Igualdad de género en cuartel de Winifreda: María Morell, bombera hace 21 años

La winifredense María Morell, cumplió 21 años como bombera voluntaria. Ingresó al cuartel un año después de su fundación. En la actualidad dentro del equipo de voluntarios se destacan diez mujeres bomberas. Junto a los hombres realizan un trabajo basado en el esfuerzo, la dedicación y la entrega hacia los demás. 

Al recordar su trayectoria, María recuerda que tenía 17 años cuando les comunicó a su madre y a su padre que había tomado la determinación de inscribirse para aspirante a bombera, una decisión que cambiaría su normal ritmo de vida para siempre. Durante seis meses asistió al cuartel donde recibió clases de primeros auxilios, manejo del fuego y ética bomberil, y concretó su ascenso a bombera cuando cumplió 18 años. La mujer acumula más de dos décadas junto al cuerpo activo y hoy forma parte del Departamento de Seguridad Bomberil de la Academia Nacional de Bomberos. Con su pareja Luis Clara, además de compartir un proyecto de vida y una familia, también los une su vocación de servicio dado que los dos son servidores públicos. 

Adelantada en su tiempo

María, hoy de 38 años, contó que «una relación particular con gente dentro del cuartel me impulsó a inscribirme para aspirante a bombera. Enseguida le comuniqué a mi familia que me interesaba ser bombera y gracias a Dios siempre me apoyaron en esto». Reconoció que al principio sus familiares directos «no lo podían creer o les parecía algo raro una mujer bombera, pero solamente me preguntaron si estaba segura. Les dije que me interesaba y quería probar». Durante seis meses asistió al cuartel donde recibió clases teóricas y prácticas sobre manejo del fuego, primeros auxilios y ética bomberil, dictadas por los  servidores públicos. En el basurero municipal realizó prácticas de sofocación, de incendios en quema de neumáticos y participó de simulacros de accidentes. Cuando cumplió 18 años ascendió a bombera y desde ese momento acompaña a los integrantes del cuerpo activo.

Vocación de servicio

María rememoró su primera experiencia frente al fuego. Fue en agosto del año 2001. «Acudimos al incendio de monte más grande que tuvimos en la zona rural El Destino. Se quemaron alrededor de siete mil hectáreas, en el campo de Colombo y de Martignani. Trabajamos sin parar durante 13 horas con Recursos Naturales. Mi tarea consistió básicamente en coordinar la comunicación entre handys porque era imposible comunicarse de otra manera en medio del monte, y ayudé a hacer contrafuegos. Quedé muy cansada».

La bombera tiene registradas cientos de salidas a todo tipo de siniestros, realizó cursos de capacitación sobre materiales peligrosos, rescate vehicular, socorrismo, psicología y control del stress en la emergencia, entre otros. A su vez, rindió los cinco módulos del Manual Básico de Capacitación de la Federación Pampeana de Bomberos. Después continuó la carrera jerárquica dentro del cuartel, rindiendo los niveles de suboficial subalterno, oficiales, oficial en jefe llegando a la jerarquía de subcomandante con 21 de años de servicio.

 

«Me siento satisfecha»

En el cuartel se enamoró del bombero Luis Clara, actual director de Defensa Civil de La Pampa. Ambos conviven hace 20 años. Cuando María quedó embarazada en 2013, siguió haciendo actividades pasivas sin someterse a riesgos. Es madre de Santino, de 7 años de edad. La mujer tiene sus obligaciones laborales en la empresa de cable local. Como madre, trabajadora y bombera organiza su vida para cumplir con todos sus compromisos. En este sentido, cuando se presenta una emergencia deja su hijo al cuidado de un familiar, generalmente su madre, y está disponible para una segunda dotación. Además, representa a La Pampa en el Departamento de Seguridad Bomberil de la Academia Nacional de Bomberos. Y es coordinadora de dicho departamento a nivel provincial. Por la pandemia, capacita vía zoom a bomberos/as de todo el país.

Asimismo, se le consultó sobre la reacción de la comunidad al verla trabajar, María respondió que antes «era toda una novedad ver a una mujer bombera, pero hoy ya no causa asombro, me ven como un servidor público más». La mujer confesó que no abandonaría su actividad bomberil porque «me interesa mucho servirle a la comunidad, me siento muy satisfecha, es una experiencia muy linda ser bombera» concluyó. Además de María, el cuerpo activo está integrado por otras nueve mujeres bomberas. Un ejemplo cabal de la igualdad de género en el cuartel.

Una riesgosa práctica en medio del campo

María Morell, en febrero de 2002, intervino en una  práctica de salvataje muy arriesgada, que consistió en el descenso a un pozo de ciento diez metros de profundidad. Los otros servidores públicos que realizaron el mismo entrenamiento fueron Ignacio “Nacho” Martín y Luis Clara. Ya de muy jóvenes, se animaban a todo. El pozo fue hallado en el establecimiento “La Esclava” de Hugo Duffó, ubicado a la vera de la ruta provincial 10, por los hermanos Héctor, Eduardo y Marcelo Belke, integrantes de una familia de poceros.   

Los bomberos descendieron sentados en una hamaca sostenida por un cable de acero arrollado a un torno, herramientas provistas por los poceros. Además, se colocaron en sus cuerpos un arnés, una de cuyas puntas estaba enganchada al cable. Durante la práctica, llevaban prendido un handy con el cual se comunicaban con la superficie. «Fue una experiencia muy excitante», dijeron. Posteriormente, y debajo de un añejo arbusto, bomberos y poceros compartieron un asado a la criolla.

Bombero de Winifreda se emocionó en televisión al recordar dramático rescate en un siniestro vial

 

 

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