Javier Martín expuso su arte en Winifreda: «La fotografía me mantiene activo»

El reconocido fotógrafo pampeano, Javier Martín, exhibió en el anfiteatro de la plaza San Martín de Winifreda fotografías tomadas por él en sus casi tres décadas de profesión. Estuvo acompañado por su alumno Lucas Camperi, quien presentó más de un centenar de imágenes y dibujos digitales.

Esta actividad fue organizada el domingo pasado por la Secretaría Municipal de Cultura en el marco del 106º aniversario del pueblo, acontecido el 3 de abril pasado. La oportunidad fue propicia para conocer los inicios y progresos de Martín en esta rama del arte y su vínculo familiar con la localidad.

Sus raíces

«Un gusto volver a Winifreda para compartir el trabajo de casi 30 años de profesión», fueron sus palabras iniciales. Enseguida recordó «mis raíces están acá porque mi papá Lorenzo Martín, ´Encho´, como lo apodaban, nació en la localidad. Falleció hace un año y medio y tenía muchos recuerdos de su pueblo. Mi abuelo, Florián Martín, fue uno de los primeros habitantes, antes de que llegara el tren ya estaba viviendo en la zona rural de El Guanaco. Mi tía también vivía acá».

Javier Martín vivió hasta los tres años en el campo y después por razones laborales de su mamá se radicó en Santa Rosa con sus progenitores. «Siempre me gustó la fotografía. Me impactaban las imágenes de National Geographic y en el campo mi viejo me enseñó a descubrir la naturaleza. Me decía ´esa es una martineta con pichones´. Así me iba inculcando el amor por el ambiente, la fauna, que con el tiempo pude retratar», comentó.

Trabajó en el Conicet

De adolescente emigró a Buenos Aires para estudiar Ingeniería en Producción Agropecuaria y después Fotografía. Al final primó la segunda carrera en su vida profesional. «Empecé a trabajar en el área de investigación del Conicet. Estudiar fotografía en ese momento era muy caro y cuando pude tener mi sueldo ya no necesité pedirles plata a mis viejos, que hacían un gran esfuerzo para que estudiara. Pude ingresar al Foto Club Buenos Aires que era la entidad más importante en Sudamérica», rememoró.

«Tuve la oportunidad de conocer a los fotógrafos más grandes de la historia argentina salvo (Pedro) Raota porque había fallecido un par de años antes de que ingresara al instituto. Con el resto pude compartir muchas charlas, algunos me apadrinaron y me enseñaron muchas cosas», declaró.

De todos sus profesores rescata «la grandeza y la humildad» con la que se mostraban en público y ante sus alumnos. Martín, en ese momento, se consideraba «un pichón mojado», sin embargo los fotógrafos de renombre nacional e internacional «me pedían que les mostrara mis fotos y me preguntaban que me gustaría hacer. Fueron muy generosos». «Las enseñanzas de mis viejos más mi experiencia vivida con estos grandes maestros hicieron que uno sea generoso con los demás y así puedo contagiar la fotografía a muchas más personas».

Recibió dos premios Cóndor

Dada su dedicación terminó como docente del Foto Club donde ingresó en 1992 y estuvo hasta 1999. En el medio recibió dos grandes premios. «Los alumnos que obteníamos mejores resultados en los concursos de fotografías ganábamos una beca. Gané una en 1992, otra al año siguiente, seguí avanzando en los concursos de fotografías y al poco tiempo empecé a participar de los salones nacionales. En 1995 recibí el premio Cóndor, el más importante de la Argentina, en la categoría fotoperiodismo con una imagen captada en un partido de rugby entre los Pumas y EEUU en el estadio de Ferro en Buenos Aires», detalló. «A los dos años vuelvo a ganar el segundo Cóndor con una obra pampeana: uno zorro que intenta comerse una martineta. Las puertas se me empezaron a abrir. Me llamaban para dar clases en la Escuela Argentina de Naturalistas, viajaba a todo el país a dar conferencias porque no había nadie que enseñara fotografía de naturaleza. Y eso me llevó a que el Foto Club me sumara a su plantel docente», siguió con sus recuerdos.

Fundó una Escuela de Fotografía

En 1999 «caducó mi tiempo en Buenos Aires» y ese  mismo año decidió abrir su Escuela de Fotografía en Santa Rosa. Concretó su proyecto con el aval del presidente del Foto Club y empresas como Nikon Argentina. Su escuela ya tiene 22 años de existencia.   

Ante una pregunta puntual, Martín confesó que la fotografía «es una pasión que me dio una profesión. Para mí no resulta un peso sino un desafío cada trabajo que tengo que hacer. Generar cosas nuevas día a día me mantiene vivo y activo. El arte te abre la cabeza». Dejó su profesión de agrónomo para dedicarse tiempo completo a la fotografía y hoy siente que es reconocido en su provincia. «Cuando yo empecé era muy difícil hacerle entender a la gente que la fotografía era un arte y que uno se iba a dedicar a hacer imágenes de calidad. Yo trabajo desde la mañana hasta la noche. Afortunadamente la mentalidad de la gente fue cambiando y hoy lo valora», reflexionó.

Compartir aprendizajes 

Cabe destacar que Martín fue invitado a Winifreda por la secretaria municipal de Cultura, Claudia Visbeek. «En la escuela tenemos preparados caballetes que se arman en medio de una plaza y ahora con la pandemia este sistema viene bárbaro. Exhibimos diferentes trabajos logrados en mis 29 años de profesión. Fotos de naturaleza, viajes, retratos de personas, del paisaje pampeano, de Costa Rica, Japón, Chile y otros países que he tenido la posibilidad de visitar por razones laborales», indicó el entrevistado.

«A mí me formaron mis viejos y grandes maestros me mostraron que uno tiene que compartir los aprendizajes. Esto lo he mamado de chico por eso es un honor para mí exponer con un alumno», cerró entusiasmado. Parte de su gran material acompaña esta crónica.  

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