Pablo Curino, neurocirujano que pasó su infancia en Winifreda entre 1971 y 1981 y actualmente está radicado en Bahía Blanca, dialogó con el programa “Posturas”, de Radio 10, sobre su trayectoria profesional, sus experiencias y la compleja tarea de acompañar a los pacientes al momento de comunicar diagnósticos y decisiones médicas.
Curino contó que su padre también ejerció la medicina. «Fue principalmente médico rural. Luego, al radicarse en Bahía Blanca, se especializó en psiquiatría y llegó a ser jefe de esa área en el Hospital Penna», repasó.
Al hablar de su elección profesional, explicó que siempre sintió interés por la neurología. «A la mayoría de los que estudiamos en la Facultad, la parte de neuro le parece compleja. Pero a mí siempre me gustó», señaló.
El neurocirujano también se refirió a la relación cotidiana con la muerte. «La muerte es algo ajeno siempre. La muerte le pasa al otro, nosotros convivimos con la muerte. Más allá de que uno se adapta a eso, siempre cuesta y creo que nunca se termina de asumir esa situación», sostuvo.
En ese sentido, planteó el desafío de mantener un equilibrio emocional frente a situaciones límite. «Es un juego, donde uno no siempre puede estar terriblemente afectado. Pero tampoco alejarse tanto, como para quedar en una situación fría», expresó.
Curino también habló sobre la comunicación con los pacientes y la forma de transmitir una noticia médica. «Hay distintas formas de decirlo. Uno necesita que el paciente llegue bien al quirófano, siendo positivo», explicó.
Y remarcó el principio de autonomía del paciente: «La decisión nunca es del médico, es de la persona. Pero el médico debe explicar toda la situación, los riesgos de hacerlo y no hacerlo».
Foto: «Uno no puede estar terriblemente afectado, ni quedar frío», dijo Pablo Curino.
Pablo Curino y su infancia en Winifreda plasmada en un libro




















