La vecina winifredense, Antonia “Pirucha” Pulido, regresó recientemente de España donde en la localidad de Alamedilla pudo conocer por primera vez la casa donde nació y vivió su papá Melchor, un inmigrante que en 1912 con apenas 15 años de edad llegó en barco a la Argentina y se estableció en esta localidad donde trabajó muy duro, progresó y formó una familia.
«Es una casona grande de piedras, todavía está en pie, fue muy emocionante verla», recordó la winifredense. «Era un viaje que tenía pendiente en mi vida y pude concretarlo a mis 79 años», dijo conmovida. En Europa estuvo acompañada por su hija Marcela Faisandaz.
En diálogo con INFOWINI, Antonia repasó que viajaron en avión desde Buenos Aires hasta la ciudad española de Barcelona donde los estaba esperando una pariente que les hizo de guía durante el recorrido. Con el auto de ella se movilizaron hasta la provincia de Salamanca donde visitaron dos localidades en las cuales residieron familiares directos de “Pirucha”.

La vecina vivió grandes emociones en Alamedilla junto a su hija Marcela.
Casona de piedra.
«Primero estuvimos en Alameda donde nació mi abuelo Andrés Pulido y después nos fuimos hasta el pueblo de Alamedilla donde nos encontramos con unos familiares lejanos y ellos sabían la ubicación de la vivienda que yo estaba buscando», contó. Fue a verla. La describió como «una casona grande, antigua, toda de piedra, con algunos balconcitos de piedra, todavía está en pie. Me emocioné mucho porque en ella nació y vivió mi padre, estuvo ahí hasta los 15 años».
A su vez, reconoció: «No golpeé, ni llamé, ni pregunté quién vive ahí ahora, pero supongo que debe estar habitada». Nunca tuvo fotos de ese inmueble, por eso aprovechó para fotografiarse junto a la construcción. «Me enteré de esa vivienda por los familiares que tenemos en Alamedilla y también fue de gran ayuda mi amiga española Teresa Vicente», expresó en modo agradecimiento. «Hemos disfrutado mucho, pasamos días muy lindos, recorrimos otros lugares históricos y turísticos y nos tocaron jornadas de mucho calor, verano a pleno, aunque ahora las temperaturas son mucho más elevadas», resumió su estadía en Europa.

«Es una casona grande, antigua, toda de piedra, todavía está en pie», describió “Pirucha”.
“Pirucha” contó que su progenitor tenía apenas 15 años cuando acompañado por su hermana Petra Pulido, su padre Andrés y su madre Antonia Calvo se subieron a un barco y viajaron hasta la Argentina. Ellos formaron parte de una gran oleada migratoria. «En Alamedilla pregunté porque motivos abandonó su país y me respondieron que en aquellos años había mucha población, poco trabajo y mucho hambre. Entonces muchos decidieron probar suerte en América», reveló. Fue así como desembarcaron en el puerto de Buenos Aires y llegaron hasta La Pampa que en ese momento era territorio nacional. Se establecieron en campos de La Delfina donde fueron recibidos por familiares. Allí trabajaban la tierra. Con los años tuvieron su vivienda propia en la zona urbana.
Mercachifle.
La esposa de Melchor se llamaba Francisca Calvo. Formaron una familia compuesta por tres varones y una mujer. «Soy la única que vive, mis hermanos “Cacho” (Hugo Arturo), “Nacha” (Oscar Alberto) y Oval Luis, lamentablemente fallecieron», dijo apenada.
«Mi papá hizo de todo. Fue mercachifle, iba por los campos vendiendo mercaderías varias, compraba lana, ovejas y demás animales. Después, le compró el negocio a la familia Inchaurraga, vendía electrodomésticos y mercaderías de almacén en general. Con el tiempo fue representante de la firma Colombo y Magliano en un local de su propiedad ubicado en la calle Rivadavia, se dedicaba a la compra y venta de hacienda», compendió algunas de sus actividades.

Melchor Pulido y su esposa Francisca Calvo. «Fue muy buen trabajador, padre y esposo», afirmó Antonia.
«Era un hombre muy activo, querido por todo el mundo y sobre todo buena persona y laburador. Lo recuerdo como muy buen padre y esposo. Vivió hasta el año 2007, tenía 95 años cuando murió y mi mamá falleció en 2005. Hubiese vivido más porque era una persona muy sana, pero la partida de su compañera la sintió mucho y lo entristeció», rememoró.
Sus últimos días.
«Estaba bien acompañado por una señora que trabajaba en su casa, le hacía la limpieza y la comida. Nosotros siempre íbamos a verlo, los domingos lo llevábamos a casa de sus hijos para que no estuviera solito, mi marido con mi hermano iban casi todas las tardes a jugar al chinchón con él para que no se aburriera», siguió contando.
Orgullosa.
Hizo una pausa en la charla porque lágrimas empezaron a brotar por sus ojos. Es que todos estos recuerdos afloraron en su memoria cuando estuvo enfrente de la casa de su papá, allá en España. «Sentí un orgullo muy grande, siempre tenía ese viaje pendiente, no se daba por una u otra razón y finalmente pude concretarlo a mis 79 años. Se dio gracias a Dios», finalizó la emocionante historia.
Foto: “Pirucha” y su amiga Teresa Vicente en la casa de su padre Melchor, en Alamedilla, España.




















