María Blatner, una mujer que sabe arreglar el tiempo

Del oficio de su padre aprendió todo lo necesario para convertirse en relojera 

La vecina winifredense María Angélica Blatner es una especialista en la reparación de relojes de pulsera, de pared, antiguos y modernos. Es un oficio que heredó de su padre al igual que la relojería familiar que acumula  50 años de trayectoria comercial. La vecina es la única habitante dedicada a esta profesión.

«Mary», como la conocemos en el pueblo, conserva enmarcado el diploma que la Escuela Universal de Relojería, que funcionaba en Buenos Aires, le otorgó a Pedro Blatner el 7 de marzo de 1971 por haber terminado satisfactoriamente el curso de Técnico Relojero Cronometrista. «Papá estudió por correo y cuando se recibió de relojero yo tenía 2 años», rememoró su hija. Blatner realizó sus primeros trabajos en la vivienda familiar que estaba ubicada en la calle España y cuando María tenía 5 años se mudaron al actual inmueble de calle 9 de Julio donde quedó instalada definitivamente la relojería.

«Vendía y arreglaba relojes de pulsera, a cuerda, despertadores, de pared, y tenía clientes de Winifreda, Santa Rosa, General Pico, Colonia Barón y Eduardo Castex. Brandeman de Castex le traía relojes desde Bariloche y Adrián García desde Buenos Aires. Un ingeniero de Santa Rosa compraba relojes en los remates y se los traía para que los restaurara. Un día apareció con un reloj tan alto que no entraba por la puerta del negocio, lo tuve que dejar en el garaje», continuó. «Al principio tenía tanta demanda que no daba abasto, estaba tan atorado que tenía que rechazar trabajos o se los pasaba a Waiman», en referencia a Alberto Waiman, ya fallecido, quien fue relojero, músico e inventor de manera autodidacta.

Recuerdos 

«Papá desarmaba íntegramente los relojes sobre un papel blanco para que no se le perdiera ninguna pieza. Una vez que reparaba la falla o hacía el mantenimiento armaba todas las piezas diminutas en sus respectivos engranajes, no sé cómo hacía pero era muy habilidoso. A veces se quedaba trabajando hasta las 2 o 3 de la mañana y los relojes salían funcionando», agregó. Utilizaba pinzas, brucelas, una aceitera con aceites especiales que traía desde Buenos Aires, entre otras herramientas. María siempre observaba maravillada como trabajaba su padre. «Me encantaba», dijo. Un día Pedro le preguntó «querés seguir mi oficio» y la incentivó diciéndole «dale, anímate, con esto vas a andar bien». María aceptó enseguida. «Papá empezó a enseñarme a desarmar relojes cuando yo tenía 41 años y él falleció en noviembre 2015 a los 84 años», manifestó.

En los últimos nueve años, la vecina ha reparado más de 100 relojes. Algunos de los servicios que ofrece son: Limpieza, ajuste de agujas, cambio de bobinas, de plaquetas, de pernos, recambio de mallas de cuero o acero, entre otros. «Ciertas piezas de relojes a cuerda ya no se consiguen más por eso ahora la mayoría de los que arreglo son a pila», indicó. «Papá se quedaba hasta la madrugada trabajando en cambio yo hasta la medianoche está bien», diferenció. Al igual que su progenitor «cuando veo que el reloj está funcionando muy bien recién ahí se lo entregó al cliente, que no tenga ninguna queja». Tiene clientes de Santa Rosa, General Pico, Castex, Mauricio Mayer y del pueblo.

Iluminada

Blatner además de técnico relojero era joyero y le enseñó a su hija a soldar cadenitas y pulseras de oro y plata. Conserva las herramientas diminutas de su padre, entre ellas un tester de pilas, limas, cortadora de agujas, una morsa, llaves para abrir tapa de relojes y demás. María vive con su madre Ana. Cada vez que va al cementerio busca la tumba de su familiar directo y le dice «seguí tu oficio papi». Enseguida confió una intimidad. «A veces se me complican algunos trabajos porque no tengo la experiencia de mi papá que trabajó 45 años y era un profesional. Cuando se me hace difícil abrir la tapa de un reloj porque está muy agarrada le pido tanto a papá que me ayude y podes creer que la abro; siento que él me ilumina. Cada día le doy gracias porque me ayuda desde el cielo», finalizó María, quien atiende al público siempre con una sonrisa.

FOTOS: María Blatner en plena reparación de relojes 

Especial: «El Progreso de Winifreda y el Bienestar de sus habitantes». Suplemento Diario LA ARENA 

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