Defenderá los colores de Deportivo Winifreda: Maxi Palacios, enfermero y futbolista

Con la ropa diaria de enfermero puesta, se coloca las bolsas descartables para cubrir el calzado en ambos pies, suma el primer mameluco o camisolín y el barbijo N95. Sobre ese equipo se viste con el mameluco impermeable especial, agrega los guantes de látex, la cofia, el barbijo quirúrgico y la máscara facial.
En pleno verano, la temperatura marca 36º en Santa Rosa y Maxi Palacios, reconocido en toda la provincia por sus cualidades como futbolista, termina de colocarse el equipo de protección personal para atender a pacientes internados con Covid-19 en el Centro Emergente de Asistencia Respiratoria (CEAR) de la capital pampeana.
«Esto hacemos todos los días, todo el tiempo, las veces que sean necesarias. Por favor cuídense y cuídennos», pide el talentoso volante ofensivo, enfermero de profesión, que muestra en sus redes todo el proceso con el objetivo de generar conciencia.
Cuando termina el turno, algunos días «interminable», Maxi vuelve a su casa, se calza las zapatillas, la ropa deportiva y sale a correr o rumbo al gimnasio, como ocurrió a lo largo de todo el 2020. Pero ahora con otro horizonte: es nuevo jugador del Deportivo Winifreda y se prepara para volver a jugar en la Liga Cultural de fútbol después de un año de inactividad.
«El fútbol es un cable a tierra, siempre necesario, y más todavía en estos tiempos y por nuestro trabajo», asegura, entusiasmado porque el regreso a las canchas ya está al alcance de la mano.

El futbolista.
Maxi Palacios nació hace 32 años en Victorica, pero por el trabajo de sus padres (policías) vivió en otras localidades. Desde chico mostró su talento como futbolista. Se formó en Costa Brava y a los 15 años tuvo su debut en Primera División.
Dueño de una pegada exquisita (Atlético Santa Rosa lo sufrió en carne propia en varias oportunidades con golazos desde fuera del área y hasta de chilena), con buen panorama y pase filtrado, Palacios se destacó como mediocampista por izquierda y como enganche, en tanto que en los últimos años se adelantó unos metros para jugar como centrodelantero.
«Siempre disfruté de asistir a mis compañeros, pero también me gusta jugar de ‘9’, definir las jugadas y a veces tirarme un poco atrás», resume Maxi, que además de Costa Brava hizo inferiores en Lanús y jugó en Ferro de General Pico, Alvear FBC, Racing Club de Eduardo Castex, Unión Deportiva Vértiz, Atlético Catriló, Ingeniero de Banderaló y una Liga Beccar Varela para el club Guillermo Renny de Wenceslao Escalante, Córdoba.
En 2019, ya viviendo en Santa Rosa, se puso la camiseta del Deportivo Penales, y tras un 2020 sin fútbol por la pandemia de coronavirus, esta temporada defenderá los colores del Deportivo Winifreda.
«Me contactó Cristian (Savarese, el DT), me contó su idea y después nos pusimos de acuerdo con la dirigencia», cuenta sobre su llegada al Girasolero, descartando algunas otras propuestas de clubes santarroseños. «Por cuestiones de laburo no me podía comprometer a entrenar en un club todos los días, porque tengo horarios rotativos, y en Winifreda coordinamos para viajar a entrenar dos veces por semana y después entrenar acá en los horarios que pueda», revela. «Hoy, primero está el laburo, pero el fútbol siempre forma parte de mi vida», agrega.

– ¿Fue difícil sobrellevar un año sin actividad?
– Sí, fue un año muy duro en todo sentido. La rutina de acostarse temprano el sábado pensando en que jugás al otro día, el desayuno del día del partido, la adrenalina del vestuario… Imaginate que hace desde los 15 años que juego en Primera y tengo 32, y es como de un día para el otro te falta algo.

El enfermero.
«Ahora las cosas están más calmadas; tengo guardias de seis horas, a veces a la mañana, otras a la tarde o a la noche, y me queda el resto del día para hacer algo. Voy a un gimnasio y tengo un amigo que es profe y me da una mano para entrenar», explica Palacios sobre la combinación de su trabajo en el CEAR del Hospital Lucio Molas y la necesidad de mantener la forma física para jugar en el máximo nivel de la Liga Cultural.
Enfermero recibido en 2016, Maxi se radicó en Santa Rosa hace dos años para acompañar a su pareja (es médica y llegó a la capital pampeana para hacer una especialización), y le tocó formar parte de la primera línea del personal de salud que está combatiendo contra el coronavirus.
«Fue un año duro, se laburó mucho. Cuando abrió el CEAR éramos 15 enfermeros, con una terapia abierta y seis camas, y cuando se desbordaron los casos pasamos a 50 enfermeros, con turnos de 12 horas y se sumó mucho trabajo», repasa. «En mi caso además me tocó contagiarme de Covid-19, estuve aislado, y también vivimos momento muy feos, con compañeros internados a los cuales hay que atender… Por suerte ahora todo se calmó un poco y la vacuna alivió, pero hay que seguir cuidándose», alerta.

– Viviendo la pandemia desde la trinchera y como futbolista que sos. ¿Cómo ves el regreso del fútbol, previsto para mediados de marzo?
– La pandemia no se va a terminar de un día para el otro, pero la verdad es que alguna vez hay que empezar con las actividades. Si se hacen las cosa bien y con los debidos protocolos, poco a poco vamos a ir volviendo a la normalidad. Hay que ser conscientes, seguir cuidándose y aprender a convivir con la pandemia.

– ¿Qué te genera cuando escuchás a alguien desacreditar el trabajo de Salud y reducir la pandemia a cuestiones políticas?
– En un principio, cuando arrancó todo y desconfiaban del virus, te daba impotencia. Si vieran un solo día cómo laburamos y cómo están los pacientes, cambiarían de opinión… Además falleció mucha gente y es muy difícil desde ese lado. Pero cada uno tiene su forma de pensar y lo fuimos asimilando con el paso de los meses.

FUENTE: DEPORTIVO LA CHUECA. DIARIO LA ARENA 

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