Micaela Berger nació en Winifreda, cursó la primaria en la Escuela rural 214 del Lote XII y sus estudios secundarios en el Instituto Privado Cristo Redentor donde egresó en 2012. Su vida continuó fuera de La Pampa. Una vez recibida de Bióloga, accedió a una beca doctoral otorgada por el CONICET. Actualmente estudia los cambios en el suelo pampeano.
Según comentó Micaela, «apenas me gradué de Bióloga, en la Universidad Nacional de Córdoba en diciembre de 2019, decidí volver a mi pueblo natal. Luego, comencé la búsqueda laboral, la cual no fue nada fácil ya que, en ese momento, se hablaba del gran avance del Covid-19 y encontrar trabajo me costó el doble durante el tiempo de la pandemia». Además, agregó que «en 2021 me contacté con el investigador del CONICET Daniel Buschiazzo, muy conocido de la ciudad de Santa Rosa, docente jubilado de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam), y le mostré mi interés por participar de una beca CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) para realizar un Doctorado. En agosto de 2021 presenté todos los formularios para postularme a la beca. Los resultados finales se publicaron en la página oficial de CONICET el 3 de enero de 2022. En total, se otorgaron 1410 becas internas doctorales en todo el país, fui una de las beneficiarias, lo que para mí significó muchísimo ya que implicó un gran esfuerzo académico».
Reveló que «actualmente trabajo en el INCITAP (Instituto de Ciencias de la Tierra y Ambientales de la Pampa), es un instituto de doble pertenencia entre el CONICET y UNLPam. Mi doctorado está dirigido por Antonela Iturri (Directora) y Daniel Buschiazzo (Co-director), ambos de Santa Rosa e investigadores del CONICET»
Tesis.
La becaria dio precisiones sobre la tarea científica que realiza. «Mi proyecto de tesis se centra en la génesis de suelos, es decir, la formación de nuevo suelo a partir de la depositación de materiales eólicos provenientes de la erosión eólica, muy marcada en esta región de La Pampa, donde las prácticas de manejo involucran labranza frecuente y escasa cobertura vegetal». «En el subsuelo del caldenal existe una capa de ceniza volcánica depositada en el año 1932 debido a la erupción del volcán Quizapú (Chile), actúa como un indicador temporal preciso que nos permitiría cuantificar, por un lado, la tasa de depositación de sedimentos eólicos, y por otro, podemos evaluar cuánto evolucionó el suelo en un período de 90 años (a través de análisis químicos, físicos y morfológicos)», explicó. «Este tipo de estudio no podríamos realizarlo en zonas agrícolas, ya que la ceniza se encontraría disturbada debido al laboreo del suelo o directamente no la encontraríamos debido a que fue re-transportada por el viento».
La académica señaló que «el 17 de noviembre me tocó exponer en el XXVIII Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo, en la Facultad de Agronomía de la Ciudad de Buenos Aires. Desde mayo/junio venía preparando dos trabajos: a uno de ellos lo presenté como póster, y el otro, quedó seleccionado para exponer oralmente. Para mí fue una gran experiencia porque, en primer lugar, tuve la oportunidad de dar a conocer lo que ocurre en los suelos de nuestra región y, en segundo lugar, me permitió interactuar con personas de otras provincias o países que trabajan en temas similares, y es de esta manera como se crean los vínculos de trabajo, porque a partir de otras ideas, surgen nuevos interrogantes/hipótesis que uno busca darle respuesta a través de la investigación».
«La importancia de conocer la tasa de depositación de materiales eólicos en los suelos del caldenal de la región pampeana, se constituye en una referencia para ponderar las pérdidas que se producen en los suelos agrícolas, debido al efecto combinado de su susceptibilidad a la erosión eólica y el tipo de manejo», concluyó.
FOTO: Micaela Berger, becaria del CONICET, expuso en el Congreso de la Ciencia del Suelo.
ESPECIAL FIN DE AÑO 2022. La Arena/INFOWINI.
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