El Molino contó sus historias: choclos, garita y sátiro

Vecinas y vecinos de distintas edades del barrio El Molino, ubicado al oeste de Winifreda, compartieron mates, tortas, música, danzas, relatos sobre el desarrollo del lugar donde residen y divertidas anécdotas que generaron risas. Todas las actividades se desarrollaron el domingo en horas de la tarde en la plazoleta de dicho sector urbano.

Esta instancia de encuentro social de cercanía fue la primera del programa “Los barrios cuentan historias”, lanzado por la secretaría municipal de Cultura. Su titular, Kelli García, y su hermana, la intendenta Adriana García, participaron de la amena reunión vecinal.

El músico Hilario Torres deleitó a los presentes con sus canciones, el recitador gauchesco Jorge Schvvindt recitó unas décimas, varones y mujeres bailaron danzas. El sonido estuvo a cargo de Joselo Lang. 

El vecino Raúl Calvo relató el proceso fundacional del barrio (su primer nombre fue Fonavi 11) donde vive desde su inauguración hace más de cuatro décadas. «Corría el año 1982 y 40 casas del Plan Fonavi 11 esperaban ser habitadas al oeste de Winifreda. En ese entonces Eduardo Wiggenhauser era el intendente. Llegó el día y con mucho calor recibimos las llaves. Después, fuimos corriendo a la casa que a cada familia le había tocado para abrirla, entrar en ella y decir por fin ya era nuestra. Los días subsiguientes fueron un ir y venir de camionetas, camiones, carros y cualquier vehículo que sirviera para llevar nuestros bártulos o muebles usados, prestados o regalados, algunos eran nuevos, pequeños lujos que podíamos darnos. Así nació el primer barrio en la zona oeste», expuso en el inicio.

El nombre fue adoptado porque en taller municipal funcionaba molino harinero. 

Inundaciones y choclos. 

«En el baldío que estaba pegado al galpón municipal hicimos una cancha de fútbol donde nuestros hijos se trenzaban en partidos interminables y los fines de semana éramos nosotros, los padres, quienes despuntábamos el vicio de correr atrás de una pelota», siguió Calvo. 

Recordó dos anécdotas. La primera: «A los pocos meses de estar instalados, una gran lluvia de madrugada nos inundó, después supimos que fue un error la extracción de tierra de los terrenos que se realizó antes de la construcción de las viviendas sin tener en cuenta que este sector era inundable y que además el agua de lluvia del resto de la zona urbana se trasladaba al oeste del pueblo».

La segunda fue más divertida. «El campo del “Tolo” Adrover estaba frente a nuestro barrio y había sembrado maíz. Una vez que vimos los choclos maduros y listos para ser utilizados para enriquecer y degustar un rico estofado fuimos como hormigas entrando y saliendo en tandas del predio abrazados a los choclos, algunos exageraron la extracción con embolsadas llenas, creo que la cosecha para el productor Adrover tuvo una merma. Pero los choclos estaban tan a mano».

«Con el tiempo fuimos incorporando otros servicios como el gas natural (reemplazamos las estufas a kerosene y salamandras) y nuestro barrio es el único que tiene la red eléctrica con cables subterráneos sin tener hasta ahora ningún problema», señaló.

«A esta zona se fueron incorporando nuevas viviendas de diferentes planes provinciales y municipales y hoy todos formamos la barriada más grande de nuestro pueblo conocida como El Molino, nombre que fue adoptado porque en lo que hoy es el taller municipal funcionaba un molino harinero», indicó.

«A 42 años de la creación de este barrio debo decir que todavía vivimos la mayoría de los adjudicatarios originales en armonía, hemos visto crecer a nuestros hijos, acompañamos sus desarrollos personales y hoy disfrutamos de los nietos», finalizó.  

Habitantes del barrio inaugurado hace más de 40 años.

Garita y sátiro. 

El empleado municipal, Oscar “Chocó” Ponce, contó que tuvo «el privilegio de trabajar con la empresa constructora que edificó el barrio y después fui adjudicatario de una casa. Acá nacieron y se criaron mis hijos y con el tiempo, por cuestiones de la vida, me tuve que mudar a otro sector de la localidad».

«Por mi trabajo, hace más de 30 años que entro al barrio todos los días porque hago la recolección de residuos. Inicialmente eran 40 casas y cuando el municipio comienza el proyecto de clasificación de residuos en origen me pidieron que las contara y hoy hay 200 casas», precisó.

Recordó cuando «nos unimos todos los vecinos para hacer una garita y trajimos el teléfono público, después esa garita se derrumbó y el teléfono pasó al kiosco que yo tenía y más tarde a la vereda».

Enseguida contó una anécdota muy risueña. «A fines de los 80 tenía en vilo a Winifreda un personaje que le decían el sátiro. Se dedicaba a asustar a las personas principalmente a las mujeres. Una noche se corrió la bola de que se había refugiado en los alrededores del barrio. Hubo caravanas de camionetas con reflectores, hombres con cuchillos, escopetas, perros, buscándolo. El sátiro lo hubiese pasado muy mal si lo hubiesen agarrado». En el final expresó emocionado: «A todos los vecinos del barrio que se fueron de este mundo un abrazo grande al cielo para todos ellos».

Hubo música y danzas en primera edición de «Los barrios cuentan historias». 

«Momentos lindos y tristes». 

La vecina Teresa “Coca” Lince es una referente del barrio. Se jubiló como portera de la Escuela 104. Estaba sentada al lado de su hija Patricia. Dijo lo suyo: «Estaba el abuelo Díaz con todos sus hijos entre ellos su nieto que hoy es parte de mi familia. Jugaban al fútbol y un día vengo de mi trabajo y encuentro la puerta que daba al patio doblada en dos por los pelotazos que le habían dado, casi me dio un ataque». «Acá hemos pasado momentos lindos y tristes como las partidas de seres queridos, pero es un barrio con gente muy buena», resaltó y pidió «un gran aplauso para todos mis vecinos».

Foto: Teresa Lince, referente del barrio El Molino con su hija Patricia. 

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