«Nadie se salva solo»: la historia de Evangelina Koller y el sueño que nunca abandonó

La winifredense Evangelina Koller narró el largo y perseverante camino que la llevó a alcanzar el título de trabajadora social en el Instituto Superior de Estudios Sicopedagógicos y Sociales (ISESS), institución que funciona en Santa Rosa.

Esta meta personal, que comenzó a trazarse hace más de tres décadas, estuvo marcada por contextos económicos adversos, obligaciones laborales, responsabilidades familiares, pero finalmente logró concretarla en este mes de diciembre. Con la frase «nadie se salva solo», desestimó la idea de la meritocracia en su totalidad.

«A comienzos de la década del ’90, después de terminar el secundario en Winifreda, me mudé a General Roca, Rio Negro, para estudiar la Licenciatura en Servicio Social en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue. Cursé tres años y viví una experiencia re linda: hacíamos prácticas grupales y trabajo territorial con fuerte compromiso social. Sin embargo, las dificultades económicas me obligaron a regresar a La Pampa y abandonar temporalmente la carrera», contó Evangelina en diálogo con Infowini.  

«Con el tiempo intenté continuarla en Santa Rosa, me fue imposible debido a los costos y a la crisis económica del año 2001. Más tarde empecé a trabajar en un comercio y después fui mamá. Hoy mi hija tiene 18 años, pero en su momento mis prioridades estuvieron enfocadas en ella y no en mí», agregó.  

Impulso anímico. 

Durante muchos años, la posibilidad de retomar los estudios quedó postergada, aunque el deseo de finalizar la carrera nunca desapareció en ella. «Tenía un comercio propio donde, con frecuencia, hablaba con las profesoras del ISESS, quienes me animaban diciéndome: “Dale, Eva, ¿cuándo vas a seguir?” Hace cuatro años, tomé la decisión de volver a estudiar con el impulso anímico de mi pareja, Oscar Pitz, también de Winifreda. Recuerdo que un día íbamos charlando en el auto cuando, de repente, estaciona frente al ISESS, y me dijo que me inscribiera. Lo hice y empecé a cursar en modalidad a distancia», continuó.  

El proceso no estuvo exento de desafíos, pero contó con el apoyo de su familia, sus compañeros de cursada -de distintas edades-y el respaldo de su ámbito laboral, que le permitió rendir los exámenes. Así, logró completar el trayecto académico en los cuatro años previstos y obtener el título que había quedado pendiente por tanto tiempo.

«Lucha colectiva». 

«Me gustaría que mi historia sirva para dejar atrás el concepto de la meritocracia, esa idea de que si querés, podés. Entiendo que no es tan simple. Para querer y poder, necesitás una red de apoyo que te sostenga. Si yo no hubiera contado con mi marido, siempre dispuesto a darme una mano, o con mi hija Guillermina que también me apoyó, no habría sido posible avanzar. Incluso la dueña del local donde trabajo actualmente, con quien no somos amigas pero mantenemos una buena relación, jugó un papel clave. Cuando le comenté que quería retomar mi carrera, me respondió sin dudar: entre mujeres nos ayudamos. Hubo sábados en los que no pude trabajar porque tenía que rendir exámenes, y jamás me descontó un solo peso por esos días. Siempre digo lo mismo: nadie se salva solo. La lucha es colectiva. Cuando hay personas a tu alrededor que te brindan su apoyo, se aprecia enormemente y facilita que uno pueda alcanzar su sueño», reflexionó.

«Ñeco». 

Con el título ya en mano, Evangelina adelantó que su objetivo es continuar formándose. «Pienso avanzar hacia la licenciatura, y en el futuro, me gustaría ejercer profesionalmente como trabajadora social», expresó su deseo.    

Evangelina está casada con Oscar Pitz. Ambos son oriundos de Winifreda y llevan 30 años juntos. Viven en Santa Rosa. En la capital provincial, a Evangelina la llaman Eva, mientras que en su pueblo natal la conocen como «Ñeco».

Foto: Evangelina Koller egresada del ISESS. 

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