Valentina Rertcher aplicó para el programa Au Pair y desde febrero de este año cuida a dos niñas de una familia estadounidense que le brinda alojamiento, comida y le paga en dólares. Mientras trabaja como niñera, la winifredense perfecciona el idioma inglés, tiene la posibilidad de sumergirse en una nueva cultura y ya cosechó amistades con chicas de distintos países.
Valentina mantuvo una larga charla telefónica con Infowini desde la ciudad de Seattle, situada al noroeste del Estado de Washington, donde vive con su familia anfitriona y festejó sus 23 años el 6 de mayo.
Tras un sueño.
«En 2019 encontré el programa Au Pair en una publicidad de Yotube, es una palabra francesa que significa A la Par, y trata básicamente de cuidar a niños de una familia americana. Hay varias agencias que trabajan con el programa, yo me postulé y viajé a través de Cultural Care cuya sede en Argentina se encuentra en Córdoba, Capital», comenzó diciendo.
«Exigen un montón de requisitos: licencia de conducir, pasaporte, ser no fumadora, estar libre de antecedentes penales, acreditar 200 horas de cuidadora de niños y tener una conversación fluida en inglés; esto último fue lo único que a mí me frenó, por eso tardé cuatro años en convertirme en una au pair porque no tenía buen nivel de inglés», siguió.
«En 2019 viajé a Córdoba donde me hicieron la primera entrevista presencial en inglés y me rechazaron. Después de eso, empecé a especializarme tomando cursos virtuales, mirando videos y cuando me iba sintiendo más preparada llamaba a la empresa para pedir una entrevista en inglés y me seguían rechazando. Obviamente eso me dejaba sin ánimo y llegué a pensar que esto no era para mí así que guardé todos los libros. Luego, llegó la pandemia y como no se podía salir del país dejé este proyecto en stand by», continuó.
Superado el encierro hizo un nuevo intento. «El año pasado me contacto por Instagram con una profesora de inglés de Corrientes que hace cuatro años atrás había trabajado de niñera en EEUU como au pair y ahora prepara a chicas que quieren hacer este programa. Realmente me cayó del cielo porque me enseñó vía virtual y en solo siete meses avancé muchísimo a tal punto que volví a llamar a la empresa y aprobé la entrevista en inglés».
Cumplía su objetivo. «Armé un perfil con fotos mías y mi experiencia laboral con niños y desde el programa lo pusieron en línea. Mantuve entrevistas en inglés con unas diez familias de distintos lugares de EEUU. Finalmente di con una familia de Seattle, con la que estoy actualmente, compuesta por madre, padre y dos niñas de 3 y 5 años. Con los adultos también tuvimos cinco entrevistas por video llamadas, por ese medio hablé con su niñera anterior y en la última conversación estaban presentes las niñas para que me conozcan e intercambiamos preguntas sencillas, de entrada nos caímos bien», recordó.
«Me aceptaron porque les gustó mi personalidad, la manera en que me expresaba, mi simpatía. Sentimos buenas vibras y eso es un plus porque vas a formar parte de una familia que no conoces entonces es fundamental llevarse bien enseguida», prosiguió. Consultada por qué una familia de EEUU quiere a una niñera de otro país, Valentina respondió: «Muchas veces es por el intercambio cultural, ellos también quieren conocer a otra persona, que le enseñe a sus hijos otro idioma y por una cuestión de costos. A través de este programa es mucho más barato para ellos acceder a una niñera».

En la Aguja Espacial, el principal monumento de Seattle.
Familia anfitriona.
La pampeana obtuvo la visa para visitantes de Intercambio J-1 en la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires. El 16 de febrero de 2024 se subió al avión rumbo a su nuevo destino. Por primera vez viajaba sola al extranjero. Los pasajes y el seguro médico fueron costeados por la familia anfitriona. La primera escala fue el aeropuerto de Houston, Texas. «Estaba un poco nerviosa. En la Aduana te revisan completamente y por suerte me dieron la bienvenida a EEUU», dijo emocionada. La segunda aeronave la depositó en el aeropuerto de Seattle donde la estaba esperando la familia con las niñas. «Estaba muy nerviosa por encontrármelos personalmente, nos abrazamos, las niñas me dieron unos globos y todos conversamos en inglés», rememoró.
Valentina indicó que por la normativa del programa trabaja diez horas al día, con un máximo de 45 a la semana. «Tengo un departamento con cocina, baño, living y salida al exterior, no se conecta con la casa familiar. Mis horarios suelen arrancar a las 7:30/8 de la mañana hasta las 16/17 horas, me ocupo del cuidado de las niñas, nada de limpieza. Las despierto, preparo el desayuno, las llevo a sus actividades de gimnasia y danza. También, preparo el almuerzo por si pasamos el día afuera y cuando volvemos ya se encargan sus padres. Salimos caminando cuando realizan tareas cerca de la casa y si vamos más lejos tomamos el tren o el autobús que son bastante seguros, rápidos y llegan a horario», precisó sobre sus días laborales.

En el lago haciendo paddle boarding.
«Las niñas me aman».
Preguntada sobre su relación con las niñas, contestó: «Al principio no me conocían, estaban muy apegadas a su niñera anterior, pero ahora me dicen que me quieren, que soy la mejor, somos muy amigas. Las veo felices y contentas conmigo. La más grande en septiembre comienza la escuela entonces mis horarios cambiarían».
Su tiempo libre lo aprovecha «para descansar y relajarme porque trabajar muchas horas y hablar otro idioma cansa física y mentalmente. Cerca de casa tengo un lago muy bonito donde voy a tomar mates, a realizar actividades náuticas y me junto con mis nuevas amigas, somos nueve, la mayoría argentinas más dos colombianas, una mexicana y una estadounidense. Nos llevamos bien. Además, salgo a conocer nuevos lugares».
En cuanto al idioma, «mi familia anfitriona me dice que hablo mucho mejor, puedo mantener una conversación fluida y eso me motiva a seguir aprendiendo palabras nuevas cada día».
«El día que llegué me preparé el mate y les pregunté a mis anfitriones si querían probar, les expliqué que era parecido a una infusión de té. Probaron, les gustó pero no es algo que prefieren tomar todos los días como los argentinos», contó como anécdota.

En el festival de tulipanes en Mount Vernon, cerca de Seattle.
No se quiere volver.
«En cuanto a la crianza veo que le dan todos los gustos a los niños. La gente en las calles respeta mucho al peatón, si te ven parado en una esquina, frenan sus vehículos y te dejan pasar, me sorprendió muchísimo porque eso en Argentina no pasa. Son muy limpios y separan la basura. El día que llegué cenamos a las 6 de la tarde cuando en Argentina es la hora de la merienda, pero me acostumbré rápido», describió costumbres del país más grande del continente Americano.
Cuando tuvo la primera paga en la mano exclamó «guau, cobré en dólares. Me pagan semanalmente, no es mucho dinero pero acá rinde. Me compré muchas cosas como ropa, un iPhone hasta entradas a dos conciertos».
«El programa dura un año, hasta el 16 de febrero de 2025, pero puedo extenderlo por 6, 9 o 12 meses. Estoy pensando en quedarme porque me tratan muy bien, me siento muy satisfecha y continuamente me surgen nuevos planes», finalizó con la sonrisa y amabilidad que la caracteriza.
Foto: Valentina con las dos niñas que cuida y sus primitas.
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