Las voluntarias winifredenses buscan familias adoptantes para canes que están en el refugio municipal y en situación de calle
Las vecinas Maribel Petengaiser y Valentina Salvetti sienten empatía por los animales indefensos. Cuando toman conocimiento de perros abandonados en la vía pública, enseguida se movilizan para encontrarles familias adoptantes. Este año ya ubicaron a una veintena de canes cachorros. En simultáneo, promueven la tenencia responsable de mascotas y están a favor de las castraciones como política de salud pública. Trabajan voluntariamente y con un fuerte compromiso ético.
Valentina, la proteccionista más joven.
Valentina cursa quinto año del colegio secundario. Relató su primera experiencia con el proteccionismo animal. Todo comenzó cuando su madre, profesora de Técnicas Agrarias, iba en su automóvil a dar clases a otra localidad. «Cuando pasa por los silos de la estancia El Madroño -entre Colonia Barón y Mauricio Mayer- ve una perrita abandonada. Después, la empezamos a cuidar y con el tiempo tuvo seis cachorritos. Dos quedaron con familias de Barón, dos con los chicos que trabajan en la estancia y los restantes los regalé en Winifreda».
Tiempo después intervino en otro caso. «Hace cuatro meses una perra preñada apareció en la balanza pública, ubicada a la vera del acceso oeste de Winifreda. El hombre que trabaja en ese lugar le empezó a dar de comer. Semanas después tuvo diez cachorritos. Cuando me enteré iba todos los días a darles leche, pan, comida», recordó. «Ahí los tuvimos hasta los 50 días de vida. Maribel me ayudó a desparasitarlos y les pusimos un collar. Publicamos sus fotografías en redes sociales y por suerte en menos de un mes logramos un hogar para cada uno», acotó entusiasmada. «La madre quedó en la balanza, no molesta para nada y le dan de comer», resumió. La joven tiene tres mascotas en su casa: dos pastores alemanes hembras y un Shih Tzu.
Trabajo en los barrios.
También, generaron otras acciones. Semanas atrás, las voluntarias estuvieron en un barrio que tiene muy pocas plantas en las veredas. Ese día hacía mucho calor, el termómetro marcaba casi 40ºC. En las calles deambulaban canes sedientos. «Dejamos tarritos atados a los postes para que la gente al verlos pueda llenarlos con agua para que los perros puedan hidratarse. Muchos vecinos colaboran echándole agua a los recipientes. También, dejamos tarritos en la vereda del comedor municipal porque muchas personas van a buscar la vianda con sus perritos, entonces los animalitos pueden hidratarse más otros que pasen a la tarde. De lunes a viernes no les va a faltar el agua», comentaron.
Maribel, por más adopciones.
A su vez, el mes pasado, Maribel se movilizó para buscarle un hogar a Monedita, un perro que vivió diez años en el refugio municipal (perrera) y tiene una discapacidad en una de sus patas delanteras. Su tía Marcela se encariñó con el can y lo adoptó. Ya lo tiene en el patio de su casa donde no para de revolcarse en el pasto. Le brinda caricias y amor. Una historia conmovedora.
«Al principio descubrimos que tenía unas lastimaduras, lo curamos y ahora está feliz», aseguró Maribel. «Ahora estoy yendo todos los días a la perrera porque hay una galga con tres cachorritos de poco más de 15 días. La llevaron ahí porque no sabían con quién dejarla. Les doy pastillas, de comer un alimento especial para cachorros, los veo un ratito a la mañana y a la tarde», manifestó y reveló que «están en adopción».
Una vez que encuentren una familia adoptante, «la idea es conseguirles un hogar al resto de los perros más grandes que están en el refugio, son quince en total aunque en las últimas horas aparecieron cuatro más. Ellos no deberían estar encerrados en un lugar reducido, más allá que están bien atendidos necesitan un hogar, un espacio con tierra, con mucho el pasto, salir a dar un giro y demás».
Castración.
Finalmente, Maribel dejó un mensaje. «Apelamos a la castración de perros. En Winifreda el servicio se brinda gratuitamente en la veterinaria de Franco Prado (la Municipalidad solventa las cirugías). Es importantísimo para no seguir generando más perritos abandonados y para evitar enfermedades transmisibles».
FOTO: Las proteccionistas Valentina Salvetti y Maribel Petengaiser.
Marcela adoptó a Monedita, el perro que vivió 10 años en la perrera.




















