Tras una larga lucha, el vecino winifredense Mario Cerezal, de 56 años, superó «un cáncer agresivo» que afectaba su vejiga, próstata y ganglios abdominales. Si bien está totalmente fuera de peligro, durante dos años estará bajo «vigilancia» médica. Durante ese lapso, le extraerán sangre para poder anticiparse a la enfermedad en caso de que detecten ADN tumoral. En su cuerpo tiene una neovejiga que sustituye al órgano extirpado. Su caso ya es estudiado por oncólogos de otros países.
Cerezal vive en Santa Rosa donde lleva adelante la recuperación junto a su esposa Liliana Viroletti, quien siempre estuvo a su lado en los momentos más delicados. El vecino habló con INFOWINI para concientizar sobre la enfermedad, los avances de la medicina y arrojar luz sobre su experiencia como sobreviviente del cáncer.
Todo comenzó en los primeros días de septiembre del año pasado cuando una mañana orinó con mucha sangre. «Ese mismo día fui al especialista, el doctor Eduardo Costabel enseguida ordenó mi internación y pidió un turno en un instituto de Buenos Aires. Me hicieron una cistoscopia-a través de una camarita observaron el interior de la vejiga y la uretra- y vieron que tenía pólipos. Días después, los extirparon y los mandaron a analizar a Buenos Aires. En octubre llegaron los resultados: eran malignos», recordó. Fue una noticia dura. «No quería ir a ningún lado, no tenía ganas de juntarme con nadie, pero decidí cambiar de actitud y empecé a tener más vida social. Lo bueno fue que ya no orinaba con sangre», siguió.
El 19 de diciembre viajó al Instituto Alexander Fleming de CABA donde lo estaban esperando. «Me realizaron otra cistoscopia y me prescribieron doce semanas de quimios para frenar la metástasis. Ese tratamiento lo hice en Santa Rosa, desde enero hasta los primeros días de abril», indicó. Quedó exhausto.
Se hizo una tomografía computada por contraste y viajó nuevamente al Fleming donde fue intervenido quirúrgicamente. Estuvo casi ocho horas en el quirófano donde los cirujanos le extirparon la vejiga, la próstata y los ganglios con sus tumores, un procedimiento que se denomina cistectomía. Luego, con una porción de su intestino delgado le crearon una neovejiga que sustituye al órgano extirpado. Es una especie de «bolsa» que almacena la orina y permite que salga del cuerpo.
Tras la operación, «tenía muchos dolores y estuve siete días en terapia intensiva porque no había habitaciones disponibles para pasarme a una pieza común. Pero mi recuperación fue muy rápida hasta los médicos quedaron asombrados. ´Te pasó un camión por encima con lo que te hicimos´, me decían».
El 24 de mayo le dieron el alta provisoria. Sin embargo, tuvo que quedarse 27 días más en su departamento porque tenía puesta una sonda y unos catéteres que desviaban el orín a una bolsa de colostomía hasta que la neovejiga cicatrizara. Cuando eso sucedió, le sacaron la sonda, los catéteres y le dieron el alta definitiva. Regresó a Santa Rosa. «Todavía tengo dolores. Momentáneamente uso pañales y estoy aprendiendo nuevamente a contener las ganas de orinar y a vaciar la neovejiga periódicamente a través de una serie de ejercicios que me dieron. En cuanto a los cuidados no puedo comer picantes y tengo que caminar todo lo que más pueda. Los médicos me aseguraron que voy a hacer una vida normal». Hizo una broma: «En junio perdí 5 kilos, no me hizo mal».
Durante dos años deberá viajar a Buenos Aires. «Cada tres meses me van a extraer sangre para verificar que no haya ADN del tumor que tuve y si llegaran a encontrarlo es porque se reactivó de nuevo, pero van a tener el tiempo suficiente para ganarle a la enfermedad actuando en consecuencia. Esto es muy bueno porque en todas las tomografías por contraste y centellogramas que me hicieron nunca salió que tenía cáncer en la próstata y en los ganglios abdominales, sí aparecía afectada la vejiga». Si en los próximos dos años, «no ha aparecido nada, se dará por finalizada la fase de vigilancia en la que me encuentro».
Cerezal reveló que firmó un contrato con el Fleming ya que su caso concita la atención mundial. «El cáncer que yo tenía era muy agresivo y ahora no quedó nada. Hay un conjunto de oncólogos, entre ellos de Estados Unidos, que van a estudiar mi caso. Es más, un laboratorio se hará cargo de los viajes, estadía y comida cada vez que vaya a extraerme sangre a Buenos Aires», finalizó Cerezal, que demostró ser un gran luchador.
Foto: Mario Cerezal y su pareja Liliana Viroletti luego de salir del Fleming.
“Chiqui” Tapia fue operado y agradeció al winifredense Daniel Martínez




















