Gustavo Jesús Bernardi lleva una vida nómade desde hace 33 años. Nacido en Venado Tuerto, provincia de Santa Fe, y con 51 años a cuestas, es un viajero incansable que no puede quedarse quieto en un solo lugar. Con franqueza, definió su pasión: «Soy un adicto a viajar».
«Mis comienzos fueron como mochilero, pero no me gustó. Hace 24 años probé con la bicicleta y, durante tres años, recorrí 13 provincias por caminos de tierra. Más tarde seguí a pie: caminé desde General Pico hasta Neuquén. Y desde hace 14 años viajo a caballo. No me puedo quedar mucho tiempo en un solo lugar», contó en conversación con Infowini.
El domingo por la mañana hizo una pausa en Winifreda, en su regreso a La Pampa. Estaba a unos 2.500 metros al este de la zona urbana, al costado del camino de tierra que une la localidad con Mauricio Mayer. Bajo una tupida arboleda, descansaba junto a sus bártulos y los recados de sus dos caballos, que pastaban a unos 50 metros de distancia. Mientras tomaba mate, brindó más detalles de su travesía.
Según manifestó, hoy avanza con dos equinos, uno mestizo con criollo y una yegua cuarto de milla, y cuatro perros que lo acompañan en su recorrido. A sus canes los bautizó León, Morena, Picha y Osito; mientras que a sus caballos los llama Niño y Estrella.
«Llegué a tener hasta 17 perros. Varios se me fueron uniendo en el camino y otros nacieron de una perra preñada a la que hice operar. Los fui regalando», contó.
Su vida es simple y rústica. «Vamos al tranco de los caballos («tranqueando», dijo). Duermo a la intemperie, sobre el recado, con un nylon como única protección ante la lluvia. Ya cambié 24 carpas y no compro más. Me acuesto temprano, apenas cae la noche: mi televisión son las estrellas. Miro mucho el cielo pampeano, que es muy claro, y a las 4:30 ya estamos arriba, mate en mano y sin apuro».
Para sostenerse, «hago changas en los pueblos, como albañilería, trabajos rurales o lo que aparezca». También, recurre a la caza silvestre. «Voy bichando para sobrevivir, ya estoy cansado de comer peludos», dijo con naturalidad.

Hace 14 años que viaja a caballo.
Dos infartos.
«El invierno pasado estuve en la Colonia Menonita de Guatraché, el anterior viajé hasta Salta y el otro a Tafí del Valle», rememoró. Sin un destino fijo, sus planes cambian sobre la marcha. «Ahora tenía pensado ir a Santa Cruz, pero me surgió una changa en San Luis y me están llamando para ir. En el camino voy haciendo amigos, y con respeto se puede llegar a cualquier lugar», agregó.
Al ser consultado sobre el momento más difícil que le tocó atravesar, respondió: «Hay uno que no me puedo olvidar. Mientras caminaba desde General Pico hacia Neuquén, estuve tres días sin tomar agua. Estaba resignado. Me llevaron hasta una salita de primeros auxilios donde lograron rehidratarme. En esa época tenía dinero en el bolsillo y ahí me di cuenta de que la plata no sirve para nada si no tenés lo esencial».
Pese a las dificultades -atravesó dos infartos y fue intervenido quirúrgicamente-, aseguró que «estoy bien» de salud y decidido a seguir adelante. Bernardi confió que tiene familia, pero su vínculo con ellos es distante. «No me hablo», expresó.
Solidaridad.
Sobre las enseñanzas que le deja el camino, fue contundente: «La gente más humilde es la que realmente te da cosas de corazón».
Entre sus pertenencias lleva un teléfono celular que recarga con una pequeña pantalla solar. Ambos elementos, según contó, «me los regalaron» durante los viajes.
Un vecino de Winifreda, vinculado al ámbito ecuestre, mostró su solidaridad acercándole alimentos, ropa, harina e incluso cigarrillos. También, le cargó el celular en su casa, ya que en días nublados la pantalla solar no funciona plenamente. «Estuve conversando un rato con él y quedó muy agradecido», señaló.
Foto: Gustavo Bernardi se detuvo en un camino vecinal.
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