El agua, las formas de encontrarla y las historias detrás de cada pozo fueron algunos de los temas que compartió el pocero Eduardo “Miska” Belke durante el Conversatorio sobre el Agua que se realizó en Winifreda.
La actividad, coordinada por el escritor Omar Lobos y organizada por la Municipalidad y la Cooperativa Eléctrica, reunió distintas miradas y testimonios vinculados con el recurso y su importancia para la vida humana, animal y vegetal.
Del encuentro participaron la licenciada en Geografía y magíster en Estudios Sociales y Culturales Beatriz “Betty” Dillon y el diputado provincial Hernán Pérez Araujo, entre otros invitados y vecinos que aportaron sus experiencias y conocimientos.
35 años.
Uno de los testimonios que permitió recuperar parte de la historia de los trabajos vinculados con el agua en la zona rural fue el de Belke, de 57 años, quien lleva 35 años dedicado al oficio de pocero.
A lo largo de su trayectoria laboral descendió a pozos de más de 100 metros de profundidad y también realizó reparaciones de molinos a gran altura. En un video presentado durante el conversatorio, recordó algunas de las experiencias que marcaron su oficio.
Culebras.
«Debe haber más de 20 pozos abandonados, porque antes los hacían y no encontraban agua. Yo sé dónde están todos», contó.
En una ocasión trabajó en un pozo de 115 metros. Sin embargo, «el pozo más hondo que bajé tenía 145 metros, en cuero y con zapatos gruesos».
El trabajo bajo tierra implicaba enfrentarse a condiciones muy diferentes a las actuales. «Abajo hay mugre, hay alambres, fierros, me ha tocado», expresó, al recordar algunos de los elementos que podía encontrar durante los descensos.
También recordó una situación que experimentó en la profundidad. «Veía una sombra y cuando me di cuenta, la tenía encima: Era una culebra, salían de los huecos».
Hormiguero y orquetas.
Uno de los aspectos que destacó fue la manera en que antiguamente se buscaban los lugares donde podía encontrarse agua. Entre las señales utilizadas estaba la observación del terreno y de los hormigueros. «Veían un hormiguero y decían: ´Acá hay agua buena´».
Pero esa no era la única técnica. Belke explicó que también buscaban agua utilizando «varitas de olmo, sauce y tamarisco» y que actualmente hay personas que continúan recurriendo a ese método.
Reveló el caso reciente de un vecino que no tenía agua y la encontró empleando «una varita y un péndulo» para estimar la profundidad. «Ahí está puesta la bomba sumergible y está re contento», dijo.
Según explicó, otros recurren «a dos alambres de cobre doblados en forma de L». Sobre el método con la horqueta, describió: «Cuando hay agua en el terreno, se inclina hacia atrás, vos vieras la fuerza que hace».
Los cambios.
Con el paso de los años también cambiaron las herramientas disponibles para realizar estos trabajos. «Actualmente en la zona rural el agua está a 20 metros, y en parte está a 8, en parte está a 15», señaló.
Y agregó: «Hoy es todo más fácil con las bombas sumergibles y solares».
Su oficio no se limitó a los pozos. Belke también trabajó en la reparación de molinos. «He reparado molinos a 20 metros de altura», rememoró.
Peligro.
Pero el trabajo de pocero también estuvo marcado por situaciones de peligro. Durante el conversatorio, Belke trajo al presente un accidente sufrido por su padre cuando se desmoronó parte de la estructura utilizada antiguamente para sostener las paredes de los pozos.
Según manifestó, antes se utilizaban tablas de madera de caldén para realizar las calzas. «Las cruzaban y las trababan todas para que hagan pared». Con el paso del tiempo, la madera podía deteriorarse y convertirse en un riesgo. «Un día se baja mi viejo y a los 50 metros, tocó una calza y se desmoronó todo. Quedó atrapado entre medio de la calza». Finalmente «pudimos sacarlo», aunque la situación quedó grabada en su memoria como uno de los momentos de mayor tensión vividos por su progenitor, ya fallecido, durante sus años en este oficio.
El propio Belke también sufrió un accidente mientras estaba trabajando. «A mí se me cayó un bloque de barro y me pegó la cara contra el caño. Me dejó atontado unos 15 minutos», finalizó.
Foto: «Miska» Belke, 35 años de oficio entre pozos, molinos y situaciones de peligro.
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