Mayer: empleada de la CPE se jubiló tras 30 años

La vecina de Mauricio Mayer, María Esther Justus, accedió a su merecida jubilación después de trabajar 30 años en la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa (CPE), institución que brinda servicios en la localidad donde ella vive.

Comenzó su trayectoria laboral en la sala velatoria y concluyó en la sección de artículos para el hogar. Además, se ocupaba de la cobranza de las facturas de luz y la venta de gas envasado.

Sus inicios. 

En diálogo con Infowini, Justus rememoró que desde la entidad solidaria, «me convocaron el 4 de diciembre de 1993, durante la presidencia de Oscar Nocetti. Comencé como monotributista en la sala velatoria, donde realizaba la limpieza. El primer servicio fúnebre fue brindado el 26 de marzo de 1994 tras el fallecimiento de Augusta Deanna. Ocho meses después me contrataron de forma efectiva».

Con el tiempo, la CPE abrió una nueva oficina de atención al público en calle Belgrano 38 y, más adelante, en el mismo lugar, anexó un salón para la venta de artículos para el hogar, que era toda una novedad en el pueblo y la zona. «Al principio, mi tarea era limpiar la oficina y el salón, pero más tarde, desde Santa Rosa, me notificaron que también tenía que encargarme de las ventas. Así fue como me dieron nuevas responsabilidades y vinieron a ponerme en funciones», continuó.

Confianza. 

Era una época en la que el trabajo administrativo manual predominaba. «No tenía computadoras, cada venta se registraba a mano, y tanto las rendiciones como el inventario se llevaban en planillas. Fabricio Álvarez fue la persona que vino de Santa Rosa, me orientó y me enseñó a vender porque yo no tenía experiencia», siguió.

Más adelante, “Mary” se adaptó a la incorporación de la tecnología. Su dedicación y lealtad a la empresa no pasaron desapercibidas por sus superiores, quienes decidieron asignarle nuevas funciones. «Me designaron como encargada de la cobranza de los recibos de luz y de la venta de gas envasado, incluyendo garrafas de 10 kilos y cilindros de 15 kilos», señaló. Su horario laboral era de 7 a 14 horas.

Clientes de tres pueblos. 

Mayer es una localidad con pocos habitantes. A pesar de ello, «vendía muchos televisores, ropa de cama, cocinas, heladeras, colchones, sábanas y demás artículos. Los que no estaban en stock los solicitaba directamente a la central. Tenía clientes locales, de Winifreda y gran cantidad de Colonia Barón, más de las zonas rurales cercanas a estas tres localidades», repasó Justus y resaltó que durante 30 años, «el trabajo me permitió hacer nuevas amistades». «Siempre tuve el apoyo de mis tres compañeros de redes, me dieron una mano grandísima en el reparto y en otras tareas», les agradeció.

«Agotada pero feliz». 

Su último día como empleada fue el 30 de marzo de 2025. «Tenía sentimientos encontrados, no quería jubilarme pero al mismo tiempo me sentía agotada. Hoy me siento feliz», confió.

La dirección de la CPE le regaló un hermoso reloj en reconocimiento a sus 31 años de servicio. Su reemplazante fue un empleado de Santa Rosa a quien ella ya conocía: Fabricio Álvarez quien se trasladó a vivir a Mauricio Mayer. «Allá él solo vendía, pero no cobraba ni facturaba. Por eso, en los primeros días le enseñé las tareas relacionadas con la facturación y cobranza. Le agarró la mano enseguida y juntos hicimos el traspaso. No se hizo cargo de la sala velatoria, hay otra mujer encargada de ese sector», indicó.  

Su gran pasión. 

Actualmente, Justus se dedica por completo a una de sus grandes pasiones: es instructora de gimnasia terapéutica. Obtuvo su certificación el 22 de diciembre de 2001 en el Centro Privado de Formación Profesional de Educación Física y Terapias Corporales de Santa Rosa, bajo la guía de la profesora Ivana Boffa, de Bahía Blanca. Su matrícula profesional es la número 00274.

«Siempre di clases en mi domicilio, pero ahora estoy a cargo del taller municipal de yoga que funciona en el quincho comunal. Tengo un grupo encantador de adultas y jóvenes. Disfrutamos muchísimo cada encuentro», finalizó.

Foto: María Esther Justus trabajó 30 años en la CPE y ahora disfruta de su nueva vida. 

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