Pampeanos subieron al Cerro del Plata de 6000 metros de altura: «Cumplimos un gran sueño»

Una mujer y tres hombres, hicieron cumbre en el imponente Cerro Cordón del Plata, uno de los picos montañosos más altos ubicado en la provincia de Mendoza. Ascendieron por sus laderas nevadas, soportaron temperaturas bajo cero y alcanzaron su pico de 6000 metros de altitud sobre el nivel del mar. Quienes lograron esta hazaña fueron los santarroseños Jorge Arano y su esposa Estefanía Pérez, Daniel Argañin y el winifredense Gustavo Torello. 

Preparación

El grupo de montañistas no contrató a un guía profesional sino que fue guiado por Arano, quien ya había conseguido hacer cumbre en el cerro hace algunos años. El ascenso y descenso les demandó cinco días y varios meses de una intensa preparación física y mental. Al respecto, Torello se mostró entusiasmado con la aventura vivida y relató las partes salientes de la expedición. «Llegamos al punto más elevado después de haber estudiado casi medio año diversos aspectos del montañismo como meteorología, trayectos, lectura de mapas, uso de radios portátiles, elementos de seguridad, entre otros; una serie de conocimientos que son fundamentales aprenderlos para poder escalar cerros que superen los 4500 metros de altura», comentó. 

Cabe destacar que Torello en su caso particular no tenía experiencia como montañista, pero sí como atleta de alto rendimiento había participado de una competencia de 4400 metros en el cerro Aconcagua. Por consiguiente, cuando un amigo le propuso escalar el Cerro del Plata no dudó en aceptar el desafío sabiendo de antemano que era «muy exigente» y «peligroso» a la vez.

Desafío en la montaña

«En días previos estábamos con muchos interrogantes porque la montaña presentaba vientos muy fuertes de entre 70 y 100 km/h, estaba todo nevado, hacía tres semanas que nadie podía hacer cumbre debido a la abundante cantidad de nieve acumulada en la parte superior. Y en esas condiciones los riesgos de perder la vida son altísimos», contó. 

Cuando las condiciones climáticas cambiaron, el grupo partió hacia la meta. El sábado 20 de febrero viajaron desde Winifreda hacia Mendoza capital. Allí alquilaron una parte de modernos equipos de montañismo. Luego, se trasladaron hasta la zona de Vallecitos donde se encuentra el primer refugio, a unos 2800 metros de altura. Allí se aclimataron. «El clima nos dio una chance ya que había bajado la intensidad del viento, soplaba entre 40 y 50 km/h. Además, tuvimos la suerte de que varios militares del grupo de rescate del cerro Aconcagua que estaban entrenando subieron primero que nosotros entonces fueron abriendo camino, rompiendo la nieve. Esa tarea tiene un desgaste físico importante. Realmente fue una ayuda para poder llegar a la cima», señaló. 

Cumbre: objetivo alcanzado

Los pampeanos sobre sus espaldas llevaban un cargamento de 25 kilos compuesto por una carpa, bolsa de dormir, ropa técnica de tres capas térmicas, dos pares de botas, agua, elementos para cocinar, los alimentos y demás. Acamparon a los 3800 metros de altitud donde cenaron una comida termo-estabilizada gourmet almacenada en envases flexibles. Al día siguiente emprendieron la subida hasta el campamento “El Salto” a 4300 metros de altura. «Un camino con mucha pendiente, se puso complicado el recorrido y las piernas sufren bastante por la carga que llevas encima. Donde armamos la carpa estaba todo nevado, pero la pasamos bien», apuntó. El martes 23, a las 2 de la madrugada iniciaron el tramo final y después de 13 horas llegaron a la cumbre. «Estábamos muy exhaustos por la hipoxia, nunca había sentido los efectos del mal de altura como mucho dolor de cabeza, una sensación como si estuviese ebrio, tenía ganas de bajarme porque estaba muy cansado y descompuesto; en ese momento es cuando juega mucho el conocimiento de los cursos que habíamos hecho», dijo. 

El dibujo de su hija

Los cuatro pampeanos permanecieron media hora en la cumbre nevada donde desplegaron una bandera argentina con el escudo de La Pampa, se sacaron fotos y disfrutaron de un paisaje hermoso que estaba disponible solo para ellos. «Se lloró mucho, sentimos mucha alegría y fortaleza por haber cumplido un gran sueño. Teníamos una vista increíble del Aconcagua y de muchos otros cerros. Para mí fue un orgullo haber podido llegar hasta la cumbre junto a mis amigos con quienes realizamos un gran trabajo grupal, me siento orgulloso de ellos», manifestó. Asimismo, destacó a una integrante de su familia. «Mi hija me había entregado un dibujo (una montaña con frases motivadoras) y fue uno de mis grandes impulsores en esos momentos críticos donde uno quiere abandonar, bajar, tirar todo por la borda. Me dio ese plus o motivación para seguir adelante, pese a que el cansancio era agobiante», admitió. 

Deporte extremo

Una vez logrado y disfrutado el objetivo, desde la cumbre descendieron hasta el campamento “El Salto”, fueron cuatro horas no exentas de peligros. «Esta es una actividad extrema. Íbamos por una ladera con muchísima nieve a pasos sumamente cuidados y en determinado momento quedé colgado de uno de los declives y alcancé a clavar el bastón”, reveló y profundizó: «A medida que uno demora en la bajada, la nieve se va poniendo cada vez más dura y los riesgos son mayores. Por eso se arrancan las expediciones a las 2 de la madrugada para hacer cumbre y bajar cuando la nieve no esté tan dura». El 25 de febrero desarmaron la carpa, armaron las mochilas con todo el equipamiento y bajaron hasta el refugio base. El trayecto les demandó tres horas.

En el final, el entrevistado dijo a modo de evaluación: «Estuvimos cinco días alejados de una cama, de los baños, el agua varias veces la tuvimos que buscar o derretir nieve, cuando salía el sol derretía ciertos sectores y podíamos tomar ese agua pura. En la montaña sos vos y tu equipo, de eso se trata el montañismo». 

 

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