Ezequiel Obert enseña danzas folclóricas en Winifreda hace 25 años

Ezequiel Obert tenía 14 años de edad cuando ingresó al Polivalente de Arte de Santa Rosa. Por la mañana cursaba el bachillerato y en el turno tarde estudiaba danzas folclóricas. Tiempo después, formó parte del reconocido grupo pampeano Mamüll Mapú de la ciudad capitalina con el cual tuvo la posibilidad de viajar a España y Francia en 1996 y dos años después a Francia y a Rusia para actuar en festivales folclóricos. En ese entonces tenía 16 y 18 años respectivamente.

En 1997 creó en Winifreda el Taller Municipal de Danzas Folclóricas “Esperanza”, que acaba de cumplir 25 años bajo su dirección artística y tiene un cuerpo estable de bailarines y bailarinas mayores de edad. Su propuesta siempre recibió el apoyo de la secretaria comunal de Cultura. Las clases son gratuitas.

Reconocimiento

Obert transmite sus conocimientos y entendimientos de las danzas típicas argentinas. Primero a niños y niñas y desde hace doce años enseña los distintos pasos de baile a personas jóvenes y adultas. Las clases solo se interrumpieron durante los años de pandemia, pero el grupo seguía en contacto desde la virtualidad.

La última vez en que “gauchos” y “chinas” desplegaron sus zapateos y movimientos de faldas ante una multitud fue el 9 de julio de este año, en una peña organizada por el municipio en el Club Social para celebrar la Independencia. Esa noche, Obert recibió un reconocimiento de manos de la intendenta Adriana García y el público lo ovacionó.

Orgulloso y satisfecho

«Me siento muy orgulloso de lo que humildemente trato de transmitir: el amor por nuestras danzas folclóricas. La gente que participa del taller es porque realmente le gusta, está cómoda, caso contrario no tendríamos este cuerpo de baile», manifestó Obert en diálogo con INFOWINI. Que el taller haya cumplido dos décadas y media «es muy imponente», afirmó su creador. «Me siento muy satisfecho porque este grupo fue una etapa más de la vida de las personas que lo integraron y luego se alejaron y por las parejas que están desde sus inicios. También, hay otras que tienen intenciones de sumarse», acotó.

Recordó que fue en el Bicentenario de la Patria cuando se conformó la categoría de jóvenes y adultos. «Dieciocho parejas bailamos ese glorioso Pericón Nacional en la plaza San Martín y varias debutaron dando sus primeros pasos. Por momentos parecía imposible, pero pudimos lograrlo y después de esa actuación me acuerdo que les dije que los esperaba el martes en la Escuela 104 para seguir ensayando y aparecieron quince parejas. Ahí fue el comienzo del grupo de jóvenes y adultos mayores. Hoy somos siete parejas, entre 14 y 16 personas», se alegró.

Repertorio diverso  

El 9 de julio bailaron zamba, los amores, huella y terminaron con una chacarera doble. Lucieron una vestimenta acorde para las danzas tradicionalistas. Al respecto, Obert reconoció que «no tenemos los trajes que identifican a todas las danzas. Es que somos gente trabajadora y sería muy fácil para mí decirles quiero que se consigan tal sombrero, determinado pañuelo o bombacha de época. Mi idea siempre fue organizar algún evento como venta de empanadas, peñas, para comprar la indumentaria y no recaer tanto en el municipio». Ante una pregunta puntual, respondió que su intención es que bailarines y bailarinas «sepan el mayor repertorio posible de danzas argentinas. Por la región en la que estamos tienen que saber bailar una huella, los amores, chacarera, gato. Uno como director va viendo la energía que pone cada uno y elige el repertorio, lo importante es que sea diverso».

Arte que une

Obert destacó la importancia que tiene el baile para sus alumnos y alumnas quienes encontraron en este arte motivos para unirse más. «Algunos me han manifestado que vienen a clases porque les gusta y es un cable a tierra. Otros me han dicho que nunca pensaban hablarse con determinada persona y hoy bailan y comparten cenas. Me han dado las gracias por este taller porque si no se hubieran quedado en sus casas aburridos». «Todos estamos cansados porque laburamos todo el día, pero cuando a las 8 de la noche nos encontramos en la puerta del club nos cambia completamente el ánimo. Eso a mí y al resto nos agrada muchísimo», enfatizó. Para Obert el baile nunca termina. «Tradicionalmente nos reunimos martes y jueves a partir de las 20 horas. Ensayamos en la sede del club social. Los invito a sumarse», finalizó.  

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