsApp y me retiró del grupo de comunicación de las familias».
«Nunca recibí una explicación de parte de la docente sobre lo ocurrido con mi hijo», sostuvo.
«Ahora está feliz».
Desde que comenzó a concurrir al jardín de Winifreda, Cribari asegura que notó un cambio positivo en su hijo.
«Él está feliz», afirmó.
-¿Creía que en una escuela rural podía pasar esto?
-Te soy sincera, no.
-¿Y cómo está actualmente su hijo en el jardincito de Winifreda?
-Él está feliz, le encanta. Pero también está cansado porque es mucho viaje, son todos los días. A veces me dice que no quiere venir a clases y entonces le digo: ´Te vuelvo a mandar al campo´. Y me responde: ´No, al campo no, porque me trataban muy mal´.
La madre le planteó la posibilidad de regresar a la escuela rural si hubiera un reemplazo en el personal docente. «Le dije que si sacaban a esa seño, él podía volver. Y me dijo que quiere probar, que si no lo tratan mal, va a ir, pero todavía está aterrado, pobre hijo», contó.
Quiere declarar.
Cuando la Fiscalía de Investigaciones Administrativas investigó el caso, Cribari no prestó testimonio. Según confió, otras madres le habían preguntado si estaba dispuesta a declarar, pero en ese momento decidió no hacerlo.
«A mí me habían llamado las mamás y me preguntaron si yo quería salir de testigo. En ese momento les dije que no, porque mi hijo ya estaba tranquilo y no quería saber más nada».
Sin embargo, la difusión del conflicto la llevó a contar públicamente su experiencia. «Ahora que ya se está haciendo más conocido el caso fue que puse el comentario en las redes, porque realmente me tocó y me duele», confió.
Cribari confirmó que, si la investigación vuelve a reabrirse, está dispuesta a brindar su testimonio. «Sí, obvio. Es por el bien de todos los chicos, no es solo mi hijo», afirmó.
En ese sentido, remarcó que no todas las familias tienen las mismas posibilidades para trasladar a sus hijos hasta Winifreda. «Yo, gracias a Dios, tengo movilidad, pero me está costando bastante. Estamos gastando unos 400 mil pesos de nafta todos los meses. Es mucha plata», finalizó.
El testimonio de Cribari se suma al reclamo de las familias que cuestionaron el archivo de la investigación administrativa y que, tras la mediación realizada el 21 de agosto, reclaman que las situaciones denunciadas vuelvan a ser analizadas por la FIA y las autoridades del Ministerio de Educación.
Foto: El impactante testimonio de una madre que cambió a su hijo de escuela.
«Esa seño me mira con odio»: cuestionan el archivo de investigación escolar




















