Winifredense se mudó a Italia: «Rodeado de calma y paz»

El winifrense, Javier Aringoli, decidió emigrar al exterior en búsqueda de cambios e historias nuevas. Desde hace dos semanas reside en la ciudad de Biella, ubicada en el norte de Italia, donde nacieron sus abuelos. «Estoy rodeado de imponentes montañas, praderas verdes, calma y paz», resumió sus primeros días en el viejo continente.  

Desde allí, el pampeano habló telefónicamente con Infowini sobre su decisión de irse a vivir a Europa.  

«Existe una chispa en el interior de cada uno de nosotros, minúscula en algunos, grande en otros, e incluso hay quienes a lo largo de su vida nunca la sienten. En mi historia personal aquella chispa era apenas un pequeño punto de luz oculto en el fondo de mi corazón. Pero allí estaba, y como todo lo que existe, en algún momento de la vida reclama su protagonismo. Esta chispa fue una llama cálida que creció y creció dentro de mí hasta que en un momento no pude dejar de escucharla, de sentirla, y le abrí paso a que tomara lo que era de ella», manifestó poéticamente Aringoli en el inicio de la charla.  

Puntualizó que hoy «vivo en Biella, una ciudad de la región del Piemonte, en el norte de Italia, la tierra de mis abuelos. Rodeado de imponentes montañas, praderas verdes, rodeado de historia, sueños, calma y paz. Si yo mismo me preguntara cinco años atrás si creía posible estar en este lugar, seguramente hubiera dicho que no. Pero esa chispa, ese motor que impulsa sueños, ha sido como una especie de locomotora, llevándome a lugares que jamás hubiera imaginado. Nunca me resistí a ello, simplemente confié, puse confianza en que la vida me llevaría por caminos extraordinarios. Y así lo ha hecho».  

En las calles de Biella, norte de Italia, «la tierra de mis abuelos». 

«Al principio todo comienza como un simple juego, porque uno le da rienda suelta a su imaginación, a la fantasía de lo nuevo. La mente se endulza con hermosas historias que aplacan el miedo y el cuerpo es impulsado hacia adelante con toda facilidad. Es algo maravilloso», continuó el winifredense.  

Aún tiene presente aquél momento cuando dejaba Argentina. Estaba en el aeropuerto. «Recuerdo que fue un instante, mi pie derecho pisaba esa enorme escalera de metal que estaba frente a mí, solo era subirse, pero ese subirse significaba dejar también muchas cosas atrás. Hubo un momento de resistencia, pero la chispa que ya era grande, me empujó hacia adelante. Saludé con cariño y gratitud a un país que me dio más de lo que podría haber pedido, y me sumergí en esta nueva experiencia cual niño abriéndose al mundo por primera vez», rememoró.    

La ciudad donde vive «me recibe con los brazos abiertos. Me llena la vista y el corazón con imágenes y sensaciones inolvidables. Así es Biella para mí, un lugar calmo, de cambios y de historias nuevas. Camino sus calles y veo su historia en cada paso que doy e intento mezclarme en sus costumbres, en su lenguaje. Veo a la doña que pasea su perro todos los días, al grupo de amigos sentado en el bar todas las tardes, a los niños salir de la escuela, veo a los amantes de la naturaleza caminando por los extensos senderos que tiene la ciudad. Siento el aire fresco de la montaña. Me detengo por un instante y mis ojos aún no pueden creer lo que están viendo».

«Mis ojos no pueden creer lo que están viendo», expresó fascinado .

«Como en todo nuevo inicio uno se para frente a un punto, mira hacia atrás y ve todo lo que ha crecido, luego mira hacia delante y se da cuenta que hay mucho camino por recorrer, en gran parte incierto. Pero si hay algo de lo que estoy seguro es de las herramientas que a lo largo de la vida vamos adquiriendo. Herramientas que hacen posible cualquier idea que tengas, herramientas que sirven para detener incluso al miedo», reflexionó.   

«El camino es largo, pero la voluntad es enorme y cualquier sueño puede hacerse realidad. Desde aquí invito a las demás personas a que se den ese momento de realizar cualquier idea, por más pequeña que crean que sea, no hay nada como disfrutar de esa sensación maravillosa que se siente al cumplir con un objetivo. Y lo que suceda después no lo intenten controlar, porque es parte de la vida, de tu historia, de la de todos», motivó.  

En el final agradeció «a todas las personas que me han apoyado en este viaje, a mi familia, a mis amigos». 

Foto: Javier Aringoli emigró a Europa hace dos semanas. 

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