Silvia Martín narra los orígenes de dos colegios secundarios de La Pampa

La asociación civil Historiadores del Norte Pampeano editó recientemente “Memoria 14”, una antología que reúne decenas de producciones literarias de escritores y escritoras de esa zona geográfica de nuestra provincia. Uno de los textos pertenece a la docente y autora winifredense Silvia Martín. Es un relato histórico titulado “Puertas adentro…Ventanas abiertas” que reseña los orígenes de los colegios secundarios de Winifreda y Arata.

El primero nació puertas adentro de una sacristía y el segundo en el salón del club Rivadavia, ambos por impulso de familias trabajadoras que querían que los jóvenes no emigraran de sus respectivas comunidades. Los colegios abrieron ventanas al conocimiento. Queda claro entonces que el título elegido por la escritora no es antojadizo, tiene mucho de realidad.

Colegios inclusivos  

«Me interesaba escribir sobre los orígenes del Instituto Cristo Redentor de Winifreda y el colegio secundario de Arata que durante muchos años fueron instituciones privadas de oferta educativa única y en 2019 fueron provincializados junto a otros colegios», señaló Martín sobre la elección de su obra. El contenido lo elaboró con documentación que tenía en su poder y con datos aportados por un familiar que tiene en Arata, incluso habló telefónicamente con el primer rector Julio Bagatto. 

«Estos colegios tienen denominadores comunes: nacieron de la movida de sus poblaciones interesadas en que jóvenes de 12 y 13 años tuvieran un colegio para que no se fueran de la localidad porque era el desarraigo. Muchísimos se iban a quedar sin la posibilidad de irse a la ciudad a estudiar, a un pensionado o a la casa de un pariente. Además, fueron colegios inclusivos, lo único que la educación en aquellos años no era obligatoria, pero las puertas estaban abiertas para todos», precisó. 

Gesta fundacional

En la década del setenta, la localidad norteña todavía «estaba rodeada de colegios secundarios, pero los chicos se iban a General Pico donde alquilaban una pensión. También había padres que trasladaban en sus autos a 4 o 5 alumnos diariamente». En el libro de actas del colegio aratense figuran los nombres de hombres y mujeres que más se movilizaron para tramitar su fundación. Entre ellos el de Emiro Paggi, primer presidente de la cooperadora, entidad que después adquirió Personería Jurídica y se constituyó en Comisión Propietaria del colegio. «En aquellos años funcionaba la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada (SNEP), era un apéndice del Ministerio de Educación de la Nación que autorizaba y legalizaba todos los colegios privados. Este organismo reconoció oficialmente al colegio en 1977. En cambio el Cristo Redentor fue incorporado a la enseñanza mucho antes, en 1962», marcó la escritora.

En Arata «eligieron la orientación agrícola, totalmente novedosa en la región. A los estudiantes los atrajo porque podían perfeccionar la técnica para después contribuir a mejorar el trabajo rural», amplió. Con respecto al espacio físico, Martín precisó que en sus inicios «dieron clases en la escuela primaria y se les hacía difícil acceder a un predio para las prácticas agropecuarias. Terminaron haciéndolas en la cancha de fútbol del club Rivadavia hasta que poco tiempo después la municipalidad les compró un terreno para que hicieran las prácticas». 

Los impulsores del Cristo Redentor, propiedad del Obispado de Santa Rosa, fueron los sacerdotes Juan Kellerman y Raúl Amarena. Don Guillermo Wiggenhauser fue el primer representante legal y la farmacéutica Ana Giunta la primera secretaria administrativa. A su vez, el matrimonio Baldovino colaboró para su creación, entre otras muchas familias. «Todos lucharon a brazo partido para que estos colegios sean una realidad», afirmó Martín.  

Ventanas de oportunidades

Asimismo, se le preguntó a Martín por qué es importante que las nuevas generaciones conozcan los orígenes de estas dos instituciones. Al respecto respondió: «Porque creemos que están desde siempre y no fue así. Empezaron a funcionar en un salón municipal, en una sacristía o en un club y después hubo mucha kermes, juntada de dinero para hacer cimientos, levantar paredes y mucha lucha burocrática. En Arata todavía no tienen un edificio propio. En Winifreda ahora tenemos un colegio nuevo construido por el gobierno provincial, pero remitiéndonos al anterior edificio no siempre estuvo así, su tramitación y construcción demandó mucho esfuerzo y hubo mucha gente comprometida». «Puertas adentro de estas localidades empezaron a gestarse estos colegios y abrieron ventanas de oportunidades a gente que no hubiera tenido otra forma de estudiar», finalizó. 

Cabe destacar que por la pandemia, Martín participó de un encuentro virtual con el resto de los escritores norteños en el que todos presentaron a través de un video sus trabajos impresos en el libro. 

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