Winifredense visitó museo de Vairoleto

El lugar describe trazos puntuales de la vida de emblemático bandido rural. 

El escritor y profesor de letras de Winifreda, Daniel Pellegrino, visitó recientemente el Museo Municipal “Juan Bautista Vairoleto” ubicado en el edificio del antiguo ferrocarril en San Pedro del Atuel, Mendoza.

En esta crónica nos relata el material exhibido en el lugar para celebrar la vida de este emblemático bandido rural que tiene admiradores y detractores en La Pampa y en la provincia cuyana. 

Museo. 

El sábado 23 del pasado mes de noviembre, en Carmensa (San Pedro del Atuel, como lo siguen llamando los vecinos), se inauguró en la estación del ferrocarril el museo Juan Bautista Vairoleto (1894-1941). A pocos metros, en el ex galpón N° 1, se halla el Museo de Ciencias Naturales “Rafael Reinoso”.

El pequeño museo Vairoleto elige un momento sobresaliente de atracción. En una maqueta se recrea el asedio final, en su rancho de la Toma, por parte de la policía pampeana; y a un lado, en una vitrina se exhibe el Colt.45 con el que se suicidó.

Rafael Reinoso fue un hombre de campo que durante toda su vida se dedicó a la preservación (taxidermia) de los animales autóctonos de una vasta zona que abarca sur de Mendoza y oeste de La Pampa. El museo que lleva su nombre guarda una gran cantidad de sus trabajos sobre animales salvajes, de los arrabales de los pueblos, domésticos, de las lagunas y del río Atuel. También hay una colección de insectos.

 

Vairoleto y su hábitat. 

Es interesante imaginar que Vairoleto, antes de que cortaran el río, ha convivido con semejante variedad de  animales de la tierra, el agua y el aire. Toda una región  donde buscó refugio y seguramente provisiones y descanso.

Ya, el militar chileno Luis de la Cruz, en su cruzada en busca de la capital de virreinato, Buenos Aires, anotaba en su diario de viaje a las orillas del Chadileuvú (Jornada XXII, 23-5-1806): «Su ribera es de enea o batru, y carrizo; por ambas partes forma algunas preciosas islas (…) Hay abundancia de cisnes, coscorobas, que es una semejanza a nuestros gansos, flamencos, patos, cuervos, garzas y otras muchas aves. En la ribera hay cerdos alzados, según dicen los indios: he visto osamentas y pisadas».

Y luego de la falta del río, así como de la ruptura ecológica irreversible, la sombra de Vairoleto siguió creciendo.

El periodista Bautista Franco escribió, en referencia al predio donde Vairoleto pasó sus últimos años: «En septiembre los pobladores de Mendoza y La Pampa tomaban el rancho, un gran festival en su honor con torneos de taba, milongas camperas, ofrendas al bandido, muletas, sombreros, un látigo, joyería, una faja, unas botas, unas flores de tela que hacía mucho que estaban, el barro de las paredes, el ruido de la fiesta que estaba por todas partes… Luego un abogado se apropió de los terrenos y el juicio se perdió en el tiempo y la burocracia», (revistakm0.com/2022/09/14/el-ultimo-tiro-de-bairoletto).

En Santa Isabel, desde 2017, se levanta el monumento ecuestre de Vairoleto, titulado “Perseguido”, obra del escultor Armando C. Poggi.

Fetiche. 

El sociólogo Fabio Erreguerena consagró una serie de estudios a su legendario abuelo. Concluye que Vairoleto es «una imagen del gaucho de gran libertad, arrojo y bravura»; alguien quien «contiene valores de rebeldía, libertad e insolencia que la posicionan en un espacio opuesto al discurso hegemónico dominante». 

Pasa el tiempo y Vairoleto es cada vez menos un bandido rural que un «santo», es decir, una especie de fetiche religioso al que llenan de agradecimientos, como lo revelan las ofrendas en su templete-tumba del cementerio de General Alvear.

Foto: Daniel Pellegrino en el interior del museo. 

Crónica Infowini/La Arena. 

Especial fin de año 2024. 

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