El winifredense Rubén Priotti, a sus 75 años, recorría con tranquilidad los corrales, observando a los ejemplares limangus, una raza bovina que introdujo en su propiedad rural allá por 1997, convirtiéndose en pionero en La Pampa.
Junto a su esposa Mirta, este viernes vivió con gran emoción el cuarto remate limangus pampeano, celebrado por primera vez en la cabaña “San Eduardo” fundada por su hijo Darío en el campo familiar, ubicado en el Lote XIII. Sin vacilar, Priotti calificó la jornada como «histórica».
«Se vendió todo».
El experimentado ganadero, sentado en las gradas, presenció la subasta de 90 toros puros controlados y puros de pedigree, junto a 250 vaquillonas bajo las mismas categorías. Estos animales fueron aportados por cabaña San Eduardo e invitadas.
Cuando todo terminó, compartió sus pensamientos con Infowini. «Estos remates nunca dejan de sorprenderme; hemos realizado subastas en Huinca Renancó, Río Cuarto, La Rural de Santa Rosa y ahora aquí en el campo. La verdad, la cantidad de personas que nos acompañaron y los valores alcanzados son más que satisfactorios. Es realmente impresionante la convocatoria que tiene esta raza», comentó con entusiasmo.
Priotti confirmó que durante el remate «se vendieron todos los animales» y quedó conforme con los valores obtenidos. «El toro puro de pedigree, que dio inicio a la subasta, alcanzó un precio de 14,5 millones de pesos. Los toros puros controlados se pagaron entre 6 y 10 millones de pesos como tope. Las vacas con terneros, casi en etapa de destete, se comercializaron a 4 millones de pesos cada una. Considero que son precios más que rescatables».

Visionario.
El día amaneció nublado y las miradas se dirigían al cielo, a la espera de que en cualquier instante comenzara a llover. «Justo cuando el rematador dio el último golpe del martillo comenzaron a caer las primeras gotitas, pero para entonces todos los animales ya habían sido vendidos», recordó.
Priotti demostró ser un visionario en 1997 cuando sumó a su establecimiento los primeros tres ejemplares limangus, una raza que actualmente causa gran impacto en el país gracias a su destacada eficiencia cárnica.
«Que lejos estamos de ese inicio. Cuando escuché hablar de la raza, lo más complicado fue encontrar una cabaña en el país. Después de investigar y recorrer bastante, descubrimos que solo había dos: una en la provincia de Santa Fe y otra en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires. Fuimos a esta última y ahí comenzó todo. Compré los primeros tres toros».
-En 2007 su hijo crea la cabaña limangus ¿Pensaba que Darío sería capaz de enfrentar todo lo que se le presentaba?
-Sí, porque tenía un conocimiento bastante profundo sobre el campo; había trabajado a mi lado durante mucho tiempo. Sin embargo tenía una inquietud. Si uno analiza, los propietarios de cabañas suelen ser personas con cierta capacidad económica, ya que la inversión requerida es considerable y difícil de manejar sin un respaldo sólido. Eso es lo que más miedo me generaba porque no teníamos gran capital. Es un camino complicado; llegar al producto final implica atravesar una serie de obstáculos que demandan mucho dinero. Pero ahora ya estamos en carrera, y que continúe adelante.
Al borde de las lágrimas, Priotti expresó que vivió una jornada «histórica» porque «pudimos hacer el remate en el campo. Si mi viejo estuviese se hubiera emocionado mucho…»
-También lo noté muy emocionado durante el día.
-Sí, porque además me encontré con vecinos de toda la vida. Yo fui a la escuela rural del Lote XIII, no hay pocito que no conozca, y hoy tuve la oportunidad de reencontrarme con personas que no veía hacía añares y eso produce satisfacción.
Confió en que visita el campo «cada diez o quince días para dar una vuelta y ver cómo está todo».

Sacrificio extra.
Finalmente se le preguntó si la cabaña y el campo están en buenas manos con su hijo. Su respuesta fue: «Darío y su esposa trabajan codo a codo. La actividad rural demanda un sacrificio extra, ya que es fundamental estar muy fuerte mentalmente para no rendirse. Lo demás puede mejorar o empeorar, pero lo importante es estar preparado para enfrentar los avatares que puedan surgir».
Foto: Rubén Priotti y su esposa Mirta presenciaron el primer remate en el campo.
Darío Priotti, tercera generación de ganaderos, y pionero en Limangus




















