La costura representa para Estela Berger mucho más que un oficio: es una pasión que la acompaña desde la infancia.
En 2025, la vecina winifredense decidió transmitir sus conocimientos y puso en marcha un taller en su propia vivienda. La propuesta, que funcionó entre abril y diciembre, contó con la asistencia de mujeres de distintas edades, interesadas en perfeccionar sus habilidades en esta actividad manual o en aprender un oficio.
En diálogo con Infowini, Estela explicó que el taller tuvo una modalidad flexible, adaptada a las necesidades y tiempos de cada alumna. En una primera etapa, «les enseñé a tomar medidas con el centímetro, trabajaron con moldes básicos y otros sacados de revistas especializadas, y después pasamos a la máquina de coser», detalló.
El curso intensivo llegó a reunir hasta 15 alumnas, distribuidas en cinco horarios semanales, de las cuales alrededor de diez completaron el ciclo.

Enseñó los secretos de la costura.
Sus inicios.
El vínculo de Estela con la costura se remonta a su niñez. «Aprendí el oficio cuando tenía 14 o 15 años, entre 1975 y 1976, y mi profesora fue Elisa Adrover, la mamá de Juan Carlos», recordó. Sin embargo, su interés nació mucho antes. «A los cinco años ya hacía moldes para la ropa de mi muñeca y los cosía. Siempre me gustó y me apasionó», contó.
Si bien asistió durante dos años a clases, explicó que no siempre podía concurrir con regularidad porque vivía en el campo. «Dependía de que mi papá me trajera, así que no siempre podía venir y no terminé el curso. Lo que tengo es mucha experiencia, en base a los trabajos que fui haciendo», relató.
Durante décadas, Estela realizó trabajos de costura para terceros. «Cuando estaba en el campo hacía ropa para la familia y, al mudarme al pueblo, seguí con la costura. Los encargues iban desde arreglos simples hasta prendas más elaboradas como pantalones, camisas e incluso vestidos de fiesta, sobre todo para cumpleaños y egresadas», explicó.

Usaron máquinas rectas.
Legado.
La decisión de dar clases surgió el año pasado. «Tenía una dolencia en la muñeca derecha. Pensé que, si no podía seguir cosiendo porque me dolía bastante, tenía que hacer otra cosa. Además, varias vecinas me lo pidieron. Así que comencé el taller sin hacer casi propaganda; todo se difundió de boca en boca», señaló.
El objetivo principal, según expresó, fue compartir la experiencia acumulada a lo largo de casi 50 años de trabajo. «La gente piensa que la costura es algo fácil, pero no lo es. Tiene muchos secretitos y está bueno que alguien los transmita a quienes tienen interés en aprender», remarcó.

Confeccionaron prendas de vestir.
Prácticas.
Durante las clases, las alumnas «aprendieron a tomar medidas directamente del cuerpo, registrarlas en un cuaderno y elaborar moldes en distintos tipos de papel: de diario, de molde o madera». A partir de allí, confeccionaron diversas prendas y objetos. «Hicieron pantalones, camisas, mochilas, almohadones e incluso un canasto para ropa con armazón, todo con telas compradas por ellas», detalló.
Las asistentes llevaron sus propios materiales, como cuadernos, gomas, centímetro, tijeras, lápices marcadores, hilos, agujas y alfileres. Estela, además de enseñar, puso a disposición dos máquinas de coser rectas. «La overlok no la presto porque es delicada y la uso solo yo», aclaró.
El grupo estuvo integrado por mujeres de distintas edades, siendo la alumna más joven de 20 años. El cierre del taller incluyó una reunión de despedida. «Hicimos una juntadita y un brindis para cerrar el año», contó.

Nuevas generaciones de costureras.
Salida laboral.
En 2026, Estela confirmó su intención de continuar con la propuesta. Las inscripciones se abrirán a principios de marzo y las clases comenzarían en la segunda quincena, manteniendo la modalidad personalizada en su domicilio.
Convencida de que la costura sigue siendo una salida laboral, concluyó: «Siempre surge algún arreglo o la necesidad de confeccionar una prenda. Ojalá esta actividad despierte interés en las nuevas generaciones. Eso sí, hoy no se puede cobrar demasiado porque hay ropa hecha muy económica».
Foto: Estela Berger con sus alumnas con quienes compartió su oficio en un taller.
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