En Winifreda una familia vive en un colectivo reciclado

Modificaron los compartimientos de la unidad para habitarla y así dejaron de alquilar

Beatriz Ortigoza y Gustavo Cruceño hicieron algo único en Winifreda: reconvirtieron un viejo colectivo de doble piso en su hogar familiar. Renovaron completamente sus compartimientos para habitarlos junto a sus tres hijos menores: Uriel (13), Benicio (6) y Maia (12). La pareja también es propietaria del terreno donde está estacionada la unidad. 

Beatriz contó que llegaron al pueblo a fines de 2017 provenientes de Adolfo Van Praet. En esa localidad pampeana habitaban una vivienda del Instituto Provincial Autárquico de la Vivienda. «Renunciamos a la casa y se la cedimos a mi sobrina. Esta medida la tomamos porque mi marido hace bastante tiempo que trabaja en un campo de Winifreda. Era mucha la distancia, cualquier emergencia tenía que viajar muchos kilómetros, entonces decidimos mudarnos a esta localidad», precisó. 

Aparece el micro

Durante casi cuatro años alquilaron dos inmuebles. En mayo de 2018 compraron un terreno de 11,85 metros de frente por 26,50 metros de fondo. La última cuota la abonaron en octubre de 2019. «El colectivo estaba hecho un desastre enfrente de nuestro terreno. Cada vez que salíamos a caminar con mi marido decíamos ´que lindo sería hacerlo nuestra casa´. Fue así como localizamos a su dueño y se lo compramos. Fue todo muy rápido. Queríamos dejar de alquilar», prosiguió. El rodado no tenía asientos ni motor, entonces con un tractor fue movilizado hasta el predio de los compradores. Estos le sacaron los neumáticos y lo asentaron sobre varios troncos. Más adelante lo calzarán sobre pilotines. En su chapa todavía figura la leyenda Expreso Anguil, que lentamente va desapareciendo a medida que lo van pintando. 

Beatriz y sus hijos en la cocina-comedor de su nuevo hogar. 

Beatriz recordó que readecuar sus espacios «fue una tarea muy difícil porque éramos mi marido y yo trabajando muy duro con fierros, chapas, chapones». Describió que «la planta baja tenía el pasillo y un piso elevado, eso desapareció absolutamente todo. El chapón del piso fue levantado y reemplazado por madera fenólico de 18 milímetros con aislante térmico. Forramos todo el interior con machimbre y aislante térmico. Ese espacio ahora lo utilizamos como comedor y cocina. Tenemos la mesada, cocina, heladera, máquina de lavar, aire frío-calor portátil, una exhibidora de botellas, un televisor. El baño original del colectivo quedó en funcionamiento». En la cabina la familia instaló la ducha con una bañera.

Donde estaba la cabina del micro ahora funciona la ducha con bañera. 

Planta alta

Después subimos por las escaleras originales a la planta alta que tiene 14 metros de longitud. Nos encontramos con un living con un televisor y una computadora, cajones bauleras y el termotanque.  El espacio restante fue dividido con madera fenólica en tres habitaciones. Una para Maia, otra para los niños que duermen en camas cuchetas y finalmente la pieza matrimonial con una cama doble plaza, una baulera y un placar que fue armado por Beatriz y Uriel. También instalaron un split. «Las ventanas fueron cubiertas con aislantes para protegernos del sol y otras con madera fenólica porque están cayendo piedras muy grandes y no queremos que peguen contra los vidrios», señaló. Su marido hizo toda la instalación eléctrica. Dos años les llevó poner en condiciones el colectivo. 

«En octubre de 2021 dejamos de alquilar y nos venimos a vivir acá», puntualizó. Levantaron un pilar de ladrillos y están conectados a un medidor de energía de la Cooperativa Eléctrica. Fue consultada sobre las medidas de seguridad. Respondió que «la persona que nos hizo la conexión desde el pilar hasta el colectivo tomó todas las precauciones, cualquier desperfecto o mínima pérdida salta el disyuntor». Este es el primer verano que pasan en su nuevo hogar. Beatriz trabaja como portera en el jardín de infantes. Sus hijos están escolarizados. En el final nos adelantó que la baulera donde se depositaban las valijas será reconvertida en una habitación para que su hijo mayor tenga su propia pieza a una determinada edad.

FOTO: La familia Ortigoza-Cruceño con sus macotas en el colectivo reconvertido en vivienda

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