Marcela Rainhart de Winifreda: una vida dedicada al campo

Marcela Rainhart tiene 38 años y es productora agropecuaria. Trabaja desde los 18. Vivía en Winifreda hasta que, como a todos, la sorprendió la pandemia: los viajes constantes de ida y vuelta se tornaron engorrosos y poco prácticos. Fue entonces que decidió mudarse sola con su hijo al campo, ubicado en Colonia Inés y Carlota, a 60 kilómetros de Santa Rosa. 

Rainhart habló con La Agrícola y contó su experiencia, que incluye desde capar terneros hasta manejar maquinaria pesada, todo con un hijo de 11 años a cargo. «Las fuerzas no son lo mismo, pero si lo puedo hacer, lo hago», afirmó segura, dejando en claro que la ruralidad no admite etiquetas cuando se trata de sacar adelante una producción.

-¿Por qué decidiste instalarte en el campo? 

-Ahora estoy residiendo en el campo de mi papá. Mi hijo viene a la escuela de campo acá, en Colonia Inés y Carlota. Me vine al campo por una cuestión de que en pandemia te restringían mucho los horarios de la vuelta y llegaba como a las 10 de la noche a casa. Y por una cuestión de comodidad: yo acá en el campo tengo luz, tengo internet, tengo todo. Y me gusta el campo.

-Te fuiste sin tu pareja, ¿no? 

Sí, yo me vine y él estuvo muchos años trabajando como empleado con unos contratistas. El año pasado él dejó y se vino conmigo. Antes él iba cuando llovía o cuando terminaba la cosecha o los fines de semana. Si no, yo estaba sola con el nene acá. Es cuestión de acostumbrarse. Todas las cosas que había que hacer en el campo o venía mi viejo y me ayudaba un poco o me indicaba y yo salía. Pasar la rastra y sembrar, eso lo hacía yo, hasta que vino mi pareja y él ahora se ocupa de lo que es la parte agrícola. De la parte más ganadera me ocupo yo.

-¿Qué produce el campo?

-Ahora estamos haciendo siembra de verdeo de invierno. Eso lo hace mi pareja. Yo me ocupo más de los animales: yo capo a los terneros. ¿Viste que hay muchos que contratan veterinarios? Bueno, eso lo aprendí y lo hago yo. Se pone medio bravo ahora el tema del invierno por los fríos. Pero ya hace años que estoy en el campo y es cuestión de acostumbrarse a las temperaturas.

-¿Cómo te formaste para trabajar en el campo? 

-Me faltó un año para terminar la secundaria. Yo quería venir al campo. Y lo que aprendí, lo que sé, es a la par de mi papá. Sí hice un año de asistente de veterinaria, me recibí. Los cursos que hice eran más para los pequeños animales, mascotas. Para grandes animales aprendí a la par de un veterinario cuando vino a vacunar, o vas preguntando. Ponele, el tema del tacto, yo no lo aprendí. Me faltaría eso porque vacunar, capar, descornar y todo eso lo hago yo. Ahora en el invierno se vienen las carneadas también, que eso a mí me encanta. Y lo que es facturas y esas cosas, chorizos. Hace un año que no hago morcillas o quesos de chancho, pero hacemos todo lo que es chorizo para hacer el seco.

-¿Qué animales y cultivos tenés?

-Tengo vacas, unas doce ovejas, gallinas, patos, gallaretas, gatos. Hace cuatro meses que el pobre viejo se me fue, así que agarré el campo donde estaba mi papá, que allá se trabaja con casi 200 vacas. Es un campo de 321 hectáreas y acá son 148. Acá yo trabajo con 64 animales más lo que es el terneraje. Ahora estoy ocupándome de los dos campos. Acá se hace maíz, porque después se aprovecha el rastrojo para las vacas. Se usa para la ración del animal más chico. Trigo no mucho. Ahora se sembró cebada, avena con vicia, triticale, todo lo que es verdeo para el invierno. 

-¿Siempre quisiste hacer lo que estás haciendo ahora?

-Sí, eso sí, porque yo estaba “encachilada” que yo quería trabajar en el campo con mi viejo. Lástima… mi viejo pasó por una enfermedad, se fue antes porque las cosas eran a la par. Él me ayudaba acá y yo ayudaba allá. Me acostumbré a tener más animales, más hectáreas. Es cuestión de acomodarse. También es el tema de los horarios con el nene mío, que va a la mañana. Después de comer me voy al otro campo. Si puedo voy día por medio o cada dos días. En el otro campo quedó la mujer de mi papá. Ella me atiende las aguadas que en el verano estaba medio complicado porque entre que no hay mucho viento y los calores que hizo, se necesitaba a los tanques de los molinos tenerlos llenos. Pero es cuestión de acomodarse. 

Marcela trabaja diariamente en dos campos. 

-¿Y tu hijo también se acostumbró?

-Se acomodó re bien. Prácticamente, se crió conmigo en la camioneta porque yo cuando quedé embarazada a los 27, dejé un año de trabajar con mi viejo y a los cuatro meses de él arranqué otra vez y me había cargado la sillita y llevaba todo arriba de la camioneta. Íbamos al campo de mi papá y a la tarde veníamos acá, llegaba a las 10 de la noche, lo bañaba. Era más pegote de mi papá porque el anteaño pasado le enseñó a hilerar, así que él ya lo había largado solo. Te anda en los tractores, anda en la hileradora. Y ahora en la cosecha de la fina que pasó, el nene mío salió de carrero y el padre se fue con la máquina, así que andaban los dos. Se van haciendo de chiquitos.

-En estos años, ¿cuál es el desafío más grande que tuviste que enfrentar?

-La partida de mi viejo. Porque se fue hace cinco meses y teníamos cosas armadas. Eso fue lo que más me costó. No otra cosa. Quedarme sola en el campo o hacerme cargo de otras cosas, no lo pasé tan mal como que se haya ido mi viejo a los 57 años. No era un hombre grande. Nos llevábamos nada con mi papá.

-¿Tenés hermanos? 

-Sí, tengo cuatro hermanos. En su momento habíamos arrancado mi otro hermano y yo en el campo. Mi hermana, la que sigue de mí, está juntada con su pareja y hacen picado de embolsado. Y mis dos hermanos, el que estaba conmigo se fue y puso un restaurante en Winifreda. Mi hermana es la que me ayuda: me lleva toda la parte de papelerío. Y ahí vamos.

-¿Y el hecho de ser mujer en el campo no te representó un desafío? 

-No, eso no. Yo prácticamente me crié entre hombres. Porque estaba mi viejo, en ese tiempo por ahí cosechaba y llegaban los camioneros. Yo andaba en los carros y tenés que hablar con ellos. Además, la gente era toda conocida. A mí me da lo mismo. Las fuerzas no son lo mismo, pero si lo puedo hacer, lo hago. Lo otro, qué sé yo, uno se acostumbra.

Foto: Marcela Rainhart corta leña con motosierra, entre otras tareas.

Crónica e imágenes Revista La Agrícola/Más Industrias.  

La experiencia y el trabajo de Mirta Castañeira en el campo de Winifreda (Video)

Facebook