Doble festejo: winifredense cumple 35 años como apicultor en el Día del Padre

Este domingo es muy especial para el winifredense Jorge Schwaller por dos motivos: celebra el Día del Padre y cumple 35 años consecutivos dedicados a la apicultura. Desde hace décadas, esta actividad productiva se ha convertido en su sustento laboral y económico.

Sus inicios

En diálogo con INFOWI, el apicultor recordó que sus inicios «fueron muy difíciles», pero con esfuerzo, sacrificio y capacitación le dio cada vez más importancia a las abejas y logró dedicarse a la apicultura como trabajo a tiempo completo.

Su primer contacto con estos insectos polinizadores fue en 1987 cuando trabajaba en la construcción y otras changas. «Siempre me llamó la atención la apicultura pero tenía miedo de que la abeja me picara y no me animaba a empezar. Un día con mis compañeros de trabajo fuimos hasta la estancia El Madronio donde un hombre de Buenos Aires tenía muchas colmenas. Mientras trabajaba en la albañilería, desde lejos veía como este apicultor atendía sus colmenas y no era un trabajo muy difícil. Ahí me di cuenta que yo también podía hacerlo», rememoró. «Con otros muchachos empezamos a ir a los montes en busca de enjambres en los huecos de los caldenes, algunos los capturaba en mi casa y los poníamos en cajones. Todavía no teníamos noción de la función que cumplían los zánjanos, la reina y las demás abejas ni tampoco teníamos caretas, ahumadores ni equipos de protección. Íbamos experimentando», continuó.  

Curso por correo  

Al recordado carpintero José Reidel le llevaba troncos de álamos y pinos para que los tableara y utilizaba esas maderas para hacerse sus primeros cajones y marcos. Algunos de sus amigos no continuaron. En cambio, Schwaller siguió adelante porque «empecé a sentir pasión por la abeja, sentimiento que aún continúa». Admitió que «los primeros tiempos fueron muy difíciles porque no había nadie que te asesorara. Compré un curso de apicultura a una escuela de Buenos Aires para tener una orientación y lo recibí por correo. Esos libros para mí eran una especie de consultora, iba tomando contenidos y los llevaba a la práctica con las abejas». En 1990 ya tenía varias colmenas en producción. «Los dos primeros tambores los vendí en General Pico y los llevé en una Chevrolet modelo 65-66 de Juan Rasch. Canjeaba la miel por materiales. Fui progresando muy despacito», indicó.

Dedicación full time  

«El número de colmenas se iba multiplicando y cuando llegué a una determinada cantidad me di cuenta que ya  podía sostenerme económicamente. En 2005 dejé definitivamente la construcción para dedicarle tiempo completo a la apicultura», señaló. Hoy tiene «cantidades» de colmenas distribuidas en distintos campos de la zona.

«La cosecha de miel se hace en verano, son dos meses de trabajo duro y pesado. Tengo la gran ayuda de mi señora Silvia Branca y Pablo Martz que también es apicultor. En el invierno hago el mantenimiento de las colmenas. La reviso todas las semanas», precisó. La miel envasada en tambores la comercializa a una empresa de Santa Rosa con la cual mantiene el canje por materiales.

En el patio de su casa tiene una sala extractora de miel equipada con un extractor de 80 paneles con variador electrónico, una desoperculadora eléctrica de 400 marcos por hora y un fundidor que recupera la cera. Este equipamiento lo compró con la venta de la producción. Nunca necesitó tomar créditos para realizar inversiones. A su establecimiento deberá realizarle una serie de modificaciones, por eso es muy probable que en la próxima zafra realice la extracción de miel en salas de terceros.   

Mundo diferente  

Schwaller aseguró que la apicultura hoy «es redituable y es una actividad para trabajarla en familia». Consultado hasta cuándo piensa dedicarse a la apicultura, el hombre respondió «hasta que el cuerpo resista y me pueda mover. Es que me fui preparando desde joven para vivir de este trabajo y hoy vivo de la abeja». Reflexionó: «Si el cristiano fuera tan laborioso y organizado como las abejas el mundo sería diferente. Son un ejemplo».

Este domingo Jorge festejará el Día de Padre y sus tres décadas y media en la apicultura junto a su esposa, su hija Yanina, si nieto Leonel Alexandre, su yerno Leandro y demás familiares. 

FOTO: El apicultor Jorge Schwaller y su esposa Silvia Branca en la sala de extracción familiar.

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