La Asociación Descendientes de Alemanes en La Pampa realizó un emotivo reconocimiento al vecino winifredense José Mario Herlein, de 79 años, integrante de esa colectividad.
Miembros de la entidad le entregaron una plaqueta en honor a su trayectoria y a su aporte para preservar, transmitir y mantener vivas las raíces culturales de la comunidad alemana.
La actividad se desarrolló el sábado en la vivienda de Marta, cuñada de Herlein, y estuvo encabezada por Oscar Folmer, presidente de la asociación, junto a otros integrantes de la institución: Valeria Moyano, Morena Folmer, Analía Wilberger y Lucila Hein.
Durante el encuentro compartieron mates con la tradicional torta alemana Riwwel Kuchen y, principalmente, una charla con Mario, quien repasó distintos aspectos de su historia familiar y de su vida en el campo.
La plaqueta entregada lleva la siguiente inscripción: “En el Día Del Inmigrante. Concede el siguiente homenaje a Mario Herlein. Por su invaluable labor en preservar, transmitir y enaltecer con orgullo nuestras raíces culturales, contribuyendo al crecimiento y fortalecimiento de nuestra identidad. Ejemplo de trabajo, entrega y perseverancia que honra el legado de nuestros inmigrantes».
Legado.
En diálogo con InfoWini, Folmer explicó el significado que tiene para la asociación reconocer a personas como Herlein.
«Para nosotros significa mucho encontrarnos con quienes son nuestros referentes: nuestros abuelos, padres y antepasados, de los cuales estamos aprendiendo y recuperando gran parte de nuestra cultura. No queremos que se pierda, sino que quede como un legado para las nuevas generaciones. Por eso venimos a entrevistarlos, a darles la palabra, en este caso a Mario, para que nos cuente sobre su vida, su trabajo, la gastronomía y las canciones», señaló.
Sabios.
Folmer sostuvo que los adultos mayores son fundamentales para conservar y transmitir las tradiciones. «Los mayores son los sabios y los portadores de la cultura. A ellos tenemos que entrevistarlos para recuperarla, mantenerla viva y que no se pierda. Ahí es donde encontramos la esencia de quiénes somos, de lo que fuimos y de lo que seremos si realmente practicamos esto que nos han legado», afirmó.
También remarcó que estos homenajes buscan que los mayores sepan que sus historias continúan siendo valoradas. «Y también para que los mayores no se sientan olvidados, que tengan la plena certeza de que pensamos en ellos, queremos escucharlos y aprender de sus experiencias», expresó.
Río Volga.
Mario Herlein tiene 79 años y recibió la distinción con «sorpresa y alegría. Es muy lindo para que todo nuestro trabajo no quede en el olvido», manifestó.
Herlein es descendiente de alemanes del Volga. Sus padres nacieron en Argentina, mientras que sus abuelos llegaron desde la región del río Volga cuando eran muy jóvenes.
«Mi abuela vino en 1885, con 15 años, y mi abuelo era un poco más grande. Se conocieron en Argentina y criaron diez hijos: seis varones y cuatro mujeres», relató.
También recordó una tragedia familiar ocurrida cuando su abuelo tenía apenas 54 años.
«Cayó de la parva y se desnucó. La horquilla era la herramienta que utilizaba todo el día. Se ve que se sintió mal, clavó la horquilla, tuvo un infarto y se cayó. En el golpe se desnucó», recordó.
Fideos con uva.
Herlein pasó prácticamente toda su vida en el ámbito rural. «Toda la vida me crie en el campo y hasta los 70 años viví ahí. Siempre en las tareas rurales, con animales y agricultura», contó.
La gastronomía también forma parte de los recuerdos familiares que conserva y continúa preparando. «Preparo lo que hacía mi mamá: fideos con uva y pan tostado, los Cristian les decían. Eso lo hago, pero no amaso, sino que utilizo fideos 308, que son los que mejor se adaptan», explicó entre risas.

La Asociación reconstruyó su vida.
José Mario Herlein nació en Espiga de Oro el 31 de diciembre de 1946. Sin embargo sus padres decidieron registrar su nacimiento el 1 de enero de 1947, con la esperanza de que pudiera evitar el servicio militar. Finalmente, no tuvo que realizarlo, ya que en el sorteo le tocó bolilla baja.
Segundo de varios hermanos, Mario creció y pasó gran parte de su vida en el campo, en una casa ubicada a la vera de la ruta 10, frente al Lote XIII. Desde muy pequeño conoció el trabajo rural y las costumbres de una familia de origen alemán.
Habla alemán.
Asistió a la Escuela García y a la Escuela N° 104. Cursó cuatro veces primer grado inferior, porque cada año dejaba la escuela para ayudar en las tareas rurales.
Fue el único alumno de origen alemán de su grado y, muchas veces, cuando respondía en esa lengua, las maestras debían recurrir a su hermana para comprenderlo. En su casa, en cambio, el dialecto alemán era la lengua cotidiana.
Mario continuó hablándolo con su esposa, Emilia, hasta su fallecimiento, y todavía hoy conserva el idioma y lo comparte con familiares que mantienen viva esa tradición.
De su infancia rememora los juegos de la escuela, como la payana, el ta-te-ti y saltar la soga, además del kosser, que jugaba en su casa. Pero, sobre todo, recuerda la vida familiar y el trabajo cotidiano en el campo.
También tiene presente la construcción de la casa y los galpones de adobe. La mezcla se hacía con tierra, paja y agua, en un pisadero donde los caballos ayudaban a amasar los materiales. Luego, la preparación se colocaba en moldes y se dejaba secar durante varios días.
Sabores de la infancia.
Los recuerdos de la cocina de su madre ocupan un lugar especial en su memoria. Varenikes de ricota, strudel de dulce de calabaza, tallarines caseros, carne al horno de barro y filsen eran algunos de los platos habituales.
Los sábados también preparaba riwell kutchen y der kreppel, que eran tan apreciados que muchas mujeres del pueblo se acercaban para aprender a hacerlos.
Mario recuerda que su madre no entregaba recetas: «Les enseñaba a cocinar mientras las hacía», dijo.
De a caballo al pueblo.
Durante su juventud, Mario viajaba al pueblo a caballo. Primero tuvo a “Alcalá” y después a “Cohete”, especialmente destinados a esos paseos.
Allí se encontraba con sus amigos y juntos decidían si ir a los bailes del Lote XIII, al club o al cine, que ofrecía funciones los fines de semana y, en ocasiones, también los jueves.
Emilia.
Vivió con sus padres hasta que se casó, a los 38 años, con Emilia Teresa Schrvinsky, de Colonia San José. Se casaron por civil en Winifreda y realizaron la ceremonia religiosa en San José.
Tuvieron un hijo, Víctor, y una nieta, Clementina. Continuaron viviendo en el campo hasta que la enfermedad de Emilia los llevó a trasladarse al pueblo.
A pesar del paso de los años, Mario conserva muchas de aquellas costumbres. Hoy sigue teniendo su huerta, algunas gallinas y pollos, y disfruta de reunirse con amigos y familiares.
«Hay que mantenerse activo», afirma. Mario mantiene, además, la costumbre de acostarse temprano y levantarse antes de que salga el sol, como lo hizo durante toda su vida.
Foto: La asociación desplegó una bandera alemana mientras entregaban la placa a Mario Herlein.




















