La winifredense María Rosa Barabaschi publicó un libro de poemas: «Óleos despintados»

Gisela Colombo *

«Óleos despintados» es una antología personal de poesía de María Rosa Barabaschi, que fue publicada por “Tinta libre”, firma editora cordobesa. La autora, winifredense de origen, vive en Santa Rosa. A pesar de que confiesa haber escrito desde muy joven, ésta es la primera vez que se aventura a la publicación de una selección de poemas. Acompañan los textos ilustraciones de Sonia Barreix.

El título de la obra proviene de un poema que no casualmente aparece como el último del conjunto. Como si retratara el momento en que la autora recoge esa pila de poemas de un cajón de recuerdos y les insufla vida nuevamente.
En el mismo prólogo, la autora desliza una relación de estos «óleos despintados» con un hallazgo que ocurrió en un ático de Toulouse, en 2014. Un cuadro de Caravaggio, extraviado en 1617, apareció en la segunda década del siglo XXI, en medio de las típicas polémicas entre críticos e investigadores. La pintura era una versión del episodio bíblico de Judit y Holofernes, que relata la historia de una viuda muy bella que se cuela en el campamento enemigo, montado a las puertas de Betulia, para evitar la invasión que se daría al amanecer. 
Judit, en una actitud interpretada por su pueblo como un gran patriotismo, ofrece su compañía al general invasor. Yace con él y luego lo emborracha de modo tal que el sujeto se duerme y ella aprovecha el descuido para decapitarlo y liberar a la ciudad de la venganza de Nabucodonosor II. En cuanto a Holofernes, el amanecer halla en una Pica ante el portal de Betulia, la cabeza del general.
La posición del poema que alude al cuadro de Caravaggio, en el conjunto, puede echar luz respecto a la asociación entre la fórmula con que se titula el libro y ese episodio. La poeta parece revelar la mecánica de creación, conservación y recuperación de los objetos literarios. 

Reivindicación femenina.
Por otra parte, quizá esa obra de Caravaggio haya despertado interés no sólo porque su situación de hallazgo después de tantísimos años le recuerde a la autora la reanimación de poemas adormecidos durante décadas. Probablemente haya en el ejercicio poético algo de reivindicación femenina frente a los hombres –un hombre– al que se amó. «¿Quién sabe qué designios del destino, carta astral / o sortilegio no nos dejaron llegar a la otra orilla/ y nos quedamos allí, anclados, / con sabor a sal en nuestros labios/ y el sol estival quemándonos la piel/ en la inmensidad del mar?». Y no supo colmar las expectativas.
Pero luego, la experiencia con un hombre trasciende lo anecdótico, entre lo que figura aun el mismo hombre. Es cuando sobreviene la «mutación», primer paso hacia la sabiduría: «Los colores/robados al arco iris,/ los olores, / los sabores/ las texturas…/ Suave/ liso,/ rugoso,/áspero./ No es el hombre, es el mundo».  
Hemos dicho ya que, a lo largo de décadas fueron surgiendo los poemas, que habrían de registrar los vaivenes emocionales y vinculares de Barabaschi. Así como los dolores y la dicha eran acopiados en la piel, también lo hicieron en papel.
«Durante tanto tiempo/ fui guardando los lienzos/enrevesados con los recuerdos/ en el lugar donde reposan/ los trastos viejos».
Si la corrección ocurría entonces, o si fue hecha en esta etapa de recuperación, no lo sabemos. Pero pasados los años, en este momento de balance no del todo auspicioso, resurge la palabra en su condición de «Verbo» como titula uno de los textos. Y lo hace por medio de imágenes inventariales de aceptación vital de todo. Tanto lo feliz como lo penoso. 
Lo vibrante corresponde a los primeros tramos del poemario. Más tarde vendrá el decolorarse paulatino de las ilusiones, las expectativas y el entusiasmo. 
Los sueños habrán de quedar en eso: en ilusiones nunca realizadas.
«Columpian los sueños a lo lejos/ Siempre estuvieron ahí, y ahí se quedan./Solo bajan para dar algunas vueltas/ en la rueda que gira y gira desde un punto inicial/ al que, infalibles, regresan».
Por ello, la sensación que sobrevivirá a la lectura será un estar a horcajadas entre la resignación y la sana aceptación del destino que le corresponde a cada quien. 

Poesía para comprender (se). Para registrar experiencias, para revisar, analizar y concluir. Poesía para andar firme hacia un puerto que permita entender; que permita leer un sentido, no de la vida en general, sino de la propia experiencia del sujeto poético, que es María Rosa Barabaschi, en este caso, aunque proponga al lector meditarlo a título personal.
En suma, eso aborda el poemario: una búsqueda de sabiduría. La sabiduría que «Óleos despintados», desde el primer minuto –quién sabe cuántos años atrás– hasta los últimos poemas, perseguirá sin descanso.
El libro puede encontrarse en librería Fahrenheit, Estado de Poesía, Arte Propio o a través de la página de editorial Tinta Libre en sus versiones digital y papel. Además, se puede consultar  en la Biblioteca Edgar Morisoli y la de la Cámara de Diputados. 

* Escritora y docente

Artículo publicado en suplemento Caldenia del diario LA ARENA 

FOTO: María Rosa Barabaschi con su libro «Óleos despintados»

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