Entre las estrechas callejuelas adoquinadas y los edificios milenarios del histórico casco de Heidelberg, la ciudad con la universidad más antigua de Alemania, un restó colorido llama la atención ya desde su nombre, ajeno a la tipografía germana: Che Pana.
Su denominación comercial es una invitación directa para los latinos quienes podrán encontrar todo el sabor de Argentina y Venezuela en ese local, aunque se encuentren a miles de kilómetros de distancia de sus casas.
A pocas calles del famoso castillo, en la Floringasse, Che Pana abrió sus puertas en un local que, durante décadas, fue la vinoteca predilecta de los residentes de la ciudad.
Tomás Martino, oriundo de Alta Italia, La Pampa, un pequeño pueblo argentino de apenas 1.500 habitantes, y Raphael Pulgar Schwartz, caraqueño de espíritu inquieto y alma venezolana, se enteraron de que la vinoteca había cerrado durante la pandemia. Con esa noticia en mano, decidieron revitalizar el establecimiento, dándole una nueva vida y propósito.
«Nos conocimos en Alemania, y lo que comenzó como una amistad espontánea se transformó en un proyecto de vida: un bar que rinde homenaje a nuestras raíces, nuestros sabores y la energía de nuestras tierras natales», relató Tomás.

Menú incluye milanesa, arepas y tequeños venezolanos.
«Levantamos un pequeño rincón que vibra al ritmo de América del Sur en septiembre de 2022. Es un espacio íntimo, lleno de aromas, calidez y sabor, nacido de nuestro sueño compartido, viniendo de mundos distintos pero con corazones afines», agregó Raphael.
Así nació Che Pana: una fusión de expresiones, culturas y platos típicos, donde conviven empanadas argentinas, tequeños venezolanos recién fritos, vinos del sur y rones del Caribe. Todo servido en un ambiente relajado, con música cálida y un servicio que prioriza el trato humano.

Tomás y Raphael en el frente de su local.
Ya en la entrada, cualquier visitante proveniente de Argentina se sentirá como en su casa. Los murales de Lionel Messi y Diego Maradona dan la bienvenida, evocando el espíritu familiar. En lugar de optar por la tradicional cerveza alemana, es posible disfrutar de un Fernet con cola, y si el hambre llama, incluso se puede comer milanesas, todo un hallazgo en estas tierras dominadas por las salchichas.
«Más allá del menú, es un lugar donde celebramos el encuentro: de culturas, de historias y de personas. Para nosotros, es la prueba viva de que la amistad puede cruzar fronteras y convertirse en algo tangible, sabroso y duradero», sostuvo el venezolano.
«Siempre dijimos que queríamos crear un lugar que se sintiera como en casa, tanto para nosotros como para quienes vienen. Y así fue. En Che Pana no hay clientes: hay panas, hay che… hay comunidad», expresó Tomás.
El restó es un descanso para los visitantes que no hablan alemán. Incluso desde afuera se escucha la música de Soda Estéreo. Si es un día de fiesta patria, hay folklore, o música del caribe venezolano.
«Estamos creando una fusión entre la comida venezolana y argentina, con sabores únicos que nacen de esta mezcla cultural que nos define», afirmó Raphael.

Empanadas argentinas en Alemania.
Como parte de la propuesta, elaboraron una arepa rellena de carne argentina cocida a la parrilla. Los latinos, una comunidad considerablemente grande en esta ciudad, suelen reservar con antelación para reunirse entre ellos. O conocer gente nueva de su misma latitud.
«Por suerte, sentimos que la gente nos acompaña en cada proyecto que encaramos: música en vivo, jazz sessions, torneos de truco, transmisiones de fútbol… y lo más lindo es que logramos formar un equipo de trabajo increíble, donde todos tiramos para el mismo lado», manifestó Tomás.
Con este espíritu, los dos socios adquirieron un food truck que les permite llevar Che Pana a distintos lugares y eventos. Cada miércoles recorren pueblos cercanos a Heidelberg, llevando su propuesta gastronómica a nuevas zonas. Ya han visitado localidades como Sandhausen y Nussloch, entre otras de la región de la Selva Negra.
«Un poco más de dos años Che Pana se convirtió en la casa de muchos latinos que están lejos de sus países, y también en la de muchos alemanes que quieren conocer nuestra cultura», dijo Raphael.
«Es algo único en la ciudad. El único bar sudamericano. Y el ambiente que se genera, sinceramente, es muy difícil de describir. Es hermandad, es sentirse en casa», acotó Tomás en el final.
Foto: Tomás Martino, uno de los fundadores de Che Pana, restó bar latino en Heidelberg.
Crónica de María José Lucesole para Revista Lugares del diario La Nación.
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