Omar Ariel Dahir atesora en su memoria una historia íntimamente ligada a la Escuela 103 de Mauricio Mayer, que este sábado 5 de abril celebrará su 105º aniversario.
En esas aulas no solo completó toda su educación primaria, sino que también quedaron impregnadas con el legado imborrable de su madre, Dora René Ibáñez, quien fue portera de la institución. «Fue una mujer luchadora», la definió.
El traslado.
Antes de los festejos, el pampeano -radicado actualmente en el partido de Quilmes, provincia de Buenos Aires- habló telefónicamente con Infowini. Rememoró su infancia en el edificio escolar, a sus compañeros de grado, el trabajo de su mamá y la relación familiar que lo une a Jesús Dahir, músico radicado en Santa Rosa.
«Nací en Eduardo Castex el 5 de abril de 1970. Mi madre era oriunda de Winifreda y mi padre, Roberto Abraham Dahir, de Mauricio Mayer. En 1973 nos mudamos a la localidad pampeana, cuando mi madre comenzó a trabajar en la Escuela 103. Antes de eso, ella cumplía tareas en una escuela nacional ubicada en el barrio de Villa Urquiza. Un abogado amigo de la familia le consiguió el traslado, justo durante la presidencia comunal de Julio Dahir, padre del reconocido músico pampeano Jesús Dahir, con quien soy primo hermano», contó.

Dora Ibáñez fue portera de la Escuela 103.
La infancia.
«Mi madre trabajó como portera durante casi 17 años, hasta principios de los años 90, cuando tuvo que retirarse por motivos de salud», continuó. Mientras ella se encargaba de las tareas de limpieza, Ariel pasaba sus días entre aulas, galerías, recreos; vivencias que hoy recuerda con nostalgia y emoción.
«Cursé desde primer grado hasta séptimo, egresando en 1985. En aquella época, el director general de Escuelas Primarias del Ministerio de Educación era Bernal, mientras que mi directora era Catalina Fogel de Camps -para nosotros, ‘La Cata´-, una docente muy estricta. También recuerdo a Mabel Yurk, mi maestra de primero a tercer grado; Blanquita Sereno, Elva Camps y otras docentes a quienes mi mamá les daba pensión en la casa de mis abuelos», señaló.
«Entre mis compañeros de clase estaban Fabio Kulhawy, Carina Giménez, Carina Meyer, María Elena Distel, Gustavo Hecker, Gustavo Rainhardt, Ariel Miranda, Ricardo Crespo y Marcela Schneiter», enumeró. Siguieron distintos caminos profesionales, pero todos compartieron una etapa inolvidable.
«Tengo recuerdos muy lindos de esos años; tal vez algunos pensaban que yo era el preferido porque mi mami era la portera», dijo.
Ariel no se olvida de los momentos cotidianos: travesuras y juegos que formaron parte de la vida escolar de toda una generación. Con una risa nostálgica, rememoró esos episodios: «Nunca me voy a olvidar cuando me pusieron de penitencia debajo de la campana. Una vez me había atado a una silla con la martingala del guardapolvo y salí a jugar al patio…».

Diploma de séptimo grado.
Vida adulta.
Tras egresar de la institución, su vida dio un giro importante. «En 1986 hice un curso de soldador en General Pico. Luego, mi madre decidió mudarse a Santa Fe; nos llevó el hermano de la doctora Ilvia García, de Winifreda. Primero vivimos en un pueblo muy chico llamado María Teresa y más tarde en la ciudad de Firmat. Trabajé casi 28 años allí, en empresas importantes como la fábrica de cosechadoras Basalli. Fui encargado del área de pintura y soldadura en otra compañía y, más tarde, delegado del gremio metalúrgico. Cuando me fui de La Pampa tenía 20 años y ahora voy a cumplir 56, el domingo. Hicimos una trayectoria muy grande en Santa Fe», resumió.
Desde hace unos ocho años, reside en la provincia de Buenos Aires, en el partido de Quilmes. «Trabajo en el rubro de la seguridad privada, cumpliendo turnos nocturnos en una cochera y también en un country los domingos», indicó.

Pergamino recibido por Dora en 1991.
«Una mujer luchadora».
La última vez que visitó Mayer fue en 2014, durante los festejos por el centenario. «Celestino Folmer era el intendente y me obsequió una bandera pampeana, el escudo del pueblo y los libros escritos por Víctor Hugo Kulhawy que narran la historia de los habitantes de la localidad, también aparezco mencionado».
A pesar de la distancia, Ariel mantiene intacto el cariño por su escuela y, especialmente, por su madre. «El recuerdo que tengo de ella es el de una mujer muy luchadora. Le tocaba limpiar la escuela sola. Yo la ayudaba después de clases a limpiar los salones, las mesas, los bancos y demás», relató.
Entre anécdotas, también revivió con emoción una situación cotidiana en la que su madre fue defendida por un director: «Le servía el té exprimiendo el saquito con la mano y las maestras la cargaban. Sin embargo, el director salió en su defensa diciendo: ‘La señora tiene buenas intenciones y es más limpia como portera que ustedes luciendo el guardapolvo blanco’.
Saludo.
Como no podrá asistir al acto protocolar por cuestiones laborales, Ariel envió un afectuoso saludo a toda la comunidad educativa. «Les mando un beso grande a todos en este aniversario tan especial. Me hubiera gustado estar presente», expresó.
Finalmente, dejó un mensaje para los actuales estudiantes: «Que aprovechen la escuela, que es donde uno da los primeros pasos. Les deseo lo mejor a los chicos, a las maestras y a todo el personal. Esa escuelita me ayudó a ser la persona que soy hoy».
Foto: Ariel Dahir y Celestino Folmer juntos en el centenario de Mayer.




















