Winifreda: «Copito» durante cuatro décadas fue «el taxista más elegante»

Héctor Coppo fue el primer taxista que tuvo Winifreda entre la década del sesenta y comienzos del setenta. Durante su vida activa trabajó durante 44 años arriba de un taxi, la mayor parte del tiempo alejado de su pueblo natal al que regresó en el año 2014 para pasar el resto de su vida. El vecino nació en esta localidad el 25 de julio de 1943. Sus padres fueron Francisco Cesar Coppo y Fermina Jaca y sus hermanos Margarita y Oscar, ya fallecido. 

Sus inicios

En su adolescencia realizó trabajos de bolsero, peón de albañil y pocero. En Buenos Aires fue empleado en una empresa metalúrgica, de casas prefabricadas y en una cochería o funeraria. Pero siempre regresaba a Winifreda. Cuando cumplió 26 años viajó nuevamente a Buenos Aires pero esa vez para comprar un automóvil con la idea de destinarlo al servicio de taxi. «Estaba en la agencia Ford averiguando por un Rambler modelo 1966 y no tenían en existencia. Cerca de mí se encontraba un hombre que al escucharme me dijo que tenía el auto que estaba buscando. Fui a verlo y concretamos el negocio», recordó Coppo. Cuando regresó a Winifreda, los vecinos «quedaron asombrados» al ver el vehículo. «Era blanco, tenía una franja azul en el capó, una roja al costado, llantas deportivas, dirección hidráulica, levantavidrios automático, butacas, entre otras comodidades», relató el ex taxista. En el torpedo le colocó un cartel con la leyenda «taxi». En ese entonces el pueblo tendría unos 1.200 habitantes. 

Primeros viajes

Uno de los vecinos que solicitaba sus servicios con frecuencia era el ex secretario tesorero municipal Juan Piris para que lo trasladara a Santa Rosa a realizar trámites. Cuando un poblador necesitaba viajar a otro pueblo lo hacía en el auto de «Copito», el apodo de Héctor. «La mayoría de los viajes eran a Santa Rosa y a Conhelo donde mis pasajeros iban a la casa de una curandera de apellido Rinaldi», rememoró. El sábado era un día de mucho trabajo porque llevaba a los adolescentes a los bailes que se realizaban en los clubes chacareros de El Guanaco, La Delfina, Lote XIII, El Destino y localidades aledañas de Colonia San José, Huelén y Mauricio Mayer. Muchas veces los viajes no eran del todo redituables. «Mis amigos hacían un vaquita y conseguían dinero para pagarme la nafta. Igual los llevaba», dijo al rememorar anécdotas. 

Educado

A los 29 años decidió buscar un mercado laboral más amplio y se fue a probar suerte a Santa Rosa. En los tres primeros años se desempeñó como chofer de la empresa Sagrado. Manejaba un Dodge Polara. Después compró la patente, vendió el Rambler y adquirió un Chevi modelo 1971. Con ese auto comenzó a trabajar como propietario para una cooperativa de taxistas. Fue «tachero» durante 41 años en la ciudad capital. Se levantaba a las 5:30, se higienizaba, afeitaba, desayunaba y después iba a su trabajo. Pasaba entre 12 y 15 horas sentado en el taxi y cuando se bajaba se iba a picar tosca a un terreno donde construyó su casa quinta. Sus pasajeros lo consideraban el taxista «más elegante» de la ciudad por su correcta forma de vestir y su educación. Aún hoy conserva más de 20 corbatas, algunas sin estrenar. 

 

Regreso al pueblo

En 2013 se jubiló pero siguió trabajando cinco años más en la empresa Radio Taxi Centro. El último automóvil que manejó para llevar pasajeros fue un Volkswagen Vollage modelo 2010, que aún conserva. «Nunca me asaltaron», contó con cierta alegría. 

Coppo nunca se olvidó del pueblo donde nació, por eso, decidió habitarlo nuevamente. Se reencontró con un grupo de amigos que todos los miércoles se juntaban a compartir un asado y cuando se enteraron que estaba de nuevo en la localidad lo invitaron a sumarse. El vecino en agradecimiento los invitaba todos los años a festejar su cumpleaños en su vivienda. Desde el inicio de la pandemia no volvieron a reunirse. Extrañan esos encuentros, pero son conscientes que hoy deben cuidarse.

«Copito» cada vez que viaja a Santa Rosa se reencuentra con sus antiguos pasajeros que guardan los mejores recuerdos de él. Destacan sus buenos modales y elegancia. Al momento de la foto para esta crónica, se puso su mejor corbata y un saco sin estrenar y se ubicó al lado de su automóvil con el cual recorrió las calles de todos los barrios de la capital pampeana durante muchos años. Hoy vive en la tranquilidad de su hogar al que mantiene impecable y continuamente le realiza mejoras. El próximo 25 de julio cumplirá 78 años.

 

 

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