Fenómeno climático: 400 hectáreas de maíz tapadas con barro

El inusual fenómeno meteorológico que el viernes a la tarde azotó y causó importantes daños materiales a varias localidades pampeanas también produjo daños en la agricultura. En el establecimiento rural “Rio Viejo”, ubicado a unos 19 kilómetros al sur de Winifreda, unas 400 hectáreas sembradas con maíz quedaron prácticamente tapadas de barro tras el paso de una tormenta caracterizada por vientos huracanados acompañados de altas columnas de tierra y polvo y el descargo de una tenue llovizna.

Los cultivos fueron implantados hace dos semanas y solo podrían salvarse con una dosis justa de precipitaciones para que las plantas se limpien y potencien su crecimiento. 

La propiedad damnificada está situada al costado de la ruta nacional 35 y pertenece a Carlos Delahaye, quien en esta última campaña se la alquiló a un winifredense.

El dueño del predio estaba en el pueblo en el instante que comenzó el descomunal temporal y hasta la redacción de esta crónica no había podido ingresar al campo porque la tierra volaba hacia todos lados como consecuencia del viento que no paraba de soplar.

Su pareja subió a las redes sociales varios videos, en uno de ellos se ve a las plantas cubiertas con una superficial capa de barro y arena que se formó tras el paso de la columna de polvo y una llovizna de apenas dos milímetros. En las demás piezas audiovisuales se observan grandes superficies de tierra e infraestructura rural cubiertas de barro con su color característico. 

«Nunca vi algo así», exclamó Delahaye desconcertado y apenado. Fue consultado sobre si la producción ya estaba perdida. Al respecto respondió: «Tendría que llover ya para que las plantas se laven y después a esperar. Ahora, si no llueve no creo que se recupere algo, esperemos que sí, pero es muy difícil porque ese barro se va secando, se va poniendo más duro y asfixia a las plantas». El predio había sido sembrado hace 15 días, después de una lluvia que totalizó 17 milímetros.

 

 

Entre otros perjuicios, las fuertes ráfagas derribaron unas seis columnas de la red eléctrica, quebraron gajos y árboles, «típicos daños de los ventarrones», dijo el agricultor. A la vivienda familiar no le sucedió nada, pero quedó tapada de tierra por lo que la tarea de limpieza será enorme. 

«Todo es un desierto», graficó el entrevistado la situación generada por el clima. Su estado de ánimo no es el mejor. «La producción no es mía porque hace dos meses que alquilé el campo, pero la siento como si fuera propia. Ojalá que el viento deje de soplar, lo hace todos los días, todos los días, no es normal. De esta manera es difícil seguir adelante», cerró a punto de emocionarse hasta las lágrimas. 

Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect.