Sergio Pieraligi, una vida dedicada a la veterinaria en Winifreda

 

Sergio Pieraligi repasa sus 38 años de profesión en Winifreda entre madrugadas, partos y “amigos-productores”

Sergio Gustavo Pieraligi lleva 38 años ejerciendo como veterinario en Winifreda. Solo una vez sintió miedo: fue cuando estuvo cara a cara con un toro que, según afirmó, «me perdonó la vida». A sus clientes los percibe como «amigos-productores».

En diálogo con Infowini, mientras compartíamos mates, enseguida recordó que «desde los 8 años ya decía que iba a estudiar veterinaria. Mi amor por los animales y el campo se convirtieron en mi vocación. Es una pasión que me acompaña desde siempre».

Cursó el colegio secundario en la Escuela Normal de Santa Rosa, y luego continuó sus estudios universitarios en General Pico, donde se recibió de médico veterinario en 1987. Ese mismo año, junto a su esposa, quien trabajaba como maestra jardinera, decidió radicarse en esta localidad, que se convertiría en su lugar de pertenencia y desarrollo profesional.

Primeros tiempos. 

Inicialmente vivieron frente a la ex fábrica de quesos La Lomita. Pieraligi abría su primera veterinaria en un espacio cedido por Julio Platner, ya fallecido Su esposa, en tanto, daba clases en la Escuela 104, en Mauricio Mayer y El Destino.

Pieralegi evocó esos comienzos con gratitud. «El derecho de piso nunca lo sentí. Había otros tres colegas, siempre mantuve una excelente relación con ellos al igual que con los actuales», aseguró.

A comienzos de la década del 90, Pieraligi logró comprar su vivienda actual e instalar definitivamente la veterinaria. Esos años trajeron también uno de los momentos más difíciles de su vida. «Me estafa una firma feriera con tres jaulas de hacienda. Fue muy duro, tuve que arrancar desde menos cero y con dos hijos chiquitos, pero las ganas de trabajar nunca se perdieron», contó. «Los proveedores de medicamentos siguieron abasteciéndome incluso vinieron a verme los dueños de dos empresas y me alentaron a seguir adelante. Cuando estás en tu peor momento y alguien te da una mano, eso no se olvida jamás», reflexionó.

Su esposa dejó la docencia para encargarse de la atención de la veterinaria. «A mí me gusta trabajar con los animales; los precios y el mostrador no son lo mío», admitió el entrevistado.

«Amigos-productores». 

El primer “amigo-productor” que requirió sus servicios fue Avelino Lanz. «Me vino a ver por una cesárea a una vaca que no podía dar cría y desde ahí se mantuvo el vínculo durante muchos años», indicó.

Hoy, Pieraligi atiende unos 30 campos y trabaja junto a su hijo mayor, quien también es veterinario. «Es muy lindo compartir la profesión con mi hijo, aunque los dos somos de carácter fuerte y tenemos discusiones propias de dos generaciones», confió.

A lo largo de sus 38 años de labor, fue testigo de grandes avances en la medicina veterinaria, como la inseminación artificial con semen sexado y el fortalecimiento de campañas sanitarias que redujeron a su mínima expresión enfermedades como la brucelosis.

«Me perdonó la vida». 

También, vivió situaciones límite, como aquel día en que «un toro con cuernos, cuando le terminé de hacerle un raspaje, me enfrentó a un metro de distancia y me perdonó la vida».

Presente. 

A punto de cumplir 65 años, Pieraligi trabaja sin horarios fijos y sin fines de semana. «Nunca tengo pereza para salir a cualquier hora. Una vaca no puede esperar. He atendido partos a las 3 de la madrugada y bajo la lluvia. Gracias a Dios mantengo esta energía como el primer día», enfatizó.

Foto: «Desde niño sabía que iba a ser veterinario», dijo Sergio Pieraligi.

Suplemento especial de Winifreda Fin de Año 2025. La Arena/Infowini. 

Por primera vez se prueba la fertilización in vitro en campos de Winifreda

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