Hace 20 años Carlos Delahaye inhaló un gas tóxico y sobrevivió: «Morí y resucité»

Era la mañana del 1 de julio de 2001 cuando lo encontraron inconsciente dentro de una casilla rodante. Estaba en grave estado porque durante la noche, mientras dormía, había inhalado un gas tóxico por la mala combustión de una heladera. Fue hospitalizado con signos vitales muy débiles. Cinco días después abrió sus ojos y venció a la muerte. Este caso «fue uno en un millón», dijo el protagonista de esta historia, el vecino winifredense Carlos Delahaye, quien contó detalles del incidente que podría haber terminado con su vida y con la de su compañero de trabajo en ese momento. Sin embargo «nací de vuelta», afirmó. 

«Me dieron por muerto»

«Hace 20 años prácticamente me morí inhalando monóxido de carbono. Eso ocurrió en el campo Namuncurá, entre Uriburu y Lonquimay. Estábamos cosechando soja con el amigo Lucas Calvo y dos muchachos que nos acompañaban: Cesar “Panza” Varela y Osvaldo “Terna” Ternovoy. Teníamos las máquinas encajadas y estábamos tratando de sacarlas del barro, se hizo de noche y nos fuimos para la casilla. Comí algo liviano y me fui a dormir por el cansancio que tenía. Me desperté una semana después», siguió su relato. Ternovoy cenó con sus amigos y luego regresó a la casilla donde estaba Delahaye acostado. A la madrugada «se levanta a ver qué me pasaba porque me sentía respirar muy mal y se desmaya. Eso lo salvó porque en el piso había más oxígeno». 

Ambos sufrían la falta de oxigenación producida por una falla en la heladera a gas envasado. «Hacía una mala combustión y generaba monóxido de carbono, que es un asesino silencioso. Han ocurrido muchas muertes en la provincia por causa de este gas y yo quedé para contarla. Soy uno en un millón». Con las primeras horas del día, «Lucas y Cesar se levantan y no ven movimiento en mi casilla. La preocupación los llevó a abrir la puerta y nos encontraron a mí en la cama y a Osvaldo en el piso. A Osvaldo lo sacaron y reaccionó enseguida». Los trabajadores convocaron a emergencias. Al rato llegaron al predio rural dos ambulancias con personal médico. Ternovoy fue asistido en el hospital de Uriburu. En cambio, Delahaye no reaccionaba y un médico se negó a derivarlo diciendo «está listo, tiene que venir un juez». «Me daba por muerto», dijo el entrevistado. «Lucas le decía que había hablado conmigo; era mentira se lo dijo para que me llevara, y tanto le insistió hasta que me subieron a la ambulancia y me derivaron a Santa Rosa. Llegué al hospital con dos de presión, estaba muerto», continuó. 

Resurrección

En total estuvo 15 días internado, nueve en terapia intensiva y el resto en una sala común. «Recién el 5 de julio pude abrir los ojos, ese día resucité. A mi lado estaba mi hermano y no lo conocí. Tardé varios días en armar en mi cabeza qué había pasado, pero hasta el día de hoy me falta una semana en mi memoria». El 15 de julio de 2001 fue dado de alta. «Salí hecho hilachas, con 9 kilos menos por pérdida de masa muscular porque el monóxido de carbono te consume los músculos y sentía una debilidad infernal. Pasó mucho tiempo hasta que cicatrizaron los orificios que se abrían en la piel para expulsar el monóxido. De a poco me fui recuperando», precisó sobre los días posteriores. 

Antes de que se intoxicara, estuvo un par de veces cosechando soja en la zona de Marcos Juárez, provincia de Córdoba. En una oportunidad «nos juntamos en un campo cuatro máquinas de dos dueños más unos muchachos que trabajaban en la temporada. Estuvimos juntos un mes porque eran muchas hectáreas. Cuando vuelvo ya recuperado a la casa de mi amigo, charlando me dice ´te acordas de los muchachos que estaban con nosotros en la casilla, les pasó lo mismo que a vos pero no tuvieron la suerte de contarla´. 

Casillas seguras

También, Delahaye reveló que dos años después de haber sobrevivido a la intoxicación vivió un episodio «medio parecido» al de 2001 «aunque no tan extremo. Sentía mucha descompostura. Terminé cambiando la heladera porque era un peligro. Con el tiempo también cambié la casilla y se terminaron los problemas para siempre». A raíz de la experiencia vivida, se le preguntó que recaudos pueden tomar los contratistas rurales que pasan meses en casillas rodantes. Al respecto, respondió: «Es simple, la chimenea de la heladera siempre afuera de la casilla porque es letal, te morís porque el monóxido de carbono no produce olor».  Igualmente, aclaró que las casillas actuales «no son como las de antes, ahora tienen más comodidades, mejor calefacción, son más seguras y confortables». 

 

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