El amor al Girasolero, una pasión que se comparte en familia

En el estadio Miguel Eloy Baldovino, los jugadores del Deportivo Winifreda comparten la foto previa al inicio del partido junto a sus hijos e hijas con quienes ingresan a la cancha tomados de la mano o entre sus brazos. También, se suman niños y niñas que tienen otro vínculo familiar con los adultos.

Este ritual se repite cada domingo de fútbol culturalista. Los pequeños y las pequeñas emocionadas pisan el verde césped y llevan un paño con la leyenda “Girasolero siempre con vos”. Lo muestran orgullosos cuando posan para las cámaras fotográficas junto a la formación que siguen a todas las canchas. Una hermosa postal que les quedará como un recuerdo inolvidable.

José Wiggenhauser (arquero) con su hijo Augusto y su hija Estefanía. 

De fondo se escuchan aplausos y bocinazos, y los futbolistas saludan a la hinchada para agradecer esa confianza depositada. Cuando la pelota empieza a rodar, la cobijan en su pecho, la acarician bajo su piel y con destreza la impulsan al arco y provocan el delirio. Desde atrás del alambrado, los infantes junto a sus madres, abuelos, abuelas, tíos, tías y demás familiares, siguen atentamente las alternativas del juego como una actividad práctica divertida, alientan y celebran los goles de su equipo predilecto. Varios de ellos y ellas ya concurren a las divisiones infantiles del club de sus amores o lo harán en años venideros.

Herencia pura.

Santino tiene 7 años, es hijo de Agustín Pieraligi, capitán del Depo, y concurre al estadio local y a los visitantes todos los fines de semana junto a su hermano Salvador, progenitores y demás familiares. Además, juega en las categorías infantiles. Su mamá, Yanina Moroni, afirmó que «verlo jugar a mi hijo me hace tan feliz. Y verlo jugar con la misma pasión que su papá me genera una mezcla de orgullo, melancolía, felicidad y placer. Herencia pura. Eso se transmite, se vive, se siente». Le agradece infinitamente a su marido por «contagiarme esa pasión y hacerla parte de Santino también. De vos aprende lo que es sentir amor por esto». «Pero que lindo el deporte que tanto enseña. A todos lados acompañando firme», finaliza su posteo virtual.  

Pieraligi, sus hijos Salvador y Santino y sus primitos Ema y Alexis. 

No caben dudas de que el fútbol socializa a todas las edades y ofrece muchos valores, siempre y cuando los adultos eviten las pasiones desenfrenadas que pueden surgir en torno a este deporte, pasión de multitudes. Que la tierna imagen familiar que se observa antes de cada encuentro perdure por siempre en todas las canchas pampeanas. Por muchos más chicos y chicas jugando al fútbol o practicando otras actividades deportivas.

FOTO: Niños y niñas ingresan a la cancha con un paño que dice  «Girasolero siempre con vos». 

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