El winifredense Miguel Juan “Lito” Pascal tiene 73 años y lleva cuatro décadas y media en el oficio de pocero, que es muy duro y arriesgado ya que siempre está bajo tierra a varios metros de profundidad. Ya ha construido unos 5.000 pozos ciegos utilizando picos, barretas y palas en sus inicios y después martillo neumático como su gran aliado. Realizó la mayoría de esas excavaciones, donde se vierten las aguas residuales y cloacales, en su pueblo natal y zona de influencia.
Su familia hace tiempo que le viene insistiendo con que deje su actividad laboral y descanse. «El cuerpo me duele, pero es el trabajo que más me gusta», responde el hombre.
Pascal nació el 23 de septiembre de 1950 y empezó a trabajar desde muy joven. Cursó estudios primarios hasta los 10 años, «cuando mi papá me sacó de la Escuela 104 para ir a trabajar de albañil con él. Hacía barros y adobes», recordó esa etapa de su infancia.
Su vida activa nunca se detuvo. «A los 15 años ya trabajaba como peón de albañil con “Tatín” Morell y aprendí a hacer pozos ciegos con Eduardo Schualler que era mi compañero en las tareas de albañilería. En 1977 fuimos a Colonia Barón a edificar una casa que está al lado de la plaza y con la ayuda de Eduardo hice mi primer pozo ciego de 4 metros de hondo por 4 metros de ancho usando barretas y picos», rememoró su debut en el oficio. Para ese entonces ya estaba casado con María del Carmen Díaz.
Más tarde «fuimos a La Carlota donde tuvimos que hacer pozos cuadrados porque no podíamos romper la tosca. Después, regresamos a Winifreda donde construimos otros pozos hasta que en 1980 me separé de Eduardo en buenos términos y me largué por cuenta propia. Un albañil me dio una barreta y me alentó».
También, se dedicaba a la limpieza de terrenos y trabajaba en la cosecha. A medida que el pueblo crecía en cantidad de habitantes y viviendas era convocado para construir uno o varios “pozos negros”, como también se los conoce, en cada terreno. «Al hotel de la cooperativa eléctrica le hice dos pozos de 5 metros de hondo por 5 metros de ancho. Me acuerdo que tenía cinco empleados ayudándome. Una medida similar tiene un pozo que hice en una propiedad ubicada en la avenida Alfonsín», señaló.

Nuevas herramientas.
«En 2013 estaba trabajando en la casa de “Cacho” Rivera y cuando me ve abajo del pozo me dice ´porque no te compras un martillo neumático y te dejas de embromar con los picos´. Le hice caso. Mi primer martillo se lo compré a “Cacho” Pall. Ya llevó cuatro martillos comprados: dos a Pall y dos a “Capelin” Fridel», manifestó. Su señora María del Carmen acotó: «Yo tengo las boletas guardadas». Su esposo puntualizó que un martillo neumático lo utilizó «en 29 pozos», entre ellos los trece que hizo en igual número de viviendas sociales que próximamente serán entregadas más en casas particulares. «En el parque acuático hice cuatro pozos y en el Paseo de las Vías uno de 5 metros de hondo por 3,5 metros de ancho como depósito para la fuente de agua», precisó.
Su especialidad también fue demandada en Metileo, Toay, Santa Rosa y zona rural de Winifreda. Pascal no solo hace el agujero en la tierra sino también «la calzada», es decir, cubre las paredes con ladrillos.
Casi se ahoga.
Una vez su vida estuvo en peligro. Casi muere ahogado. «Había terminado una excavación en una vivienda y estaba a punto calzarla. En ese momento veo una mancha negra en la pared que se hacía cada vez más grande. Como soy muy desconfiado le pasé la mano y enseguida le digo a mi ayudante que me tire la piola y empiece a elevarme. Primero sacamos las herramientas y cuando estaba subiendo, iba por la mitad cuando se reventó otro pozo que estaba a unos 4 metros de distancia y nadie sabía de su existencia, sus líquidos cloacales comenzaron a inundar el hoyo donde yo estaba, me mojé todo pero pude salir a la superficie, caso contrario hoy no estaría», relató.

Conserva el mate con la frase «Don Miguel, el maestro de los pozos».
Maestro.
Un cliente, además de pagarle por su trabajo, le regaló un mate de madera con una dedicatoria tallada que dice “Don Miguel, el maestro de los pozos”.
Su actual ayudante es Esteban Allen, quien usa una roldana para subir los baldes de tierra y toscas. «Hace unos días excavando encontré tres piedras inmensas, las tuvimos que romper en cinco partes para sacarlas. A cada una la enlazamos con la piola porque no entraban en el balde», dijo “Lito”.
Lleva contabilizados 5.000 pozos ciegos. «Y más también», agrega su compañera de vida. Actualmente está haciendo pozos en los nuevos loteos urbanos. Sus servicios todavía son requeridos porque Winifreda no cuenta con la obra de cloacas, la cual ya fue licitada por el gobierno provincial.
Miguel cumplirá 48 años de casado con María del Carmen. Tienen cuatro hijos: Miguel, Guillermo, Soledad y Nadia. Su familia se completa con 10 nietos y un bisnieto. «Con este oficio crie a todos mis hijos, ellos no quieren que trabaje más. En casa no me puedo quedar, el cuerpo me duele, pero es el trabajo que más me gusta. Aparte me hice los análisis y estoy muy bien de salud», finalizó Pascal, el pocero emblema de Winifreda que mañana sí hará una pausa para festejar el Día del Padre y al día siguiente seguirá con su oficio.
Foto: “Lito” Pascal lleva 45 años en el oficio de pocero, junto a su ayudante.
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