Tras una larga internación, Atrael le ganó al Covid. Se recupera en Winifreda junto a su familia

La vecina winifredense Nilda Atrael Villafañe, de 55 años, fue diagnosticada con Covid-19, estuvo en terapia intensiva un largo período con requerimiento de asistencia respiratoria mecánica y luego pasó a una sala común. Hace dos semanas que recibió el alta y se encuentra en su hogar realizando rehabilitación para recuperarse definitivamente.

Tiene una pierna y un brazo atrofiados debido a la posición de decúbito prono prolongada durante la internación. Esas complicaciones son tratadas por una kinesióloga cuya labor será clave para que la mujer vuelva a caminar. La paciente resaltó la profesionalidad y la calidad humana del personal de salud, en especial de las médicas terapistas. Sus hijas coincidieron con esta apreciación y no dudaron en afirmar que las profesionales «le salvaron la vida».

En el pueblo todos la conocemos como Atrael. Estaba sentada en la cama junto a sus hijas Luciana y Antonela cuando recibió a este cronista interesado en contar su historia de vida ya que pudo vencer al coronavirus. También se sumaron su esposo Juan Rasch y su hijo Diego.

45 días lejos de su hogar 

La vecina habla suave porque fue intervenida con una entubación y recibió ventilación mecánica. Según contó, los primeros síntomas fueron un estado gripal leve seguido de fiebre alta y fuertes dolores musculares a tal punto que no podía levantarse de la cama. «Luciana me llevó enseguida al hospital, me hisoparon con el test rápido que dio positivo. Me hicieron una radiografía y detectaron una neumonía bilateral (derivada del coronavirus). Tenía los pulmones muy comprometidos», siguió. Permaneció una par de horas internada y luego fue trasladada al Centro Emergente de Asistencia Respiratoria (CEAR) de Santa Rosa donde le indujeron coma farmacológico con conexión a un respirador. «Estuvo en terapia 26 días, un día y medio en Clínica Médica y después la pasaron a la Clínica Modelo donde finalmente le dieron el alta. Desde que se fue de su casa hasta que volvió pasaron 45 días en total», amplió Luciana.

A su madre le empezaron a bajar la medicación en terapia y termina de despertarse en Clínica Médica del CEAR. Atrael tiene presente ese momento. «Viene un médico y me pregunta ´qué día es hoy´. Le respondí 21 de mayo y él me dice ´no, es 18 de junio´. No entendía nada. Una psicóloga y una médica me iban explicando que me tuvieron que entubar y después me hicieron la traqueotomía porque estaba muy comprometida. También me dijeron que tenía todos los órganos en buen estado y como no tomo ninguna medicación eso me ayudó a salir adelante», prosiguió. «Cuando el médico me dice 18 de junio enseguida me acordé del cumpleaños de mi nieta Elena”, quien cumplía 16 años al día siguiente.  

Rehabilitación

El 2 de julio regresó a su casa donde comenzó el camino de la rehabilitación. «Cuando me llevaron del CEAR a la Clínica Modelo lo único que podía mover era la cabeza, las otras partes del cuerpo estaban todas dormidas. Ahora tengo atrofiados el brazo izquierdo y la pierna derecha. La kinesióloga me dijo que me va a llevar un poco más de tiempo porque tengo que aprender a caminar y a pararme. Con la mano derecha ya puedo agarrar un vaso, antes no podía hacerlo», indicó. Luciana aseguró que la kinesióloga Griselda Stroh «viene hasta casa y está haciendo un trabajo súper lindo con mamá. A ella le decimos que tiene todo el tiempo del mundo para recuperarse y nosotras estamos para cuidarla».

Atrael confió que a medida que pasaban los días internada en la capital pampeana «extrañaba muchísimo» a sus hijas, a su hijo Diego, a su esposo y su rutina diaria. «Me levanto a la mañana y lo primero que hago es mandarle un mensaje a mi hija para saber si las nenas están durmiendo o están bien y después me cruzo a lo de mi hijo. Extrañaba muchísimo y más a Juan con quien estamos siempre juntos», dijo.  

«Le salvaron la vida»

La entrevistada resaltó la «amabilidad y humanidad» de médicos/as y enfermeras/os. «Tienen un corazón enorme y te dan alegría. Siempre venían a verme, me hablaban, todos muy amables. Les decía a mis hijas qué distinta es la Salud de La Pampa comparada con otras provincias, realmente hay que estar agradecidos con el trabajo que hace el personal sanitario. No maltratan al paciente al contrario le brindan palabras de cariño», manifestó en base a su experiencia. Contó una anécdota: «Tanto tiempo sin tomar agua en el CEAR, vino una médica a revisarme y le dije que tenía sed. ´Voy a probar con una jeringa y si vemos que la podes beber te voy dando más´, me dijo y así lo hizo. Me dio tres jeringas con agua y después buscó un postre, se sentó en la cama y con una cuchara me daba porciones en la boca. ´Ya está, ahora te vamos a empezar a dar de comer´, me dijo antes de marcharse». A esa profesional la volvió a ver en la Clínica Modelo.

Luciana relató otro momento «muy lindo» en medio de tanto dolor. «Cuando a mamá empiezan a despertarla de terapia, una de las médicas que todos los días me llamaba para darme el parte médico me dice que Nilda preguntaba por Juan. Yo le conté que era mi papá. Al otro día me llama y me pide que ponga el teléfono en alta voz. Y le dice a mamá que Juan estaba bien junto a su familia y que yo cocinaba todos los días. Nos emocionamos con mi papá y con la doctora». Con esa médica «quedó una relación muy linda». 

«Es muy difícil confiar en lo que te dice una persona a la cual no ves. Pero nuestra experiencia fue distinta. Durante 30 días me estuvieron llamando por teléfono para darme el parte médico y siempre me dijeron la verdad y me generaron mucha confianza», declaró Luciana. Y manifestó su gratitud con las doctoras terapistas Palomo, Álvarez y Messler. «Con ellas, a la distancia, generamos una conexión muy fuerte. Estamos muy agradecidos porque la cuidaron a mamá y le salvaron la vida», dijo. Está segura que su madre volverá a movilizarse y a tener una vida normal.

Atrael agradeció «a toda la gente que rezó por mí» cuando su familia había pedido una campaña de oración por su salud. Luciana hizo extensivo el agradecimiento a todas las personas que se comunicaron con su padre de profesión albañil y su hermano también dedicado a la construcción. También mostró gratitud hacia el personal del Lucio Molas, Clínica Modelo, Hospital Juan Smith, Ignacio «Nacho» Martín y su esposa Miriam, ILvia García y Griselda Stroh.  

«No la pude despedir»

Atrael dejó un mensaje. Le pidió a los winifredenses «que se cuiden sobre todo los jóvenes que sean un poquito más conscientes porque muchos lo toman con liviandad pero cuando te toca y estás allá internado ves lo que realmente provoca esta enfermedad». Ella aún no está vacunada. «Tiene que esperar un mes desde el último hisopado negativo, así que el 19 de julio estará en condiciones de recibir la primera dosis», cerró Luciana.

Cuando la paciente despertó tras una larga agonía, una psicóloga le comunicó que su madre Carmen Lucía Ponce, conocida como «Cuqui», había fallecido por complicaciones del coronavirus. Tenía 76 años. «Lamentablemente no la pude despedir, uno trató de cuidarla hasta que se pudo. Ella estaba enferma, venía peleándola y se quedó dormidita. Ahora está acompañándome desde el cielo», reflexionó. Sus hijas le mostraron una nota periodística publicada en este medio sobre la relación cordial que siempre mantuvieron «Cuqui» y Rosita Schulmaister, madre de este cronista. Esta última siempre recordaba el encuentro con su amiga que le permitió conocer a quien fue su novio y esposo. «Te quiero agradecer por haberte acordado, tuviste palabras muy lindas hacia mamá», finalizó Atrael. 

El encuentro de Rosita con Cuqui que le permitió conocer al hombre de su vida

 

 

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