Escuela 104 de Winifreda impulsa huerta con reciclaje y compostaje

Ajos, puerros, lechugas y plantas aromáticas ya comienzan a crecer en la huerta de la Escuela 104 de Winifreda.

Además, la institución deposita parte de sus residuos orgánicos en una compostera para producir abono natural que, en el futuro, será utilizado para mejorar la tierra de los cultivos.

Estas actividades combinan educación ambiental, reciclaje y aprendizaje práctico, ofreciendo a los alumnos una «experiencia enriquecedora».

Girsi. 

En diálogo con InfoWini, La directora Lorena Blanco explicó que la escuela participa en el programa GIRSI (Gestión Integral de Residuos Sólidos Institucionales), un proyecto de extensión de la Universidad Nacional de La Pampa. La iniciativa llegó a la institución a través del exalumno Guido Domke, integrante del equipo universitario.

«Durante febrero, Guido y otros integrantes de su equipo capacitaron al personal docente y no docente en clasificación de residuos sólidos urbanos, con el objetivo de fortalecer la economía circular y fomentar prácticas responsables vinculadas al cuidado del ambiente. Luego, las capacitaciones se extendieron a estudiantes de quinto y sexto grado de ambos turnos», explicó la docente.

Huerta. 

A partir de esa experiencia, «un grupo de docentes decidió impulsar una huerta escolar junto a alumnos de primero, segundo, quinto y sexto grado de ambos turnos. Posteriormente, la propuesta se amplió a los estudiantes de cuarto grado de los turnos mañana y tarde». 

Los trabajos comenzaron con la preparación de la tierra y la organización de los espacios de cultivo. Para ello, «se utilizaron cajones, neumáticos y maples de huevos como semilleros, aprovechando un sector del patio donde anteriormente funcionaba el jardín de nivel inicial. La primera siembra fue de ajos porque no requieren demasiados cuidados durante su desarrollo», relató Blanco.

Neumático convertido en semillero. 

Madre colaboradora

La directora recordó que el proyecto atravesó algunas dificultades en sus comienzos. «Tuvimos una mala experiencia porque nos rompieron los sembrados y los cajones. Sin embargo, la situación fue superada y seguimos adelante. Como medida preventiva instalamos una cámara de seguridad», indicó.

La iniciativa sumó la colaboración de Verónica Dagnino, madre de un alumno de la institución, quien aporta sus conocimientos y acompaña a docentes y estudiantes en las tareas vinculadas a la huerta.

«Su participación resulta fundamental en la preparación de la tierra, el acondicionamiento de los cajones y el seguimiento de los cultivos. Ahora ya no solo tenemos ajos sembrados, sino también plantines de puerro y romero, además de hierbas aromáticas como perejil y orégano. También se sembraron lechugas en maples de huevos reutilizados como semilleros, reforzando el espíritu de reciclaje y reutilización que impulsa el proyecto», expresó.

Compostera. 

La escuela incorporó una compostera donada por Guido Domke. Allí los alumnos depositan residuos orgánicos generados en la institución, como cáscaras de frutas consumidas durante los recreos y pequeños restos de pan. El proceso en la compostera se completa con capas de tierra y hojas secas recolectadas por los porteros en los distintos patios del establecimiento. La finalidad es producir compost que luego será utilizado para enriquecer la tierra de la huerta.

«El objetivo es que los alumnos puedan observar y comprender cada una de las etapas de transformación de los residuos orgánicos y que, el próximo año, el compost obtenido sea utilizado para mejorar la calidad de la tierra de los cultivos», señaló la directora.

Aromáticas sembradas en maples. 

Esperan cosecha. 

Para Blanco, la enseñanza de la separación de residuos y el compostaje desde edades tempranas «es muy importante porque promueve valores vinculados al cuidado y el respeto por el ambiente. Además, complementa el trabajo que desde hace años desarrolla el municipio en materia de tratamiento de residuos».

«La escuela mantiene actividades de articulación con el área de Ecología municipal, cuyos integrantes visitan la institución para realizar propuestas lúdicas que refuerzan entre los alumnos la importancia de clasificar correctamente los residuos», profundizó.  

La expectativa es que hacia noviembre o diciembre comiencen las primeras cosechas. «Los alumnos podrán llevar a sus hogares parte de lo producido en la huerta, ya sea cabezas de ajo, puerros o distintas hierbas aromáticas», adelantó.

Matemática y ciencias. 

La directora destacó además que la propuesta trasciende la educación ambiental y se convierte en una herramienta pedagógica que permite integrar contenidos de distintas áreas curriculares.

«A partir de la huerta podemos trabajar conceptos de Matemática, como perímetro y superficie, y temas de Ciencias Naturales relacionados con los seres vivos, los ciclos de crecimiento y el desarrollo de las plantas. Es una propuesta muy amplia y enriquecedora para todos», concluyó.

Foto: Alumnos de la Escuela 104 aprenden a cuidar el ambiente desde la huerta. 

Fabricaron rejillas y repararon mobiliario de la Escuela 104

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