De Malvinas a Winifreda: un excombatiente cuenta su historia

En Winifreda vive Gerardo Omar Pereiro, excombatiente de la Guerra de Malvinas. Era menor cuando ingresó al Ejército Argentino. 

A los 20 años fue convocado al conflicto bélico, cuyo 44º aniversario se conmemoró el 2 de abril. Supo transformar ese duro capítulo de su vida en un camino de reconstrucción.

Pereiro recibió a Infowini en su vivienda y repasó su historia. Nació en Pablo Podestá, provincia de Buenos Aires. «Entré al Ejército a los 14 años por vocación. En esa época se permitía. Comencé a prestar servicios en Campo de Mayo. En 1980 alcancé el rango de cabo primero y fui destinado al Batallón de Aviación y Compañía de Helicópteros de Combate 601, donde me desempeñé como mecánico de aviones y helicópteros», contó.

Cuando estalló el conflicto en abril de 1982, estaba vacaciones. «Mi mamá me despertó porque vio la noticia en la televisión y, al rato, me llamaron por teléfono a la casa de un vecino, a dos cuadras: tenía que presentarme de inmediato en Campo de Mayo», recordó. Sin dudarlo, emprendió el regreso con apenas 20 años recién cumplidos.  

Mecánico y artillero en el frente. 

«Partimos desde Campo de Mayo en 30 helicópteros Bell, similares a los utilizados durante la guerra de Vietnam. Hicimos escala en Bahía Blanca y luego en Comodoro Rivadavia, donde desarmamos las aeronaves para cargarlas en aviones Hércules. Desde allí volamos a las islas, donde las volvimos a ensamblar en tiempo récord», relató.

Ya en territorio malvinense, «nuestra primera base fue un cuartel inglés que ya había sido tomado por las fuerzas argentinas. Durante la guerra más dura integraba una compañía: era mecánico, pero también artillero de puerta. Las misiones asignadas eran llevar municiones, armar patrullas comando y reconocer distintas zonas. Iba armado con una ametralladora; la utilicé en combate, aunque nunca supe si realmente maté a alguien», continuó. «No sentí miedo, sino adrenalina», confió.

Las condiciones eran extremas: «Se comía una vez al día, reforzábamos con mates cocido, leche en polvo y galletas. Llegué a bajar casi 14 kilos».

Pereiro combatió desde el 8 de abril hasta la rendición del 14 de junio, más de 70 días en el frente. Tras la caída argentina, fue tomado prisionero junto a sus compañeros. «Nos llevaron al aeropuerto de Puerto Argentino, donde estuvimos una semana sin comida ni agua. Hay una famosa foto en la que se ve a los soldados caminando para entregar sus armas. Esa caminata fue la más difícil de mi vida», expresó.

Prisión, regreso y nueva vida. 

El regreso al país no fue sencillo. «Hoy creo que nos hubiera hecho falta más contención psicológica, más acompañamiento», reflexionó. A pesar de ello, continuó su carrera militar hasta retirarse en 2012. Luego se radicó en Comodoro Rivadavia, donde desarrolló su oficio como mecánico aeronáutico y, en 2014, abrió su propio taller, dedicado al mantenimiento de aviones para toda la región.

Su esposa falleció a los 37 años y debió criar solo a sus hijos. Con el tiempo, conoció a su actual pareja, Amalia Ternovoy, de Winifreda, a través de internet, en una época en la que las redes sociales recién comenzaban. Esa relación lo acercó a la localidad, donde hoy eligió radicarse definitivamente.

Sobre el futuro de las islas, mantiene la esperanza: «Volvería a las Malvinas si mi país me lo pidiera, pero deberían recuperarse por la vía diplomática y no por la fuerza», concluyó, con la serenidad que dan los años.

Foto: Gerardo Pereiro junto a su pareja Amalia en su vivienda de Winifreda. 

Especial suplemento 111º aniversario de Winifreda. La Arena/Infowini. 

Malvinas: testimonio y muestra de un excombatiente en Winifreda

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