«Cuando voy a La Pampa escribo sobre el monte, los indios, los gauchos y después cambio el switch y me paso al otro mundo sin problemas».
El escritor y docente Omar Lobos es el único winifredense que habla y escribe en ruso, idioma que domina a la perfección desde hace más de 30 años.
«Aprenderlo fue un nuevo nacimiento, crearme otra identidad», confió Lobos quien ha traducido al castellano obras literarias de Fiódor Dostoievski y Andréi Platónov.
Desde Buenos Aires, donde reside, habló con Infowini sobre su acercamiento a esta lengua extranjera. «Nací y crecí en una comunidad de Alemanes del Volga cuyo dialecto muy a menudo se confunde con la lengua eslava rusa pero son dos familias lingüísticas completamente distintas. Yo vivo en Villa Crespo, donde también a los judíos les dicen rusos porque vinieron de distintas ciudades de Rusia, pero son lenguas distintas con el alemán, o con el idish», aclaró en el inicio de la entrevista.
Las primeras palabras rusas las escuchó en su adolescencia. «Mi querido vecino Eliseo Verba pronunciaba palabras en ruso porque su padre Federico era nativo de ese país, y Eliseo sabía decir algunas frases en ruso, y Antonio Komorovsky siempre hacía una lista de familias de Winifreda que eran rusas puras», recordó.
Idioma.
«En los 80 una querida amiga me había enseñado el alfabeto cirílico ruso cuya escritura es una mezcla entre el latino y el griego. Ya en ese momento leía mucha literatura rusa en castellano y escuchaba mucha música clásica rusa y quería saber cada vez más. Un día me había comprado una ópera rusa, era una caja de cuatro discos de vinilo, me subo al colectivo y este pasa frente a la Casa de Rusia en Buenos Aires. En ese momento decidí bajarme, entré, me anoté y empecé a estudiar», rememoró. Hizo tres años de cursada.
«En esos años entablé amistad con varios emigrados rusos por la perestroika que habían llegado al país, no sabían nada de castellano entonces a la fuerza empecé a hablar ruso con ellos. Entre esos emigrados, me hice una amiga pianista con la que comencé a estudiar las canciones clásicas rusas (yo estudiaba canto en ese entonces) y amigos míos argentinos también querían aprender y yo les hacía de traductor de textos para que pudieran entender qué estaban cantando o para comunicarse con la profesora. De esa manera adelanté muchísimo, a tal punto que en la Casa de Rusia me veían que hablaba en los recreos y me dijeron que no haga el cuarto año porque ya tenía mucha práctica», comentó.
«Con Blas, que fue mi profesor de ruso -es paraguayo pero hizo toda la secundaria y la universidad en la Unión Soviética-, nos seguimos viendo treinta años después, somos amigos y cada vez que nos juntamos a tomar mates, vodka, a cenar, hablamos en ruso porque nos conocimos en esa lengua», agregó.

Lobos en la Plaza Roja de Moscú.
Traductor de clásicos.
«En 2002 mi jefe de la editorial Colihue me pide que traduzca al castellano para una colección de clásicos Crimen y Castigo de Dostoievski, quizá la más famosa novela rusa. Al principio me resistí pero finalmente acepté y con el tiempo le agradecí profundamente porque tuvo confianza en mí. Esa fue la primera novela que traduje y que se publicó en 2004. Otras obras que traduje fueron Los hermanos Karamázov de Dostoievski, el Teatro Completo de Antón Chéjov, el año pasado se publicó El pozo de cimientos de Andréi Platónov y en breve saldrá otra novela de Dostoievski titulada El idiota».
Profesor.
Lobos da clases en la cátedra de Literaturas Eslavas de la UBA donde enseña «literatura rusa, serbia, croata, checa, polaca y demás», mientras que en la Universidad de Lanús «doy lengua española para futuros traductores». Consultado qué le generó internamente aprender ruso, respondió: «Fue un nuevo nacimiento identitario, crearme otra identidad que suma a mi identidad propia. Tengo una relación afectiva con la cultura, el arte, la música y la historia rusa. Viajo periódicamente a Rusia para asistir a congresos internacionales y tengo mucha comunicación con el mundo eslavo en general y con el ruso en particular. Cuando voy a La Pampa escribo sobre el monte, los indios, los gauchos y después cambio el switch y me paso al otro mundo sin problemas», finalizó el autor de “Juan Calfucurá. Correspondencia”.
Foto: Omar Lobos frente al Templo del Manto de la Virgen sobre el río Nerl, cerca de la llamada primera capital de Rusia.
Especial 109º aniversario de Winifreda. La Arena/Infowini.




















