Winifreda despidió a la campesina Norma Gebruers: «Una gran luchadora»

Profundo dolor, sorpresa y conmoción causó hoy en la población de Winifreda el fallecimiento de la vecina Norma Margarita Gebruers a causa de un ataque cardíaco. Tenía 67 años de edad. Había dedicado gran parte de su vida al campo y a su familia.

Cualquiera que la haya conocido coincide en una definición: «Fue una mujer trabajadora y una gran luchadora». Es que desde muy joven condujo las riendas de su establecimiento agropecuario y en ese ámbito formó una familia. Además, fue una ruralista empoderada del Lote XIII. 

Trabajo agropecuario

Desde muy chica, siendo hija única, aprendió todas las tareas rurales trabajando codo a codo con sus progenitores. A los 21 años sufrió la pérdida de su papá y desde ese momento asumió el compromiso de administrar el establecimiento. Allí, fruto del amor, fue madre y tuvo a tres hijas.

Norma Gebruers administró durante décadas el establecimiento «El Porvenir» que heredó de su padre Luis Hilario Gebruers, situado en el lote XIII a unos 15 kilómetros de Winifreda. Trabajaba unas quinientas hectáreas junto a su esposo Ricardo Idraste, su madre Margarita Giusti y empleados rurales.

En 2005, Gebruers había cumplido medio siglo de vida de trabajo agropecuario. En una entrevista con el diario LA ARENA, la chacarera recordó que «nací en ese campo; trabajé y lo ayudé a papá desde muy chiquita porque soy hija única. Mi papá enfermó desde muy joven. A los 40 años tuvo un infarto y desde ese momento sentí que necesitaba mi ayuda. Lo ayudé en todas las tareas que pude. Andaba en el tractor, picaba rejas con la fragua, apartaba la hacienda, araba, sembraba, aprendí todas las tareas del campo que aún hoy sigo desarrollando». «Mi papá me enseñó a manejar la estanciera que teníamos en ese tiempo. Terminé la escuela primaria en el campo. Aprendí a leer y a escribir en la escuela N°173 del lote XIII que nos quedaba a unos 3.500 metros del campo y yo me trasladaba en la estanciera. Hoy la escuela presenta un abandono total y es una verdadera lástima porque ahí está el sacrificio de muchos colonos que en su momento hicieron que ese colegio se reabriera para que nosotros podamos recibir la educación, pero por baja matrícula de alumnos luego se cerró», comentó.

Tres hijas

Los progenitores de Norma compraron un terreno y edificaron una casa en el casco urbano para que ella concurriera al colegio secundario. «Terminé la secundaria a los 21 y me casé. Volví al campo con mi esposo y al año falleció mi papá con 56 años. Heredé todos los bienes, pero sentí que me pusieron sobre mis espaldas la responsabilidad de llevar adelante lo que mi padre había logrado con tanto sacrificio», indicó.

Producto del amor, dio a luz tres hijas: María Celia, Valeria y Georgina. «Yo nunca quise que mis hijas se dedicaran a las tareas rurales porque es muy duro el trabajo de campo. Por eso con mi marido les dijimos que las íbamos hacer estudiar y de chicas les inculcamos que hagan otra vida diferente a la mía. Si algún día quieren volver al campo, ahí lo tienen preparado para seguir produciendo pero prefiero que se dediquen a lo de ellas», confesó. Su deseo se hizo realidad ya que María Celia es kinesióloga, Valeria médica y Georgina ejerce la docencia.  

«Luchen y trabajen»

Por último, Norma dejó un mensaje para las mujeres chacareras: «Luchen, trabajen, no quieran convertir todo de un día para el otro, pero tengan perseverancia que todo sale».

Actualmente, Norma estaba en pareja con Pedro Pablo “Popolo” Gareis y disfrutaba de sus nietos y nietas. El campo del lote XIII lo tenía alquilado.   

Sus restos fueron velados en sala «Da Vinci» del departamento velatorio de la empresa Martín Servicios Sociales y luego trasladados a la necrópolis local. Sus amistades expresaron sus condolencias por las redes y demás medios de comunicación.

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