Winifredense identificado con el Lote XIII: el caldén de sus cenizas

El pampeano Hernando Franco, nativo de Winifreda, tiene 42 años y goza de muy buena salud. Todos los días atiende un comercio en Santa Rosa donde reside. Disfruta la vida junto a sus dos hijos varones y una hija mujer. Este año tuvo una charla muy particular con sus íntimos. Les manifestó que el día que parta de este mundo quiere que sus restos sean cremados y sus cenizas dejadas bajo un caldén de la zona rural del Lote XIII de Winifreda.

Ese árbol y ese lugar para él son muy especiales porque le traen gratos recuerdos de su infancia transcurrida en campos de su abuelo Vicente González y de Alberto «Tito» González, a quien cariñosamente llama tío. 

Vida errante

En el programa «Turno Mañana. Periodismo de Pueblo» de FM Compacto, Franco habló sobre su deseo y sus raíces winifredenses. El hombre contó que nació en el pueblo el 10 de julio de 1979 de manera prematura ya que era un bebé sietemesino y fue trasladado de urgencia junto a su madre a Santa Rosa.

«Mi tío Ricardo González es de Winifreda; mi mamá se llama Nora González y vive en Macachín. Mi abuelo se llamaba Vicente González y mi abuela Maruca González, tenían campo en el Lote XIII. Mi papá era de Santa Rosa, pero muy conocido y querido en Winifreda, lo apodaban ´El Negro´ Franco, trabajaba como administrador de la empresa Ripiera del Valle, que se dedicaba a construir rutas. Continuamente estábamos viajando de un lugar a otro del país», siguió relatando.

«Ni bien nací al año me fui de Winifreda y volvimos cuando hicieron la ruta de Eduardo Castex a Conhelo. Después anduve por las ciudades bonaerenses de Balcarce y América. Terminé el jardín de infantes en la localidad pampeana de Telén donde estábamos establecidos porque la empresa en la que trabajaba mi papá estaba haciendo una obra en Puelén», siguió. «Cuando tenía 6 años volvimos a Winifreda donde hice mi primer grado en la Escuela 104. Mi maestra fue ´Susu´ y la directora Nuri Isa. Mi mejor compañero de grado era Claudio Smith, un chico que ahora es doctor. También me acuerdo de Cesar Bonkovki, Mauro Ostapchuk, entre otros», continuó.

Carneadas y yerras 

Su padre se trasladaba con su familia a otras provincias. «Cuando llegaban las tan esperadas vacaciones escolares estábamos en cualquier punto del país pero a mí me gustaba venirme a Winifreda para ir al campo de mi abuelo Vicente. Me traía mi mamá. Me gustaban las carneadas, las yerras, un ambiente muy familiar porque venían parientes de Bahía Blanca, de La Plata, se juntaba muchísima gente. Siempre en vacaciones de invierno o de verano me venía al campo donde pasaba momentos muy lindos. El Lote XIII me hizo ser la persona que soy hoy», se conmovió. 

También, recordó que un día se habían juntado más de 30 personas y «Tito» González lo invitó a su predio rural cercano al de su abuelo. «Un hombre muy tranquilo, bueno y sabio, me enseñó muchas cosas del campo”, dijo. El padre de «Tito» era Don Germán González, una persona que vendía sandías en un Renault Cuatro Ele. «Los vecinos del Lote XIII me recordarán porque cuando tenía 18 años andaba cazando liebres, peludeando o cuereando alguna vaca para vender el cuero en la barraca. Mucha gente gaucha como Luisito Perlo, Antonio Falletti, mi primo Nelson González, siempre me bancaron y me dejaron andar tranquilo por sus campos», agradeció.

Su familia

Con el tiempo Franco fijó residencia definitiva en Santa Rosa. Allí egresó de la Escuela Agrotécnica y también se formó como Recibidor de Granos, Cereales y Oleaginosas. Actualmente administra una carnicería propia en la calle México del barrio Villa Santillán. Su familia está compuesta por su hija Lourdes, 22 años, estudiante de fonoaudiología en Córdoba, y su hijo Martín de 15 años que tiene autismo. Además, es padre de un hijo del corazón que se llama Kevin de 29 años. Sus hermanas se llaman Yisela y Daiana. 

Un viaje emotivo  

Meses atrás viajó con sus hijos hasta el Lote XIII donde les transmitió un deseo que conservaba en su memoria desde que tenía 18 años. «Los llevé hasta una calle de tierra que comunicaba el campo de mi abuelo Vicente González con el de Don Germán González y en el medio hay un caldén frente a la tranquera de Nelson González. Les dije que el día que ya no esté lo único que quiero es que mis cenizas las esparzan bajo ese árbol. Ese es mi deseo”, les transmitió. “Quiero descansar ahí porque ese caldén me trae muchos recuerdos, me daba sombra o abrigo cuando pasaba caminando en invierno o en verano rumbo a un campo u otro, hacía ese recorrido dos o tres veces por día, sobre sus gajos jugábamos con mis primos, nos servían de caballitos o de hamaca», amplió el argumento. 

El caldén

Sus hijos quedaron sorprendidos. «¡Papá cómo vas a pensar en eso!», le manifestaron. «Yo ya les avisé, ahí quiero estar porque uno no sabe cuándo se termina todo», indicó Franco. Anheló: «Ojalá ese caldén perdure porque todos los demás fueron arrancados, te da mucha lastima, si en vez de chauchas dieran monedas de oro la gente los cuidaría más. Y si no soporta el paso del tiempo que mis cenizas las esparzan en ese camino angosto».

Su última voluntad la había posteado en redes sociales. Esa publicación captó la atención de este cronista que viajó hasta la zona rural para fotografiar al caldén. «Es muy lindo que alguien se haya interesado en un simple posteo de Facebook que para algunos no significa nada pero para mí es muy importante», expresó Franco en el final de la conversación radial donde aprovechó para saludar a los winifredenses «que me vieron correr por los campos del Lote XIII».

FOTO: Hernando Franco y el caldén que eligió para sus cenizas   

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