«La Cruzada», en Bajo de las Palomas: los hermanos Reinhardt sienten pasión por el campo

En un campo de nuestra provincia se produjo el recambio generacional. Los hermanos Reinhardt hacen honor a su padre que durante años fue propietario de una explotación rural dedicada principalmente a la ganadería de cría. Cuando falleció, sus sucesores no permitieron que el legado quedara huérfano y continuaron con la administración del predio familiar. Allí atienden el ganado, realizan tareas de forestación, recambio de alambrados y demás trabajos del agro. Recientemente acaban de comprar una máquina agrícola para uso propio y dar servicios a sus vecinos.

El regreso a «La Cruzada»

La cotidianidad de Santiago y José Reinhardt transcurre en el establecimiento «La Cruzada» de 176 hectáreas, ubicado a unos 32 kilómetros de Winifreda. Para llegar hasta allí hay que circular 20 kilómetros por ruta 10 hacia el oeste y 12 kilómetros por un camino de tierra hacia el sur. «Cuando en 2010 decidimos construir la casa quedó cruzada o al cejo en relación al campo, por eso decidimos ponerle ese nombre», contó Santiago (41 años) con respecto a la denominación.

Junto a sus hermanos José y Nelson hicieron la escolaridad primaria en la escuelita rural 131 de Bajo de las Palomas, hoy abandonada. En la Epet Nº1 de Santa Rosa, Santiago terminó sus estudios secundarios y se recibió de técnico en administración de empresas. Luego en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Pampa comenzó la carrera de contador público. No la terminó porque «cuando mi viejo falleció 2015, a los 68 años, me vine de nuevo al campo. Soy el mayor de tres hermanos varones. Mi madre Rosa y mi hermano menor Nelson que se dedica a otra actividad, están en Santa Rosa y viajan continuamente. Ellos nos apoyan muchísimo». «Cuando faltó mi viejo mis tíos estuvieron al pie del cañón y el vecino Carlos González siempre se preocupó por nosotros. Hoy en día viaja tres veces por semana al campo desde Santa Rosa y nos pregunta si necesitamos algo, lo que sea. Siempre ofreciéndose incondicionalmente, un gran ser humano», lo alabó.

Ganadería y forestación

«Nos dedicamos a la ganadería, tenemos un porcentaje grande de monte y hacemos agricultura para consumo interno. Básicamente sembramos verdeos de invierno», comentó y amplió sobre los cultivos: «El tritricale está dando muy buenos resultados, en estos años de tanta seca se adapta muy bien a la zona. También sembramos avena y somos muy alfalferos, después de muchos años volvimos a implantar alfalfa porque se había perdido y era muy difícil hacerla germinar por las escasas lluvias, pero al final volvió a nacer». Cuando fue consultado sobre si ha mejorado el régimen de lluvias anuales, respondió: «Sinceramente la situación climática está cada vez peor, no me da alegría decirlo pero debo reconocerlo. Imagínate que en los años 2018 y 2019 llegamos a 400 milímetros por debajo de la media anual. 2019 se nos puso muy complicado, pero gracias a Dios habíamos hecho de rollos de alfalfa». Además de ganado vacuno tienen ovinos y cerdos en menor escala.

En invierno el trabajo diario arranca a las 8:30 o 9 de la mañana «cuando ya se puede andar afuera por las heladas. Como ya tenemos todo organizado se nos hace más fácil con mi hermano  administrar las tareas y los tiempos, en cambio cuando recién empezamos estaba todo muy desarmado. Recuerdo que Hugo Camera nos prestó un cargador portátil y no puedo olvidarme de Enrique y Ricardo Rapagnani y de Guillermo Miranda, pilares fundamentales de nuestro desarrollo».

«La Cruzada» cuenta con gran variedad de árboles, regados con un sistema artesanal de riego por goteo.  

Una de las primeras tareas que llevaron a cabo fue la plantación de árboles. «Me gustan las plantas, ver su crecimiento y como se adaptan a la zona. El Vivero Provincial me ha asesorado muy bien en cuanto a qué especies plantar. He logrado una buena forestación al lado de mi casa, fundamentalmente para protegerla de los fuertes vientos que corren en la zona», dijo. Indicó que «los cipreses se adaptaron muy bien porque agarramos un año muy bueno de lluvias. También planté eucaliptos y pinos de distintas variedades, manzanos y cerezos. Hay que regarlos muchos y para eso instalé un sistema de riego por goteo utilizando unos tambores y agua de pozo. La hice analizar y es apta para riego de árboles no para la huerta porque saliniza la tierra». «Un vecino me regaló pezuña de vaca, una planta que no es nativa de la zona pero da una sombra frondosa y es muy resistente al clima. Los fresnos son muy delicados, pero ahora que se ha hecho un micro clima se están adaptando. El que más se adaptó fue el americano», siguió.  

Santiago confió que le gustan las plantas, ver su crecimiento y adaptación a la zona

Nueva cosechadora  

Entre las mejoras han renovado boyeros y en estos momentos «estamos alambrando para dejar cerrada toda la periferia del campo. Llevamos casi 6.000 metros de alambrado y nos faltarían más de 2.000 metros para cerrar todo. Colocamos alambres de ocho hilos para que los animales no se crucen de campo. Esta tarea es compartida con los vecinos». «También hicimos corrales nuevos y aguadas. Arrancamos cuando estaba mi viejo y después pudimos seguir con las mejoras», precisó.

Fruto del esfuerzo también sumaron una máquina agrícola. «Tenemos una cosechadora Bernardin M-20 modelo 1983 y compramos una Bernardin M-24 modelo 2000 que tiene más calidad de corte. La adquirimos más que nada para brindar servicios a nuestros vecinos porque todos los años nos piden que les cosechemos», señaló Santiago. La inversión fue de un millón de pesos. «La conseguimos en Córdoba a través de una concesionaria de General Pico que nos otorgó una financiación», acotó.

La cosechadora fue comprada para uso propio y dar servicios a terceros 

«Dios por aquí no pasó»

Una de sus premisas es mantener «buenas relaciones con los vecinos, para mí es algo fundamental». Su campo está rodeado de cuatro predios y sus dueños son dos de Winifreda y dos de Santa Rosa. Observa el despoblamiento rural. «Quedamos pocos en la zona. En su momento los campos estuvieron muy poblados; cuando yo iba a la escuela primaria éramos 30 chicos, hoy en día el edificio está cayéndose a pedazos y cuando lo miro se me viene a la mente una frase de Atahualpa Yupanqui que reza ´yo pensé con tristeza, Dios por aquí no pasó´».

«Tiramos todos parejos»

Pese a esta realidad, en sus palabras hay optimismo. «El campo para mí es el lugar donde nací, me crie, estoy pasando mis años…es mi vida. Tuve la suerte de andar por muchos lados pero en Bajo Palomas siento que estoy en mis orígenes. Cuando llegó acá se me bajan las tensiones y me normalizo», reflexionó. Con su familia nunca bajan los brazos. «Siempre tiramos todos parejos, estoy muy acostumbrado a convivir con mis tíos Juan y María- hermanos de mi padre- que gracias a Dios los tengo y siempre estamos juntos». El campesino tiene claro que «el campo funciona como una empresa y es importante avanzar. Cuando escasean ciertos recursos hay que tranquilizarse y no hacer cosas raras para que todo salga bien». «Lo único que no se puede controlar es el factor climático. Pero me siento contento con todo lo que hemos logrado a pesar de todas las inclemencias que hemos tenido».   

Problemas de conectividad

«La conectividad es muy mala» en la zona rural de Bajo de las Palomas. «Si no estaríamos hablando por Whatsaap sería imposible comunicarnos», dijo Santiago durante la entrevista telefónica. «Estamos en un bajo como bien dice el nombre del lugar. Para tener señal hay que instalar una antena o torre muy alta y ni eso te garantiza conectividad porque hay vecinos que la tienen y hay días que no andan los celulares», reveló. Consultado sobre si ha hecho reclamos, dijo que esta situación «es perjudicial tecnológicamente para los que estamos en la zona, pero a las compañías privadas no les conviene poner una antena por dos o tres personas cuando en una ciudad pueden abarcar mucho más». Anhela que este panorama se revierta.   

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