Emprendedora crea objetos únicos con material de uso diario.
María Angélica Ozaeta, de 72 años, convierte un material tan cotidiano como es el vidrio en un objeto artístico a través de una disciplina llamada vitrofusión.
La emprendedora recibió a este cronista en su hogar donde tiene su materia prima, su horno y sus productos terminados. Mientras los mirábamos, repasó su vida en la ciudad bonaerense de Trenque Lauquen donde se jubiló como maestra jardinera. Es madre de dos hijos: uno reside en Buenos Aires y otro en Winifreda. Ella prefirió radicarse en esta localidad porque «es más tranquila».
Un día asistió a un curso de vitrofusión dictado por Lorena Zarza en la Casa de la Cultura municipal. Luego, siguió perfeccionándose a través de seminarios virtuales. Cuando supo que estaba preparada compró un horno eléctrico de acero inoxidable recubierto en su interior con fibra de vidrio o manta para el tratamiento térmico del vidrio.

Un verdadero arte.
«La vitrofusión es una técnica que consiste en superponer y fundir vidrios en un horno a alta temperatura para crear piezas únicas con distintas texturas, colores, relieves y formas. En todos los casos utilizamos pigmentos, esmaltes, vidrio molino, hilos de vidrios y distintos metales como hilos de cobre, tapitas de gaseosas, alfileres hasta hojas secas», puntualizó sobre su actividad. El vidrio que usa es común de ventana plano o Float.
Explicó detalladamente el proceso de preparación del vidrio previo a su fundición. «A cada trozo lo sumerjo en agua caliente durante unos minutos, después le paso una esponjita con agua fría y detergente y lo seco bien. Lo ubico a una posición de 45º y dejó caer una gota de agua sobre sus dos caras. Si la gota se entrecorta es la cara mala o estañada y si cae derechita es la cara buena. La que se usa para calcar un dibujo o hacerlo a mano alzada con un delineador que puede ser un fibrón o productos especiales que marcan el contorno. A esa figura se la colorea con esmaltes (polvos de colores) y se le superpone otro vidrio, queda tipo sándwich. Esa pieza la colocamos en un molde de cerámica que tiene un desmoldante (es un polvo que se llama caolín) y la introducimos al horno digital. A 790ºC el vidrio está rojo como fuego y hace tac fusión, la pieza cae sobre el molde y toma forma. Entre 800ºC y 815ºC se redondean los bordes».
La horneada «dura dos horas y media, pero al horno recién lo podes abrir a las 24 horas», precisó la especialista.

Magia.
De esta forma, la artista crea piezas de arte únicas con dibujos y coloraciones como platos, porta sahumerios con la técnica del estarcido, ceniceros, pinitos navideños, adornos para plantas y muchas más. Incluso los frascos de perfumes cambian su forma dentro del horno y se reconvierten en portavelas, en un cisne, en una sillita y demás. «El horno hace magia», aseguró María Angélica quien desarrolla su arte con creatividad e imaginación.
Es una mujer muy sensible. Ha diseñado platos con veleros que tienen estampados una estrella amarilla y se los ha regalado a vecinas que han perdido a un familiar directo en un siniestro vial o como dice la artista entrevistada «se nos adelantaron en el camino hacia el Señor».
También, horneó escarapelas de vidrios y porta sahumerios para la escuela primaria.
«Si no hay ventas no me preocupa, a mí me encanta regalar mis producciones, creo que todo Winifreda tiene regalos míos hasta mis médicos personales. Yo soy así, es mi espíritu», finalizó entusiasmada.
Foto: María Angélica Ozaeta muestra sus producciones.
Crónica Infowini/La Arena.
Especial fin de año 2024.




















