Ruth Roldán y Daniel Chazarreta iniciaron una nueva etapa en sus vidas al dejar atrás el conurbano bonaerense y mudarse a La Pampa en busca de nuevas oportunidades.
Luego de atravesar diversas dificultades que superaron con mucho esfuerzo, hace dos años se establecieron definitivamente en Winifreda, donde hicieron realidad un proyecto propio: una panificadora que actualmente es la única en la localidad.
Lograron expandir su producción hasta Santa Rosa. Su emprendimiento lleva por nombre comercial “El Santy”.
De una crisisi al sueño del horno propio.
«Vivíamos en José C. Paz, provincia de Buenos Aires. Mi esposo trabajaba en una metalúrgica y yo atendía una despensa polirubro. Hace once años nos mudamos a esta provincia tras recibir una oferta laboral en Santa Rosa, pero con el tiempo a ambos nos dejaron sin trabajo», recordó Ruth.
A partir de ese momento, emprendieron un proceso de reinvención marcado por la voluntad de salir adelante en equipo.
«Mi marido trabajó en una panadería, hizo herrería, pintura y hasta se desempeñó como técnico electrónico», rememoró la entrevistada. El giro llegó de manera inesperada. «Nos chocaron el auto y con el dinero del seguro compramos un pequeño horno. Ahí decidimos emprender», contó.
Los comienzos «fueron muy humildes» y cargados de sacrificio: elaboraban prepizzas en un horno de cocina, utilizando bandejas descartables, en el garaje de una casa alquilada en la capital pampeana. Sin embargo, con constancia y dedicación, lograron crecer paso a paso, reinvirtiendo cada ingreso en mejorar su producción.
Raíces en suelo pampeano.
Con el tiempo, incorporaron equipamiento clave: un horno rotativo a gas, amasadora, armadora, sobadora, cortadora de miga y una cámara de frío. Esa evolución les permitió ampliar significativamente su oferta. Hoy elaboran pan flauta, prepizzas, panes para hamburguesas y panchos, pebete, tostadas, pan de miga, pan rallado, panes de lomo, pan sandwichero, miñón, facturas, arabitos, sacramentos y una amplia variedad de productos de panadería. Entre todos, destacan que «el pan de hamburguesa es el más demandado».
La comercialización también creció junto con la producción. «Vendemos en comercios de Winifreda y, dos veces por semana, viajamos a Santa Rosa para abastecer a negocios, distribuidores y repartidores», explicaron. Además, ofrecen precios diferenciados para minoristas y mayoristas, y brindan sus productos para eventos, lo que les permitió consolidar una clientela fiel.
En Winifreda alquilan un local estratégicamente ubicado sobre la avenida Raúl Alfonsín, donde concentran toda la actividad diaria. Allí proyectan dar el próximo paso: abrir las puertas al público. «Queremos que la gente pueda acercarse a comprar facturas calientes, ofrecer café para llevar y sumar postres, ensaladas y distintos tipos de sándwiches», adelantaron, con entusiasmo.
Más allá del emprendimiento, la familia halló en Winifreda un lugar para echar raíces junto a sus hijos Alex (14), Antonella (11) y Francisco (8), los dos últimos nacidos en la localidad. El mayor, Lautaro, vive en Santa Rosa donde se encarga de repartir el pan.
«Winifreda fue el primer pueblo que conocimos cuando vinimos desde Buenos Aires. Hace once años compramos un terreno y dos que terminamos de construir nuestra vivienda. Los chicos se adaptaron muy bien, van a la escuela y estamos muy contentos. Es un lugar muy lindo», coincidieron.
Foto: La familia administradora de la panificadora.
Especial suplemento 111º aniversario de Winifreda.




















