Con sonido de flauta volvieron los afiladores a Winifreda

Muchos habitantes winifredenses escucharon ayer un sonido que no provenía de un emisor animal o humano sino de un instrumento, más precisamente de una flauta.

Las personas adultas enseguida entendieron que la melodía anunciaba que se acercaba el afilador de cuchillos, tijeras y otros elementos cortantes desafilados. Este oficio no abunda y continúa resistiendo el paso del tiempo. Quienes lo ejercen aparecen muy de vez en cuando. Para muchos jóvenes es totalmente desconocido. Y más llamativo aún es que, en estos tiempos donde impera la tecnología, sea realizado por un padre de 38 años y su hijo de 20 años. 

Padre e hijo. 

Ambos caminaban por las calles de la localidad junto a sus respectivas bicicletas que ofician de talleres andantes. El más joven fue visualizado en horas del  mediodía en la calle Alsina por el cronista de Infowini que le dio un cuchillo para que lo afilara en el patio de su vivienda. «Me llamo Santiago Aranda, tengo 20 años, y estamos con mi papá Maxi de 38 años, me tuvo bastante joven», dijo entre risas y a modo de identificación mientras desarrollaba su trabajo.

«Somos de Rosario, Santa Fe, y nos dedicamos a este oficio. Hace un mes que estamos fuera de nuestra casa, estuvimos trabajando en la Patagonia, en el centro de Neuquén, y ahora estamos regresando a nuestros pagos, pero en diciembre-enero (venideros) volveremos a Winifreda para que la gente nos tenga en cuenta cuando escuché nuestra flautita», continuó. Enseguida tocó el instrumento que se denomina siringa y que emite el sonido característico del afilador. Santiago dijo que aprendió el oficio «de mi papá que a su vez lo aprendió de su suegro».

Bicicleta-taller. 

Comentó que su medio de transporte es una bicicleta playera, rodado 26, diseñada especialmente «para afilar tijeras de peluquería, de podar, de cortar telas, cuchillas, cuchillos, palas, machetes, hachas, cualquier cosa que no tenga filo menos serruchos».

A la altura del manubrio un fierro sostiene dos piedras que están conectadas por una correa a una rueda más chica colocada cerca de la rueda trasera. Ese sector tiene una estructura metálica desmontable que eleva la rueda y esto provoca que la bicicleta permanezca en un mismo lugar cuando se pedalea. «Cuando yo pedaleo giran las dos piedras, una es para rebajar y la otra para zanjar y pulir. También, llevo una pequeña canasta con herramientas, la botellita con agua y así vamos», manifestó. Mientras hablaba, chispas y un ruido estridente brotaban con la fricción del metal y las piedras, hasta que finalmente el cuchillo quedó como nuevo.

«Mucha gente grande se acerca para darnos trabajo y también muchos jóvenes me preguntan a qué me dedico. Los chicos cuando salen de la escuela escuchan la flauta y varios me quedan mirando pensando qué hará este, en cambio a los adultos les hace recordar mucho su infancia cuando seguramente predominaba este oficio», analizó la reacción del público.

Regresaron los afiladores a las calles de Winifreda. 

Vida ambulante. 

De Winifreda partieron hacia Trenel. «Nos movilizamos en auto con las bicicletas desarmadas, no hay problema, guardamos todo y vamos hasta el siguiente pueblo», indicó el joven. Con su padre llevan una vida ambulante dedicándose a esta profesión. «Salimos de casa el 28 de octubre, ya hace un mes que andamos viajando y afilando, el sábado estaríamos de nuevo en Rosario donde también afilamos en localidades cercanas», expresó. En el camino no han sufrido episodios de inseguridad, «algún que otro irrespetuoso pero nada más».  

En el final, Santiago manifestó sentirse «bastante bien» con su trabajo al que consideró «fuera de lo normal, pero me gusta, de paso voy viajando, conociendo mucha gente y muchos lugares lindos de mi país».

Foto: Santiago Aranda trabaja sobre su taller andante. 

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