El viernes 9 de enero, la vecina Anselma «Neka» Bonkovki, de 75 años, puso fin a una etapa que marcó veintidós años de su vida. Ese día fue su última jornada laboral en la sala velatoria de la Cooperativa Eléctrica de Winifreda (CEW).
Con su habitual discreción, como siempre caracterizó su actuar, la mujer se despidió del espacio donde acompañó en silencio y con respeto a cientos de familias en los momentos más difíciles e incluso dio el último adiós a familiares directos suyos.
Fuerte y emprendedora.
Al día siguiente, Infowini conversó con ella en su hogar.
«En la cooperativa trabajé 35 años en total. Ingresé en 1990, cuando tenía 40 años, y ahora tengo 75», manifestó al repasar su trayectoria laboral que pasó entre escobas, llaves, madrugadas y despedidas.
Su recorrido dentro de la entidad fue amplio. «Siempre trabajé en tareas de limpieza, comenzando con el mantenimiento de las instalaciones centrales. Más tarde, pasé al sector del agua potable, hasta que, a comienzos de 2004, me ofrecieron la limpieza de la sala velatoria. No lo dudé y dije que sí», contó sobre su reacción.
Explicó su decisión diciendo que se consideraba «una persona fuerte y emprendedora, y pensaba que la persona que falleció no me va a hacer nada».
En ese espacio trabajó junto a los funerarios Juan Schiebelbein (ya jubilado), Claudio Badini, Pablo «Peki» Ponce y «Nacho» Martín. «Fueron compañeros irreparables», afirmó con la voz cargada de gratitud.
Impecable.
En la sala velatoria no tenía horarios. “Neka” estaba disponible siempre que la necesitaran sin importar la hora del día o de la noche. «He trabajado a las dos o tres de la madrugada. Preparaba todo: encendía las luces, repasaba el piso, barría la vereda. Luego, ayudaba a los muchachos a colocar el cuerpo en el ataúd y también les dejaba todos los materiales que ellos necesitan para sellar el féretro», relató.
Para ella, lo más importante era «siempre tener todo limpio». Por eso apenas terminaba un velorio, «limpiaba de inmediato, porque tal vez media hora después podía surgir otro servicio y me volvían a llamar».
Respetuosa.
Hubo años intensos. «En un mes de mayo, se realizaron ocho velorios», recordó. «Eso fue lo máximo», señaló.
El trato que tuvo con los familiares de los fallecidos fue siempre respetuoso. «Fueron muy amables conmigo, me trataron bien», aseguró. No obstante, el peso emocional existía. «Lo que más me dolía eran las despedidas a los bebés, a los niños… Y también a vecinos queridos y familiares. Yo velé a mi propia sobrina, que falleció en un accidente en la ruta», rememoró, enumerando pérdidas que quedaron grabadas en su memoria.
«Estoy jubilada desde 2012, cuando tenía 61 años, con los aportes que me hizo la cooperativa. Pero decidí seguir trabajando bajo la modalidad de contratada», dijo, sencilla.
Sucesora.
La decisión de retirarse de la sala velatoria la tomó luego de uno de sus últimos servicios. «Me preguntaron cuánto tiempo llevaba trabajando y respondí 22 años y 35 en total en la cooperativa. Y que, si alguien estaba interesado en este puesto se lo daba. Semanas después, María José Herlein me preguntó si era cierto que pensaba dejar y le dije que si porque ya llevaba muchos años y estoy grande. En ese momento me expresó su interés en realizar mi trabajo». A su futura sucesora la describió como una persona «muy decidida».
«Cumplí con mi deber».
Hoy, “Neka” mira hacia adelante con calma. «Cumplí con mi deber, ahora vivo bien junto a mi marido Osvaldo. Sigo vinculada a la iglesia luterana, donde desde 1985 me encargo de la limpieza y la organización de los cultos. Además, participo con la cooperadora en la venta de empanadas una vez al mes», expresó, dejando claro que se mantiene activa.
Foto: «Neka» cumplió 22 años de servicio silencioso en sala velatoria de la CEW.




















