Daniel Lanz, en 1980, heredó de una sucesión familiar el establecimiento “La Marca”, ubicado a unos 13 kilómetros al noroeste de Winifreda. En enero de 1984 contrajo matrimonio con Norma Schenfelt. Desde entonces, ambos viven y trabajan en el predio rural de 574 hectáreas -monte incluido- dedicado a la agricultura y ganadería.
Demuestran una gran fortaleza, trabajan la tierra y apuestan a la producción. Daniel tiene 72 años y lleva 43 años radicado en su campo. Su compañera de vida de 65 años lleva 39 años a su lado.
Los inicios.
Lo primero que hizo el chacarero cuando accedió a la tierra fue una obra hidráulica que aún funciona a la perfección. Instaló 3.000 metros de cañerías subterráneas. El primer tramo de 1.700 metros transporta el agua desde una perforación con bomba centrífuga hasta un tanque de cemento. En ese lugar un molino rebombea agua y la envía por una cañería de 1.300 metros de longitud -segundo tramo- hasta otro tanque australiano. De esta manera, la hacienda puede hidratarse todo el año. Cuenta con el servicio de energía eléctrica convencional.
«Apostamos más a la ganadería y destinamos más de 100 hectáreas al cultivo de maíz, trigo, centeno, avena», contaron. «Hemos pasado épocas terribles de sequía, pero el clima últimamente nos está acompañando. Entre enero y marzo cayeron más de 330 milímetros, los animales tuvieron agua y comida porque ensilamos pasturas de maíz que nos dan muy buenos resultados», continuaron. Contratan el servicio de cosecha y picado de cereal. Daniel se ocupa de las aradas. Para ello cuenta con un tractor Pauny articulado 2012, un Deutz 1998, una rastra y sembradora. Pasa muchas horas del día sentado en esa máquina.
«Tuvimos un tractorista durante cinco años, pero puso un negocio en Eduardo Castex, trabajó duro para tenerlo y lo logró», se alegraron. Daniel, después del desayuno, recorre con su camioneta los lotes para ver el estado del ganado vacuno.

Inversiones.
Consultada sobre cuáles son sus tareas específicas, Norma respondió: «Manejo la economía, me dedico a los bancos y al contador. Soy muy meticulosa, me gustan las cuentas claras y no traerle problemas a Daniel que es el dueño del capital. Soy la administradora y le comunico todo lo que se gasta. Es más, las compras e inversiones las decidimos juntos».
Gracias a un adecuado manejo de las finanzas, han comprado alambres, corrales nuevos, dos silos -uno de 100 mil kilos y otro de 50 mil kilos- y ahora cuentan con cuatro silos en total, un chimango, un sacador de cereal y una camioneta modelo 2022. Tienen proyectado adquirir otro tractor y una sembradora.
«Orgullosos de vivir en el campo».
El establecimiento está rodeado de unas 2.000 hectáreas a la redonda en las cuales no viven sus dueños, éstos residen en otras localidades o provincias, van y vienen a sus propiedades. Muy pocos campos tienen puesteros. Por eso Norma y Daniel son referentes del Lote XII. A unos 4.000 metros se encuentra el edificio de la Escuela primaria del Lote XII, cerrada hace muchas décadas. «Me trae muchos recuerdos porque a esa escuela fue mi hermana menor Lorena, que falleció hace tres años», dijo Norma.
Manifestaron sentirse «orgullosos» de vivir en la zona rural. «De acá no me muevo, tenemos electricidad, gas en zeppelin, Internet, TV satelital y planificado colocar cámaras de videovigilancia», afirmó Norma acompañada en su casa por sus perras Luz y Puki y su perro Solito.

También, se le preguntó a Daniel si está cansado de trabajar y si evalúa alquilar. Al respecto, el hombre confió: «Cuando era joven no lo sentía al campo, pero con los años uno se encarna tanto que cuesta dejarlo. Cuando la economía y las condiciones climáticas son favorables te ayudan a vivir mejor. Hoy gozo de buena salud, todo lo que puedo hacer lo hago y salimos de vacaciones». «Más adelante será cuestión de organizarse distinto y bajar un cambio. En algún momento tendremos que tomar una decisión importante», cerró.
Fotos: Norma Schenfelt y Daniel Lanz exponentes de la ruralidad en Winifreda.
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